Episodi

  • Mantener el contacto con la Verdad
    Feb 25 2026

    Mantener el contacto con la Verdad


    En la reflexión anterior hemos descrito sobre la importancia de disponer de una actitud adecuada para poder sostener el influjo que nuestro ser interior nos entrega y cómo hemos sostenernos en esa actitud para que no se trate de una vivencia efímera.


    Es posible que ya hayamos captado las condiciones necesarias para que ese encuentro se produzca y por ello tengamos la intención sincera de adoptarlas.


    Entonces, nuestra intención de ser adecuados, y la lógica espera de que algo se produzca, sería como una respuesta a nuestras acciones, como un “yo sé hacer algo”.


    Directamente, se podría decir, que eso promueve una experiencia de individualidad, donde uno mismo se erige como el centro de todo. El lugar donde comienza y termina el intento.


    Sabemos qué es lo que esperamos, porque quizás ya lo hemos recibido en el pasado y entonces, pretendemos reproducir las condiciones para poder volver a experimentarlo.


    Se demuestra que no hemos aún interiorizado cual es la realidad, aunque ya la conocemos.


    La realidad es que no podemos extraer de la verdad, algo que sea comprensible, algo que podamos manejar como una extracción separada en nuestra mente.


    A nuestra mente le resulta imposible atrapar a la verdad misma, ya que en ella solo hay un reflejo exterior sobre la verdad.


    Nos resulta muy complejo entender que podemos percibir la verdad y que a su vez tengamos que no hacer nada con ella, so pena de separarnos de ella.


    Cuando lo que deseamos es volver a tener una experiencia sobre la verdad, no podemos utilizar ningún elemento separado como somos como humanos con una identidad de tener que comprenderse en la pantalla mental.


    El simple hecho de intentar que algo vuelva a ocurrir, desmerece en nuestro recuerdo el hecho de haber sido tocados por la verdad en el pasado.


    Si en una ocasión, por la circunstancia que sea, tuvimos ya un contacto con la verdad, sigue tan vigente como en todos esos momentos en que estábamos perdidos en el laberinto irresoluble de la mente.


    Más nos sirve aceptar que la verdad esta también ahora y reconozcamos que jamas podremos atraparla, ni abarcarla, ni pensarla, por mucho que queramos llevarla y contenerla en nuestro pensamiento.


    La Verdad no puede ser reflejada en nuestra mente, ni puede ser vista en ninguna parte, simplemente porque todo está dentro de la Verdad. Nada puede verse desde fuera de ella.


    Nada existe en forma alguna fuera de la Verdad. No podemos generar forma, ni expresión posible.


    Si uno quiere volver a aproximarse a la Verdad, simplemente a de escucharla en el único sitio, inexpresado e inmaterial, donde podemos percibirla, sin salirnos para nada.


    Precisamente porque la Verdad siempre es y está, no necesitamos generar nada, ni crear el acto que pueda aparentarnos que hacemos algo por ella.


    Se podría hablar de Fe, ya que hemos de adoptar una posición de escucha para percibir lo inexpresable, no inabarcable. Cuando en realidad únicamente se trata de percibirnos dentro de ella.


    Formamos parte de la Verdad y no somos nada fuera de ella, ya que solo existe la Verdad.


    Toda la vida humana, toda la materia, todo está contenido en la Verdad y a su vez no hay nada fuera de ella.


    Pertenecemos a la Verdad inexpresada, sin forma, ni representante.


    Por ello, si realmente queremos contactar con la Verdad, hemos de dejar a un lado cualquier expresión, cualquier idea, cualquier identidad, cualquier conocimiento y dejarnos estar fuera de todo.


    Entonces, veremos que siempre somos la Verdad que se percibe en el silencio, en el vacío.


    Si hacemos el vacío completo de todo lo manifestado nos será muy sencillo volverla a percibir, porque la Verdad siempre está esperando nuestra vuelta.


    La Verdad nos ama porque es ella misma en nuestra expresión como individualidad, materializada en nuestro cuerpo.


    En los Círculos de Meditación y Voz proponemos esa actitud de percibir a la Verdad en nuestro interior.


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  • Acercarnos al Amante Interior
    Feb 24 2026

    Acercarnos al Amante Interior


    Una de las transformaciones más notables que experimentamos en el camino interior es el cambio en la percepción de lo que consideramos real, que se traslada de lo externo a lo interno.


    Crecemos en un entorno en el que el conocimiento de nuestro cuerpo junto con la realidad física que nos permite percibir nos embelesa por completo considerando nuestra vida física como la única realidad.


    Es nuestra consciencia frente a la muerte la que nos lleva a considerar otras realidades, ya que desde nuestro interior la muerte es inconcebible.


    Por otra parte, la permanente insatisfacción que las experiencias humanas nos aportan nos llevan a indagar en la causa de nuestro desencuentro con la vida.


    Nuestra consciencia está volcada en reconocerse en la identidad humana aún cuando no encajemos en ese traje.


    Puesto que todas las referencias exteriores cambian o desaparecen, nos vemos obligados a reconocer el ser que permanentemente está observando ese cambio.


    Se produce entonces un progresivo despertar, o separación de esa idea pensamiento sobre lo que es real.


    Cuando nos separamos de todas esas apreciaciones que se basan en la percepción física nos damos un margen de observar a observador que somos dentro, separándonos del fenómeno de pensarse.


    Si indagamos en la realidad de nuestra consciencia al margen de lo aprendido y reconocemos la misma realidad en los demás, especialmente si estamos en la misma labor y momento, entonces tendremos la oportunidad de reconocernos unos a otros desde nuestra realidad interior atemporal.


    Si nos permitimos observar nuestra realidad interior como una realidad al margen de lo que ocurre, del espacio y del tiempo, entonces, veremos que nos estamos asomando realmente a través de nuestra realidad corporal, pero que únicamente se trata de un instrumento que usamos temporalmente para participar de la experiencia humana.


    Damos desde el interior un valor de uno mismo a nuestra realidad física pero es experimentado que en profunda meditación nos percibimos reales al margen del cuerpo.


    Cuando ya nos hemos reconocido como una realidad interior podemos sostenernos en esa realidad ininterrumpidamente.


    De es manera podremos soltar todo lo que hemos transitado durante la vida y nos había marcado construyendo una idea de yo, cargada de efectos psicológicos debido a nuestras experiencias y condicionamientos.


    El dolor, los miedos, los logros y las decepciones, los conflictos y las rivalidades, todo queda fuera de ese reconocimiento interior estable y permanente, comprendiendo y soltando todas las experiencias que nos definieron y todos sus efectos.


    Entonces, solo queda lo que es real, lo que se sustenta en el fondo de todo, lo que nos sostiene existiendo, lo que es por sí mismo sin necesidad de hacer nada.


    Ser, no necesita de nuestras destrezas, ni nuestras acciones. Ser, está siempre antes de hacer, pensar o sentir.


    Podemos dejarnos ser, recibiendo ilimitadamente, como cuando nos dan un masaje relajante que nada tenemos que hacer.


    Dejándonos ser no pretendemos llegar a ningún sitio, es en ese dejarse ser cuando el Ser nos colma de expansión, calma y armonía.


    Mientras sostengamos la disposición de dejarnos ser, sin hacer, seguiremos recibiendo el influjo del Ser sin límite.


    Cuando nuestra mente está llena de pensamiento sobre nuestra vida humana, no lograremos estar en un estado libre y de paz.


    Sin embargo, cuando desechamos nuestro estado mental y dejamos de estar enfocados en nuestra cabeza, podremos buscar ese dejarnos ser, soltando toda la atención de nuestros pensamientos, para ir en busca de ese dejarnos recibir lo real.


    Si cambiamos el foco a nuestro interior vamos a experimentar un cambio radical en nuestro sistema porque seremos nutridos por nuestra realidad interior.


    Ese cambio en muchas ocasiones nos ocurre sin darnos cuenta, o porque nos guían en una meditación o por una disposición espontánea que lo facilita.


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    14 min
  • El DesAmor nos guía al Ser
    Feb 17 2026

    El DesAmor nos guía al Ser


    Hemos tratado el estado de enamoramiento, cómo nos trastoca al despertarnos a una realidad híper sensitiva que se apodera de nuestro estado y cómo podemos utilizar ese hecho para reconocer al ser interior que lo experimenta.


    La sensación es tan poderosa que no podemos dejar de percibirla, mientras que los pensamientos y las cuestiones humanas pasan a un segundo plano.


    ¡Qué gran oportunidad para conocerse a uno mismo!


    Ese sentimiento procede de nuestro interior despierto.


    Nos pone en contacto con una realidad irracional, ya que parece no encajar con las leyes de este mundo. Al contrario, nos lleva a sentirnos realmente vivos pero sobre una base que no se corresponde con las cuestiones humanas cotidianas.


    Ese amor irracional nos lleva a anhelar lo perfecto, algo realmente utópico en lo humano. Nos lleva a un estado en el que esa perfección ha de manifestarse por sí misma, ya que es perfecto.


    Si ese ser enamorado se volatilizase y entrase en la dimensión donde todo es Uno, todo seguiría un curso perfecto.


    Sin embargo, por lo general, hemos encarnado para ser seres humanos de manera que ese estado perfecto es insostenible en la materialidad de nuestro cuerpo, donde es imposible la fusión, en el que hemos de pagar el peaje humano.


    ¿Qué enamorado no sufrió el desamor?


    No sabemos, ni podemos procesar las realidades de nuestro ser mediante nuestra identidad humana.


    Necesitamos recuperar todo el desamor para sanarlo primero, para después utilizarlo como nuestra guía hacia el amor a uno mismo, el amor al Ser.


    Necesitamos ser conscientes de cada instante en el que estábamos enamorados e ir hacia el origen de ese amor, donde parte, donde lo sentimos, hundiéndonos en la sensación como si fuera un presente completo.


    Siempre que se despertaba el amor intentábamos manifestarlo en lo humano y nos apoyábamos en otro ser humano que hacía de reflejo.


    Podemos recordar los momentos en los que nos aterraba manifestar nuestros sentimientos, en parte por si no éramos correspondidos, en parte porque no nos atrevíamos a enfrentar esa realidad y en parte por sufrir el desengaño de que no fuera real o posible.


    El estado de enamoramiento llegó sin respeto alguno. No lo pedimos, nos invadió el alma sin previo aviso y nos sometió y nos hizo extremadamente sensibles de manera que solo aceptábamos la verdad, la verdad de nuestro sentir, la verdad de nuestro amor.


    Ese amor a la verdad es precisamente la demanda más directa que podemos hacerle a nuestro Ser. Si nos despertó, se hace necesaria un para qué.


    Era como un despertar a una realidad desconocida donde todo tomaba un matiz sobre dimensionado.


    Esto no era otra cosa que despertarnos a la realidad del ser mientras éramos un ser humano que la ignora y que en realidad se buscaba a sí misma.


    Al aproximarnos a ese ser humano que reflejaba exteriormente lo que sentíamos dentro se producía como un fuego irrefrenable y a la vez nos paralizaba.


    Si ahora sostenemos aquellas sensaciones y reflexionamos, veremos que esa otra persona era como un reflejo de lo que sentíamos dentro y que al aproximarnos era como si realmente entráramos en estado de éxtasis.


    La sensación interior tan intensa, era un experiencia interior, mucho más real que lo que podríamos ver y tocar, ya que la otra persona podría sernos indiferentes y realmente no enterarse de nada.


    Algo que nos despierta a una dimensión tan intensa, no puede estar unido, ni basarse, simplemente, en la presencia de otra persona.


    Ha de haber algo mucho más cercano y real, que la correspondencia con otro ser humano.


    Entonces, creíamos que era la persona la que despertaba ese estado y sin embargo, ese estado permanecía estando lejos de esa persona.


    Es algo parecido a querer culpar a otro de lo que sentimos y no querer ver que el amor lo sentimos en nosotros mismos y que posiblemente nada tenga que ver la otra persona.

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    17 min
  • El amor nos guía al Ser
    Feb 12 2026

    El amor nos guía al Ser


    El camino interior se va despejando, paso a paso, cuando lo asumimos como nuestra mayor aspiración. Cada vez que lo retomamos, de entre nuestras actividades cotidianas, recordamos dónde lo dejamos para continuarlo y hacemos de ello nuestra forma de vivir.


    Es en ese camino interior donde podemos asimilar y comprender de qué se trata el estado del “enamorado”.


    Aunque resulte poco atractivo y difícil de asumir, el desamor puede generar la iniciativa y la energía necesaria para mirar dentro y reconocer que el camino interior nos permitirá encontrar el ser que somos, el que es capaz de enamorarse y el que sufre el desamor.


    Dicen que: “no hay mal que por bien no venga”.


    El desamor se produce después de un despertar al amor. El desamor nos da la posibilidad de reconocer a ese ser que se ha enamorado.


    Cuando uno se enamora lo daría todo por amor, incluso su propia vida, por fundirse en ese amor.


    Por lo general, ese amor, recaba en un ser humano que se convierte en el sostenedor de semejante amor.


    La realidad humana no puede expresar, ni contener lo que el enamorado percibe desde su interior.


    Solo quien integra en sí mismo el estado de enamoramiento puede iluminarse.


    El momento en que dos enamorados se fundan a través de lo humano no puede materializar esa fusión en el Uno.


    Esa entrega y esa fusión se basa en ser una sola cosa que difícilmente se podrá sostener durante la vida humana.


    En el uno mismo es donde podemos reconocerlo y desde ese uno miso contemplar la unidad interior con el otro, imposible de materializarse según el cuerpo.


    Como identidades humanas, enamorados del sujeto que refleja y hace de contenedor de nuestro amor, nos resulta muy difícil y poco reconocible, el desapegarnos del otro ser, reconocer que el amor está dentro y realmente el otro solo suple nuestra incapacidad de reconocer el amor interior.


    El enamoramiento llega sin avisar, nos toma y dispara y es esa otra persona la que le da sentido, la que nos permite sostener el amor que sentimos porque no sabemos entenderlo, ni qué hacer con él.


    ¿De dónde vino? ¿Dónde está? ¿De qué manera puedo sostener algo que sobrepasa cualquier dimensión?


    No podemos evitar anclarlo en esa persona que nos permite sostener y procesar algo incomprensible e irracional como es enamorarse.


    La muerte del amor es lo que mas se teme en ese momento, ¿cómo algo así puede ser falso o morir?


    Finalmente el amor se estrella en el arrecife de la vida, el desengaño y la depresión lo sustituye y llega el desamor.


    En ese suceso, conocido por muchos, lo que más conviene es reconocer que no mismo esta enamorado, aun olvidado, o ignorado.


    Si hemos sido tocado por el “enamorado” tenemos el estigma del despertar.

    Sabremos que el estado de enamoramiento pretendía un imposible y que tal o cual persona representaba la perfección que ese amor precisaba, algo imposible de sostener.


    Si libramos a esas personas de nuestra necesidad de que sean perfectas, tendremos la oportunidad de ir hacia a dentro y comprender de qué se trata enamorarse, ahora que quizás ya tenemos recursos para comprender.


    El primer paso es reconocer que estamos enamorados, aunque en este momento no tengamos una persona objetivo. Algo ha quedado tocado en nuestro interior.


    Saber que uno ha estado enamorado nos permite entender de qué se trata.


    Podemos aceptar que es como una ventana que está en un castillo, donde nunca se supo que existiera y que un día se abrió de repente dejando entrar tanta luz. A través de esa ventana podemos ver una nueva y muy diferente realidad.


    En lo humano se producen muchas distorsiones, nos enamoramos de quien no nos ama y no lo hacemos de quien si se enamora de nosotros.


    Hay enamoramientos muy marcados en la atracción física y enamoramientos del alma.


    Resulta interesante de observar la ambivalencia del estar enamorado y lo duro que resulta oscilar entre un estado u otro.


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    28 min
  • Propuesta y enfoque de meditar caminando en la cuidad
    Feb 11 2026

    Propuesta y enfoque de meditar caminando en la cuidad


    Reflexión dedicada a enfocar la práctica de caminar entre la gente desde nuestra sensación de ser.


    Para realizar la práctica de meditar caminando de forma efectiva, es necesario prepararse previamente, haber alcanzado un estado consciente de conexión con nuestro ser real.


    Este es el modo en que esta actividad puede sujetarnos presentes en lo cotidiano y percibir a los demás como una realidad interior.


    Esta práctica de grupo nos ayudará a afianzarnos y coger confianza para lograr mantenernos presentes en nuestra vida diaria.


    Inicialmente hemos de lograr percibirnos en nuestro interior tal cual somos, sin tener que hacer nada.


    Realmente esto es lo más sencillo si no fuera por nuestro hábito de necesitar entenderlo todo en el ámbito de la realidad física y humana, que siempre necesita apoyarse en un conocimiento y en una realidad basada en el cuerpo.


    Cuando ya nos reconocemos en el no hacer, en el no pensar, en la ausencia de emociones, entonces, simplemente nos dejamos estar y percibimos que existimos sin más.


    Entonces, nos damos cuenta de que somos una realidad interior adherida a un cuerpo y que este respira.


    Podemos iniciar la inhalación desde nuestro ser interior, reconociendo nuestra conexión física con nuestro cuerpo. Podemos manifestarnos en la materia a través del aire que respiramos.


    Nos manifestamos en el aire que entra en contacto con nuestros pulmones. Se trata de una interacción consciente desde nuestro ser interior.


    En los Círculos de Meditación y Voz experimentamos la posibilidad de hacernos presentes en nuestra voz desde el silencio mental, de manera que nuestro interior no solo respira, sino que puede manifestarse en el sonido que es compartido en el grupo.


    Cuando aprendemos a estar en la voz, también podemos aprender a estar presentes desde dentro en el movimiento, y en el silencio.


    Nuestra presencia real interior no depende de los actos, aunque puede manifestarse en ellos, del mismo modo en que podemos reconocer la realidad interior de los demás en sus actos.


    Todas estas prácticas en grupo nos van a permitir reconocernos en nuestras relaciones como un ser interior real, que empieza a percibirse en los demás a la vez que en uno mismo, gracias a permitirnos el compartir.


    Es importante darnos cuenta de no estar realizando estas prácticas desde el pensamiento de estar haciendo algo.


    Nuestra atención no ha de estar fijada en el pensamiento de estar haciendo algo, ya que si esto ocurre, dejaremos de estar en nuestra realidad interior.


    El hecho de expresarse en la voz, o de mójenos en la meditación caminando, no ha de desplazar nuestra idea de ser a la idea de hacer. Es algo muy sutil y a la vez necesarios de observar.


    Antes que ninguna otra práctica que se base en hacer, expresar o moverse se requiere haber interiorizado suficientemente que no somos en base a lo que hacemos, que somos una realidad antes de hacer y que seguimos siendo la misma realidad antes, durante y después de hacer.


    Somos la misma realidad interior hagamos lo que hagamos.


    Necesitamos un entrenamiento preciso para no trasladar nuestra identidad interior hacia el acto que realicemos, ni estar expuesto a los juicios sobre los actos, si son suficientemente perfecto o no.


    Necesitamos encontrar el origen más profundo de nuestros anhelos, de querer manifestarnos y comunicaros con los demás.


    Esa valoración dependiente que esperamos de los demás se debe a la situación anómala de no reconocer lo que somos en nuestro interior y pretender hacerlo en una realidad adquirida, efímera y alejada de ser.


    Es necesario pasar por el soltar todo lo que creemos ser para poder profundizar e ir al encuentro de lo real en uno mismo.


    Básicamente, todo lo que creemos ser en base a lo que percibimos mediante los sentidos de nuestro cuerpo, no somos y hemos de prescindir de ello para lograr que se manifieste lo que sí somos.


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  • Tu amor es real
    Feb 10 2026

    Tu amor es real


    Necesitamos sostenernos en el estado de enamoramiento para no perder el contacto con la realidad interior despierta.


    Bien llevado, el enamoramiento produce un despertar interior de nuestra capacidad de amar, de contemplar la realidad de nuestro ser interior que se manifiesta en ese estado que nos invade por completo desde dentro.


    El primer paso imprescindible para podernos mantener “enamorados” es eliminar todo el resultado de todas nuestras experiencias pasadas que se han basado en la carencia de amor, en la necesidad de tenerlo que reflejar exteriormente, para hacerlo creíble, del mismo modo que hacemos con nuestra idea de yo, generalmente apoyada en el refuerzo exterior.


    Podemos hacer como un resumen de todo ello, nuestros esfuerzos por conseguir amor, por ser correspondidos, toda nuestra angustia por dudar de la veracidad del amor que sentíamos, del miedo y la decepción. Todo.


    Cuando perciba que todo ello está fuera de uno mismo y que por otro lado, sigo enamorado de forma real en el interior, entonces, me dará sencillo separarme e ir al encuentro del yo profundo que está enamorado, ahora sin una referencia externa, sin un reflejo.


    El estado de enamorado es un estado, que se percibe dentro y puede permanecer incondicionalmente. Las diferencias sensaciones, si positivas o negativas, estriban en el grado aparente de reconocimiento mutuo o éxito de nuestro intento de compartir ese amor con otro ser, pero realmente, uno mismo, simplemente tiene despierta la capacidad de amar.


    Cuando tenemos “mal de amores” y su consiguiente estado depresivo, aun considerándolo muy negativo, sigue siendo muestra de nuestra capacidad de amar.


    Si vives el sueño de ser correspondido, por un tiempo, afortunado. Si más tarde llega el desamor, entonces, esa capacidad de amar se torna en desamor.


    En cualquier caso, si estamos enamorados, afortunados, porque esta despierta nuestra capacidad de amar.


    Solo nos quedaría descubrir el origen de ese estado de amor en nuestro interior para dejarnos descansar en uno mismo y descubrir la enorme capacidad que tenemos de dejarnos amar por el amor que siempre ha estado en el interior.


    Cuando logramos llegar a ese estado interior de amor, quizás incipientemente, querremos mantenernos en el amor a uno mismo y sin embargo estaremos expuestos a reflejar ese amor en otros seres humanos, especialmente los que ya hayan descubierto, como nosotros, ese imponente amor desde el interior.


    Entonces, es muy posible que ese amor vuelva a dispararse “irracionalmente” haca el encuentro y el ligazón con las persona que nos lo estimule.


    La experiencia acumulada nos dirá que no hemos de apoyarnos en ese otro ser para vivir el amor, que no hemos de depender del otro, que es necesario mantenernos en el reconocimiento interior del amor sin apoyarnos, ni depender de otro. Porque sin duda eso nos va a pasar, atraeremos personas enamoradas que resonarán con nosotros.


    Así que, ¿cómo podemos mantenernos en el amor interior del recién descubierto estado interior de “enamorado” sin salir disparado al apego de otro ser humano?


    Sabemos que el amor humano se alimenta del anhelo del amor del ser, que, naturalmente el amor humano es posible y efímero, y que, realmente lo que ya queremos es sostenernos en la realidad del ser interior. ¿Cómo no volvernos a engañar intentando generar una realidad humana capaz de albergar el amor del ser?


    Sabemos que con cada nuevo intento de llevar el amor interior, al amor humano, llegaremos de una forma u otra a su final, al fracaso, a la imposibilidad de sostener el amor interior en un nivel equivalente en lo humano.


    Dudaremos nuevamente del amor, de nuestra capacidad de amar. Creeremos que el amor es imposible al sostenerlo en base a lo que transcurra en lo humano y muy probablemente renunciemos al amor, a aceptar que es una utopía, como realmente es, si nuestro empeño es vivirlo en base a lo exterior.


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    17 min
  • El camino hacia el Amor,…
    Feb 5 2026

    El camino hacia el Amor,…


    Hablar del amor, y del estado del enamorado, deja de tener sentido, al tener tantas connotaciones circunstanciales y humanas.


    Son estados tan alterados de nuestra consciencia racional y ala vez, tan cargados con la confrontación de un estado interior con la realidad humana, que necesitamos hacer espacio en nuestra reflexión interna y desvincularlo de todas nuestras experiencias concretas.


    Para poderlo interiorizar adecuadamente, con seguridad, sustituir estas denominaciones por la de el “despertar” nos va a ayudar enormemente en el comprender que de qué se trata realmente.


    Nos permite desvincularnos del dolor, o del extremo sentir, para hacerlo una cuestión personal, como realmente es.


    Suele ser difícil hacer esto cuando estamos pasando por ese estado de enamoramiento, ya que por lo general, esta vinculado a un sujeto externo, al que le elevamos a la posición divina de quién es capaz de despertar esa percepción interior tan potente.


    Somos, en esos momentos, incapaces de procesar lo que está ocurriendo y únicamente logramos mantenernos en ese amor en la medida en que alguien sujete nuestra vivencia, que viene a ser la persona que actuó de señuelo.


    Resulta más sencillo desvincularnos de esa persona cuando ya se produjo la ruptura y quedó en el pasado o el olvido.


    De cualquier modo, cuando logremos separarnos de esa persona externa para hacernos responsables de nuestros sentimientos completamente, en un principio dejaremos de tener dolor, ya que aceptamos la realidad de nuestro sentir y asumimos que es algo nuestro, completamente personal.


    Si seguimos asumiendo nuestro estado interior tendremos las posibilidad de profundizar en el origen de ese estado de enamoramiento. Veremos que se trata de un estado de ser muy concreto y real.


    Podríamos hacer nuestras las palabras: “Mi corazón está abierto”, o quizás mejor: “Estoy despierto”.


    Si hacemos nuestra esa realidad interior y nos permitimos percibir ese estado en toda su magnitud mientras buscamos el origen, estaremos acercándonos al ser que somos que es capaz de percibir tal enamoramiento.


    Nos encontraremos con nuestra realidad interior y lo percibiremos como a “un amante interior”.


    En esa contemplación, nuestra idea de ser un ser humano se prestará a contemplarlo como una realidad separada que nos entrega tal cantidad de amor que no podremos hacer otra cosa que dejarnos amar.


    Ese amor nos envolverá de tal modo, que dejaremos de contemplarnos como algo diferente sintiendo que nos fundimos como un solo ser que contiene todo lo amado y a todo el que ama.


    En esta experiencia de fusión nos estamos abriendo a una realidad mucho más allá de lo que en lo humano podremos experimentar.


    Aun pensaremos como un ser humano que ahora se da cuenta de que ese amante interior siempre ha estado y que cada vez que nos enamoramos, realmente es una activación de la percepción interior de ese amor y que a su vez proyectamos en un elemento exterior, del que creeremos depender para sostener el amor.


    ¿Nos extraña que busquemos el amor como una de las motivaciones que nos acompaña toda la vida?

    Es tan desgarrador recibir el impacto de ese amor y no saber como manejarlo en la práctica.


    Cuanto más potente sea ese despertar de la capacidad de percibir el amor, mayor será la dependencia que nos genera y más depresión nos causará la imposibilidad de que desde las relaciones humanas se sostenga semejante despertar.


    Si logramos seguir la pista del recorrido que hace ese despertar al amor en la dirección desde donde se produce, veremos que es una cualidad interior, que poco tiene que ver con lo que en lo humano.


    Para aceptar esto, es imprescindible habernos dado cuenta de que somos dos realidades, una realidad física que sustenta ser un ser humano, y una realidad interior que se percibe contenida en el cuerpo.


    Con el tiempo y la reflexión interior, veremos que son realidades completamente diferentes que existen en realidad “separadas”.



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  • Del Enamoramiento al Despertar
    Feb 4 2026

    Del Enamoramiento al Despertar


    Cuando el amor se despierta en forma de enamoramiento nuestra vida se convulsiona y entramos en un estado que nos saca de la razón, más fuerte que ninguna otra cosa, nuestra vida se conmociona.


    Se dice que tiene su explicación en la bioquímica de nuestro cuerpo, aunque imagino que se desconoce el desencadenante.


    Por experiencia propia, puedo afirmar que el enamoramiento es la antesala del despertar y ya es nuestra situación o estado la que determina su evolución.


    Difícilmente estamos preparados para permanecer en ese estado y a la vez, saberlo manejar.


    Nos saca de la monotonía de la vida porque algo se despierta, captamos una realidad que no sabemos ubicar y que sobrevuela a todo lo demás.


    Al día de hoy, quizás sin estar enamorados, podemos echar la mirada atrás y rememorar esos momentos para reflexionar sobre ello y quizás, poner orden y entender la trascendencia de ese enamorarse.


    Se trata de un estado que no sabemos si es externo, o interno, si podemos compartir o no. Únicamente podemos reconocer la intensidad y la realidad de esas vivencias.


    Para poder profundizar en la observación y la comprensión de ese estado necesitamos desechar todas las fantasías y las vinculaciones con el sujeto que desencadenó nuestro enamoramiento.


    Se trata de un despertar a una realidad interior que tenemos que recolectar, evitando todos los añadidos que se unieron a esa experiencia. Por ejemplo,, si fuimos correspondidos o no, si fue una experiencia traumática o no, si lo vivimos de una manera u otra.


    Buscamos quedarnos con nuestro sujeto interior que experimento esa transformación de percepción tan intenso de la realidad, tanto la propia, como con respecto a la experiencia de vivir.


    Vamos a quedarnos con nuestra sensación interior, al margen de la persona que despertó esa transformación.


    Quién despierta ese estado es sin duda nuestro ser interior, quizás como nunca antes hayamos experimentado.


    Ese estado de amor está encendido en nuestro interior como un fuego que parece consumirnos.


    Nuestra capacidad de percibir en todas las direcciones se amplifica enormemente.


    Cualquier estímulo externo puede hacer de disparador aunque la detonación sea completamente interior.


    Una vez entramos en ese estado lo natural es volcarnos en la propia experiencia externa que nos despertó.


    Acostumbrados a reconocernos en el ser humano que observamos en nuestro cuerpo y en la realidad externa, es lógico que nos apoyemos en esa realidad para obtener un reflejo de ese estado de amor.


    Quizás el enamoramiento sea ya muy lejano, quizás esa persona ya no esté, o sobrevino en desamor y sin embargo, en nuestro recuerdo aún esta la sensación del enamoramiento, unido ahora al olvido y el desencuentro, pero no por ello ignoramos lo que es el estado de enamoramiento.


    Aunque con la mente no creamos ya en el amor, ni esperamos se repita, ese ser interior que despertó sigue intacto y consciente.


    Al creer que el estado de enamoramiento es dependiente de la persona que refleja el amor, nuestra capacidad de estar en el amor dormita completamente.


    Necesitamos comprender la naturaleza ed esa capacidad de amor y lo que deseábamos en esos momentos. Fundirnos con el otro como si fuéramos un solo ser.


    La interiorización y el descubrimiento de ese ser que fue capaz de enamorarse nos lleva a poder reflexionar del porqué de la frustración al tratar de hacerlo real en una vida donde fundirse no es posible.


    Si fuimos correspondidos en un estado de enamoramiento similar, seguramente vivimos como en un sueño, en una locura, de querer ser un mismo cuerpo, de no separarse, de sufrir por tener que tomar diferentes caminos, aunque fuese solo por unas horas.


    Si descubrimos la naturaleza de nuestro ser interior y avanzamos en reconocer su realidad y su dimensión, veremos que esa realidad suya es compartida, unitaria, sin lograr identificar dónde comienza nuestra energía y dónde la del otro.


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