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  • La importancia de parar
    Jun 8 2026

    La importancia de parar


    Para poder experimentar una vida humana, necesitamos encarnar en un vehículo físico, que dispone de órganos que nos permiten percibir la realidad física en la que se instala nuestro cuerpo, se desarrolla y facilita la vida humana.


    De esa manera, nuestra identidad interior se identifica y asemeja a la vida en el cuerpo y sus límites. Nos vemos involucrados en una secesión de experiencias sujetas al espacio y el tiempo.


    En esa sucesión de eventos, muchas veces nos vemos arrastrados y capturados por esa idea de “yo humano” que nos absorbe y es necesario parar, para recolectar con nuestra realidad interior.


    Es nuestro interior el que anhela logros en lo humano según los desea y añora y de ese modo, nos vemos arrastrados a una interminable sucesión de actividades.

    Muchas veces nos olvidamos de pararnos para reflexionar sobre lo que realmente queremos.


    Se hacer necesario parar completamente, e indagar profundamente, en la raíz de nuestra carencia.


    En muchas ocasiones contactamos con otras personas o grupos, en ese intento de calmar nuestro interior, generándose más y más frustración.


    Nos quedamos como a medias, intentamos proyectar nuestro anhelo en un suceso externo, que siempre pasa, mientras que nuestra demanda interior no cesa.


    Seguramente llegará el momento en que sabremos que ese contacto con lo real, con lo que anhelamos, únicamente lo vamos a lograr prestándonos plena atención a nuestro interior.


    Observaremos que desde dentro surge el impulso del anhelo, o la añoranza, y que iniciamos el intento de actuar para satisfacerlo o darle salida.


    Se hace muy necesario reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestro interior y para ello, necesitamos pararnos.


    Veremos que tenemos una noción sobre ser una realidad humana que intenta responder a otra realidad que parece estar dentro de nosotros.


    De esa manera, observamos que hay una entidad “yo pensada”, que es la que se ha generado durante nuestra vida humana, fruto de nuestra adaptación a ella, a través de la que vivimos lo humano.


    Por otra parte, observamos una presencia interior, como sorda y oculta, sobre la que no solemos pensar y que realmente es la que activa al “yo pensado” como medio para satisfacer sus necesidades.


    Cuando meditamos, lo que hacemos es ralentizar ese pensamiento que somos de manera que nos damos la posibilidad de percibir otras realidades que no se basan en el acto de pensar. Noa acercamos más es esa realidad interior que siempre está.


    Nuestro “yo pensado” es el que se comprende a sí mismo a través de la realidad exterior efímera, como un proceso adaptativo que evoluciona y termina y que es nuestro personaje adaptado que sostenemos en nuestras relaciones humanas.


    Nuestro interior, siempre está pulsando como para intentar manifestar una realidad diferente que no logra enmarcarse en lo humano.


    Entrado en meditación, relajando nuestra idea de yo y sus movimientos, podemos observar nuestra mente con gran detenimiento mientras nos separamos de el yo pensado, ya que para contemplarlo como una realidad, necesita pensarse.


    En es punto, podemos preguntarnos, ¿se trata de dos realidades diferentes, o son simplemente dos estados diferentes de una misma realidad?


    Si es así, desde mi capacidad de pensar y actuar, podré comunicarme con mi realidad interior.


    Puedo acercarme cada vez más a la sensación interior de ser que se percibe en el momento en que dejo de pensarme.


    Son como dos dimensiones interconectadas mediante la atención.


    Si llevamos la atención a la sensación interior de ser, sin activar la necesidad de pensar sobre ese realidad percibida, podré incrementar la sensación de ser de forma consciente y podré preguntarme: ¿Dónde está la idea de yo?.


    ¿Es una realidad? ¿Es algo más que pensamientos, recuerdos, sensaciones?


    Cuando estamos completamente observando nuestra realidad interior sin generar pensamientos, es como si la realidad humana no existiese en ese momento.


    ¿Puedo darme cuenta de ello?



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    12 min
  • Salirnos del guion
    May 22 2026

    Salirnos del guion


    Tendremos que buscar la forma en que podamos incrementar nuestra escucha interior y a ser posible, normalizarla a través de manifestarlo de alguna manera en la vida humana.


    Se diría que el objetivo seria poder expresarlo en lo humano de algún modo para ir comprobando, poco a poco, que es posible vivir, conscientemente, desde lo real de uno mismo, aunque “no sea de este mundo” es lo que siempre está.


    Cuando nos hemos familiarizado con nuestro interior, nos sorprenderá bastante el desarrollo de la vida humana. Por un lado, comprobar de qué manera nos absorbe y arrastra, y a su vez, lo separados que nos sentiremos de lo común de la vida humana.


    Somos conscientes de que estamos unidos a un cuerpo humano, que se desarrolla y envejece, que nos sirve para realizar ciertas acciones en ese querer expresar que existimos y anhelamos cosas.


    Estemos o no, absorbidos por los sucesos humanos, intervenimos en ellos y somos corresponsables junto con los demás.


    Trabajamos y nos relacionamos necesariamente para poder sostener nuestra vida, pero somos perfectamente conscientes de que esa experiencia termina.


    Se podría decir, que no llega a ninguna parte, ya que no hay acto, o logro, que perdure para uno mismo.


    Por mucho que hayamos podido aportar a los demás, nada de ello quedará, ni para uno mismo, ni para nadie.


    Todas las vidas terminan y nadie queda para recibir tanto esfuerzo.


    Hay objetivos, hay acciones, sucesos, que se desarrollan a lo largo del tiempo y del espacio mientras observamos como discurren, nos impliquemos o no con ellos.


    Conscientemente podemos aceptar esa implicación, como seres humanos que estamos siendo, dando una imagen coherente a los demás de nuestra identidad aparente, del mismo modo en que los demás nos aportan esa imagen coherente.


    No nos queda más remedio que aceptar que somos una imagen para los demás, por mucho que nos hayamos desidentificado con ella.


    Es como participar en una obra de teatro sabiendo que uno mismo no es ese actor, incluso que uno no es ese cuerpo que aparenta una identidad humana.


    Mientras no seamos capaces de comunicarnos con la realidad interior de otros, no sabremos si esos otros actores de la obra, se olvidaron de su identidad interior o no.


    La propia obra tiene su desenlace pactado y todos seguimos el guión.


    Parece que las reglas del juego son relacionarnos como personajes de la obra y no, desde nuestra realidad interior. Como si todos los actores hubiesen olvidado lo que son y solo contemplaran las condiciones de la obra.


    Nuestro ser interior despierto contempla el principio de la obra y su final. Como si pudiera verlo desde otra dimensión. La dimensión de nuestro ser interior.


    Como si fuese un espacio con un tiempo diferente donde apenas hay movimiento, únicamente la contemplación del tiempo humano mientras transcurre.


    En una película se produce un fenómeno parecido, el tiempo de la película puede abarcar años de vida, mientras que el espectador permanece estático, en su butaca, mientras transcurre.


    Podemos reconocernos como un personaje de la obra, en su espacio y tiempo, y a la vez, percibirnos como el observador interior, que permanece fiera del espacio y del tiempo.


    Si permanecemos en nuestro interior, con la atención completamente entregada, podemos permanecer en nuestro centro como si nada ocurriera en la “vida interior”.


    Naturalmente que no es algo sencillo, desentendernos desde dentro de la realidad cambiante y efímera de la vida en la que despertamos al nacer y tanta adherencia tenemos con ella.


    Todo lo que experimentamos en la vida humana está sujeto en la percepción de nuestros sentidos físicos y de ellos, se forman imágenes pensamiento con las que estamos identificados y en base a ellas.


    ¿Seríamos capaces de reconocernos en nuestro espacio interior al margen de todas esas percepciones físicas?


    Se trataría de permanecer en la percepción de la realidad interior mientras interactuamos mediante nuestro cuerpo físico.

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    13 min
  • Somos la paz que buscamos
    May 22 2026

    Somos la paz que buscamos


    En estos días en los que tantas personas están despertando de este sueño humano, que parece no llevarnos a ningún sitio, que termina con la muerte, y en el que no logramos sentirnos verdaderamente vivos y reales, se hace necesario volver la mirada hacia nuestro interior, el único lugar que nos acompaña durante la vida.


    Dedicarnos tiempo a descansar de las cosas de la vida para escucharnos a nosotros mismos sin el pensamiento de estar solos.


    Realmente, cuanto más solos estamos, más posibilidades tenemos de estar con uno mismo. Aceptar la soledad, como la mejor manera de sentir nuestro interior es un gran paso para saber quién somos.


    Algo que podemos tener muy claro son los innumerables tipos de estados en los que nos podemos encontrar, casi siempre, referido a las situaciones y sucesos que nos acaecen.


    Todo lo que vivimos lo percibimos a través de nuestros sentidos y obtenemos la visión y el pensamiento de lo que sucede. En una vida en la que nos hemos identificado en gran medida por todo ello, es lógico que nos sintamos representados por los sucesos vividos.


    Nos permitimos un pequeño margen para separarnos de esa identificación, de manera que somos como víctimas y esclavos de todo ello.


    En la medida en que todo ese pensar en lo que nos ocurre nos absorbe, es en la medida en que no percibimos que nuestra realidad interior es verdadera, sino más bien una sensación incómoda que intentamos evitar.


    Buscamos durante la vida lograr un estado estable inútilmente, zarandeados por los sucesos deseables e indeseables. Todo pasa y se nos escapa.


    La vida pasa ante nuestra mirada y no logramos darnos tiempo para separarnos de todo ello para reconocer nuestra permanente realidad interior.


    Nuestro ser interior asocia su realidad a los actos, acciones y metas en lo humano, como si algo de ello pudiera llevarnos a sentirnos reales en nuestro interior, que es desde donde iniciamos todas las acciones con la esperanza de que nos retorne lo que anhelamos desde dentro.


    Nuestro interior nos manifiesta el deseo de lo permanente y perfecto, tiene vocación de ello y nos trasmite la necesidad de obtenerlo, mientras que no logramos hacer otra cosa que buscarlo en el mundo efímero, incapaz de satisfacernos interiormente.


    Esta característica de nuestro interior de permanecer y estar en un estado perfecto es muy bueno que la identifiquemos y la conozcamos, pues es la causante de nuestra dependencia a todos los niveles con respecto a la realidad humana.


    Una vez reconocemos que se trata de un anhelo de nuestro interior y nos demos cuenta de que realmente anhela su propia realidad, tendremos la posibilidad de estar con uno mismo con la mayor de la satisfacciones eliminado toda dependencia.


    Sin duda alguna, ese anhelo ha de ser un recuerdo de una realidad diferente de la realidad humana y su característica material.


    Así entendemos la expresión “estar en el mundo sin ser del mundo”.


    Nuestra realidad interior es un estado de paz perfecta y es lo que encontramos en el momento en que nos demos cuanta de que somos ese ser interior que no es de este mundo.


    La falta de paz es una característica inseparable de la realidad humana, característica que ha de ser indispensable para que anhelemos la realidad del ser interior.


    Si no fuese por esa característica y ese recuerdo de la realidad del ser, seguramente vagaríamos eternamente por la realidad limitada del ser humano.


    Esa paz está siempre dentro de todos como una opción a reconocer.


    Si nos separamos de todas las cuestiones humanas, sabiendo que todo es efímero y termina, no tardaremos en recibir paz y lo que nuestro ser puede entregarnos.


    Cuando queremos tener paz, hemos de meditar con la paz interior, no es necesario hacer nada por la paz, ya que es el estado natural de nuestro ser interior.


    Podremos observar, que algo que está de forma natural, forma parte de nuestro ser sin más.


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    14 min
  • Los despiertos se dejan ver
    May 22 2026

    Los despiertos se dejan ver


    Cuando la utopía se disuelve nos damos cuenta de que siempre hemos sido eso, una realidad ocultada que ahora la permitimos se manifieste desde su origen.


    Lo considerábamos utópico porque no había una ínter relación con otros, creyéndonos extraños y raros, como si nos ocurriera únicamente a uno mismo.


    Cuando es frecuente reconocer en otros ese manifestarse desde dentro, es que algo está cambiando.


    Siempre hemos sido esa realidad interior. Siempre hemos querido y deseado manifestarlo como seres humanos aunque nos hayamos visto tan limitados y frustrados.


    En el pasado hemos tenido que renunciar a esa realidad interior para adaptarnos a esta sociedad humana, en la que se establecían los limites en los que podíamos considerarnos reales.


    En base a ello, se generó una idea limitada de lo que éramos y desde ella, concluimos que era el límite de lo posible en nuestro sensación de ser.


    “Era un utopía dejarnos ser tal cual sentíamos interiormente que éramos”.


    De esa manera todos hemos cooperado en decir: “no, es ser humano es malo por naturaleza”.


    “No puede haber una vida humana llena de luz, llena de amor, todo eso es una utopia”.


    Sin embargo, actualmente cada vez más seres humanos estamos recuperando esa visión de uno mismo que teníamos antes de aceptar la imposibilidad de ser lo que éramos. Antes de adaptarnos a la aceptación de ese límite humano impuesto.


    Volviendo al espacio interior mediante la meditación recuperamos esa identidad interior de forma cada vez más clara, lo que nos permite observar como nuestra vida humana nos condiciona y limita.


    Podemos observar cómo hemos aceptado que no podemos ser plenos, que no podemos amar, que no podemos superar tantos limites.


    Llega un día en que conseguimos recuperar ese contacto con la realidad interior, por muy apartado lo tengamos, que recuperamos ese contacto con esa sensación de ser una realidad interna.


    Es como si despertáramos nuevamente en medio de la madurez de un ser adulto con a posibilidad de acogernos, sostenernos, con la seguridad que ahora podemos darnos.


    Podemos observar nuestra identidad adquirida e impuesta desde dentro y percibir que es una idea mental accesoria e innecesaria de manera, que podemos dejarlo a un lado y permitirnos que nuestro interior se despierte y expanda desde dentro.


    En ese dejarnos ser, podemos observar la enorme cantidad de energía que afluye hacia nosotros, que nos sostiene y mantiene vivos.


    Pareciera que toda esa energía hubiese estado esperándonos a dejarla fluir. En ese dejarnos fluir nuestra mente está vacía de pensamientos y creencias, no hay nada que pueda decirnos que es imposible dejarse ser la realidad interior que es sostenida.


    En vez de eso, todo nuestro cuerpo y nuestra mente se llenan de la sensación de ser real, de ser verdad, que va más allá que todo lo que hemos vivido, de todo lo que hemos aprendido o pensado.


    Es hora de manifestarse en la vida humana desde esa realidad interior despertada que se despliega en todas las direcciones. Quedando ridícula y obsoleta la idea de que esto es una utopía.


    Es una experiencia a nuestro alcance que se puede compartir con todos los seres humanos incondicionalmente seguimos dejándonos llenar por el flujo interior sin añadirle nada.


    Si a ti te está pasando esto, si ves que otros comienzan a despertar, sin duda es que ha llegado el momento en que lo manifestemos en lo humano.


    Es hora de que mostremos nuestra realidad interior sin filtros en lo humano, quizás nos sorprenderemos de no encontrarnos solos.


    Es una irradiación tan potente que posiblemente ayude a que cada ser humanos lo despierte en su interior.


    Despertar el interior, prestarle atención, cuidar de ello, para finalmente brillar emite un reflejo en cada corazón, desde uno mismo y para todos.


    Lo humano no puede contener lo real, pero lo real puede expresarse en lo humano.



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    11 min
  • La utopía ya está aquí
    May 22 2026

    La utopía ya está aquí


    Con el tiempo vamos ganando experiencia en la vida humana con respecto a lo que es nuestra vocación interior.


    Muchos seres humanos, semi despiertos, seguramente han estado esperando que llegase el momento en que se manifestara esa utopía que han guardado en su interior durante años.


    Es posible que esa realidad interior nos llamase a prestarla atención, pues algo no encajaba con respecto a lo que la vida nos traía.


    La sensación de vivir como dos realidades, en gran parte incompatibles, fue como una constante.


    Ese llamado interior, que en ocasiones se mostraba con gran intensidad, nos obligaba a prestarnos atención y a percibir que lo que se nos presentaba en la vida no se correspondía con lo que reconocíamos dentro.


    De esa manera, la percepción interior era una constante que se experimentaba en contraste con la relación con los demás.


    Del mismo modo en que uno mismo sentía extraña la vida, la dificultad de compartir el interior, seguramente le ocurriría a los demás, pero no había forma de saberlo, ya que no había forma de compartir ese interior.


    Ahora estoy seguro que esa dificultad las tenemos todos, seamos conscientes o no de ello. Todos nos vimos obligados a adoptar los roles que la sociedad nos imponía.


    En esos momentos en que nos adaptábamos a la vida surgida el deseo y la necesidad de poder compartir nuestro interior, ya que aún no disponíamos de la seguridad de saber quienes somos.


    Seguramente han pasado muchos años en los que hemos aceptado que esa realidad interior únicamente la podemos vivir en uno mismo y quizás, ya hayamos aceptado que es una utopia o imposible.


    De esa manera, habremos aprendido a estar en nosotros mismos, reconociendo nuestra realidad interior hasta un punto de que ya no necesitemos compartirnos, o lo hacemos en la medida que podemos.


    Personalmente, he estado compartiendo todo tipo de actividades con personas, con la idea de lograr experimentar ese reconocernos con los demás desde dentro.


    Hace muchos años resultaba realmente complicado traspasar las barreras mentales y las identidades humanas para lograr ese tipo de comunicación.


    Mientras vivamos en la identidad adquirida estaremos en la supervivencia, la competencia y la lucha, pues nos vemos peligrar casi permanentemente.


    Si realmente pudiéramos reconocer nuestra realidad interior nos atenderíamos unos a otros guiados por el anhelo de ser, del bien global.


    La situación humana dista enormemente de esa forma de vivir.


    ¿Cómo es posible que no seamos capaces de evitar el hambre, las guerras y tantas cosas?


    Un ser humano debería ser asistido desde el primer momento de su nacimiento, acogiendo su alma, para que despierte en la vida humana en armonía.


    La comunicación desde la realidad interior debería ser prioritario, en vez de tener que ignorarse a uno mismo para adaptarse a una vida exterior marcada por la necesidad de luchar.


    ¿Cómo es posible que eso sea una utopia cuando es una realidad interior?


    ¿Acaso no es lo que todos los seres humanos desearíamos, ser reconocidos como realidades interiores que están transitando una vida humana y que lo deseable es que el ser humano que somos sea una extension de la realidad interior?


    Hoy en día, que parece que perderemos los derechos más básicos, que los conflictos son mundiales, que la realidad virtual se impone cada vez más y sin embargo la resonancia interior también se está despertando, como si entre todos estuviésemos más cerca y nos percibiéramos mejor.


    En contraste con toda la negatividad y los malos augurios, en lo cercano contemplamos que hay cada vez más personas que están despertando a su ser interior.


    De esa manera, la mirada hacia adentro nos acerca a la realidad de lo que somos, de tal forma que recibimos una idea clara de lo que queremos y de lo que ya no queremos más.


    Ya no es un milagro percibir a otro ser humano al que le habla su interior, que se saben su interior.


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  • ¿Cómo dudas de quién eres?
    May 18 2026

    ¿Cómo dudas de quién eres?


    Cuando no encontramos respuestas existenciales en lo humano, se nos indica que hemos de preguntar al “maestro interior”, con la idea de recibir impresiones, o intuiciones, que nos puedan instruir en nuestra realidad interior.


    Ante la variabilidad de la vida y su impermanencia, nos vemos casi obligados a basarnos en nuestras percepciones directas y personales. Todo eso que podemos ver y tocar directamente.


    Ya no nos sirven elaboraciones mentales y suposiciones. Necesitamos percibirlo desde ese que siempre está prestando atención en nuestro interior.


    Todo lo que podemos percibir de la vida humana es fugaz y no viene a ser otra cosa que una proyección de nosotros mismos en algo efímero.


    Por ese motivo, terminamos por afinar nuestra atención al máximo con respecto a lo que podemos percibir interiormente, que realmente, siempre está.


    En esa intención, toda nuestra mente se queda vacía, como a la espera de llenarse de alguna constatación.


    Podemos observar, que en ese momento de plena atención a ese vacío interior, no existe ningún contenido de identidad yo, ni de memorias, ni de cuestiones de la vida humana.


    Es un estado de apertura total a la Verdad, que se manifestará sin nuestra aportación.


    Hacemos un silencio absoluto dirigiendo nuestra mirada hacia la realidad interior.


    Nuestros pensamiento, nuestras motivaciones en lo humano, nuestro pasado y todo lo que creemos ser, se reducen a cero, ni necesitamos sostener esa idea de ser un yo.


    Somos un vacío de todo, con la certeza de estar existiendo, de estar completamente receptivos a lo real en uno mismo.


    Esa intención sostenida da paso a la sensación de estar sostenidos, de formar parte de una realidad superior que se sostiene a sí misma.


    Si permanecemos percibiendo ese sustento que nos mantiene existiendo, seremos consciente de que hay una realidad superior, que es realmente quien sostiene nuestra existencia.


    Si algo nos sujeta y mantiene existiendo, ha de haber un contacto entre esa fuerza y uno mismo.


    Del mismo modo que la Tierra nos sujeta mediante un contacto físico, así, la Verdad es la que sujeta nuestra asistencia.


    Ha de haber una relación muy íntima entre la Verdad y el ser que somos.


    Podemos abrirnos a esa sensación interior de existir y estar, para recibir la respuesta que deseamos. Naturalmente en forma de sensaciones y percepciones.


    Desde dentro podemos hacernos preguntas existenciales a la espera de recibir respuesta.


    ¿Quién soy”, ¿qué hago aquí? ¿Para qué vivo?


    ¿Qué sentido tiene estar siendo algo que se ignora a sí mismo?


    ¿Qué sentido tiene que yo no sepa quién soy?


    ¿Cómo es posible que no conozca la Verdad?


    Algo tan intenso y anhelado, ¿cómo es posible que no te encuentre por ningún lado?


    Necesito permanecer escuchando lo real.


    En un momento en que estemos tan fusionado, con la sensación de existir es posible que surja desde el interior una pregunta:


    ¡No me pidas que te diga quién eres!


    Esa afirmación es como un reconocimiento de la sensación de ser.


    Similar a: ¿Cómo puedo pedir lo que sé que es mío?


    ¿Cómo dudas de quién eres?


    Simplemente eres, no se puede expresar, no tiene nombre.


    Únicamente podemos dejarnos ser. No se puede explicar, no tiene forma, no se puede decir.


    Dejándote ser, sin forma, ni proyección, solo podremos ser.


    Mantener la compatibilidad con nuestra vida humana, consiste en sostener la consciencia despierta de dejarnos ser, para que se manifiesten las cualidades del interior.


    Dejarnos ser incondicionalmente, para que nuestra expresión esté generada por la realidad interior.


    Mantener la constancia de percibir que disponemos de un contenedor corporal que manifiesta la realidad del ser interior que percibimos ser.



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  • La necesidad de ser
    May 15 2026

    La necesidad de ser


    La característica general de los seres humanos es el intento de ser.


    Todos necesitamos ser algo en base al hecho de que existimos, mientras intentamos reconocernos en nuestra realidad corporal y a través de ella “un lugar en el mundo” lo más aceptable y óptimo que consigamos.


    Ese intento puede ser más o menos peyorativo, pero ¿quién no intenta ser?


    Mientras nos adaptamos a la vida primero, y después, conseguir una identidad óptima y favorable para lograr ser algo, que sin duda añoramos y anhelamos.


    Puede que en los objetivos y en las acciones humanas lleguemos a conseguirlo en algún grado, intentando mantenerlo y si nos es posible mejorarlo.


    Existe desde que nacemos una necesidad reconocible por tener que lograr ese objetivo, es un impulso universal en todos.


    ¿Podemos reconocer ese impulso de ser un uno mismo, y reconocer que es lo que nos impulsa a evolucionar en el espacio y tiempo para lograrlo, transitando innumerables sucesos y estados?


    Bien, pues si identificamos esa necesidad interior, también podemos preguntarnos, ¿quién es ese que lo necesita e intenta?


    De esa manera construimos una idea de yo, una identidad, que se constituye del resultado de todos esos sucesos. Es decir, existe un ser interior que asume una idea de yo.


    Esa idea de yo, está sostenida por el pensamiento de ser esa identidad, Es decir, la idea de yo es una amalgama de pensamientos, la necesidad de ser, y la característica global de esta realidad, el cambio.


    En el transcurrir de la vida, esa amalgama va evolucionando junto con nuestro cuerpo, con el que nos asociamos e identificamos, unido a todo lo que recordamos, mientras todo cambia y nos condiciona, pero, el factor común siempre es, la necesidad de ser un ser real, que no logramos manifestar plenamente, por lo que estaremos siempre inmersos en esa necesidad de encontrar lo que se asemeje a ese ser interior que se busca a sí mismo.


    Esta tendencia de nuestro interior es común a todos. De no saber qué somos, a identificarnos con esa asociación que realizamos mediante el pensamiento. La mayor diferencia entre unos y otros, son las circunstancias vividas.


    ¿Podríamos decir con plena seguridad que seríamos diferentes a una persona concreta si hubiésemos vivido en su cuerpo y en sus circunstancias pasadas?


    Quizás seríamos diferentes, pero no podemos afirmarlo completamente.


    Lo que si podemos afirmar es que nuestra idea de yo, seguramente sería muy similar a la de esa otra persona. En cualquier caso es un enigma que nos puede servir para reconocer el grado en que las circunstancias nos han marcado.


    De forma práctica, quien quiera encontrar su realidad interior ha de separarse de todo pensamiento de idea de yo construido por esas circunstancias. Es un proceso necesario para avanzar en el camino interior.


    El impulso interior de ser es común a todos. Todos queremos saber quién somos, necesitamos seguridad, ser reconocidos y validados, lograr el amor.


    ¿Quién no necesita en lo humano al nacer ser reconocido?


    Todos deseamos tener de nosotros mismos una sensación de ser, de reconocimiento, de integración y cercanía.


    Ese es el lugar donde todos queremos estar.


    Para conseguirlo, estamos dispuesto de hacer cualquier cosa. Tenemos la necesidad de ser, según nuestro interior anhela.


    La situación es: “necesito ser lo que interiormente siento que soy, y he de construir una identidad de mí mismo, que sea capaz de contener y mostrar que lo que interiormente siento que soy, muchas veces sin poderlo ubicar en lo humano”.


    Así, intentamos que esa construcción se mantenga como tal, necesitamos que así sea y lucharemos por estar siempre con “la cabeza fuera”.


    Si reconozco que ese intento de ser es real y lo separamos de la idea de yo, también podremos afirmar, que ya somos una realidad interior, al margen de la idea de yo.


    Intentamos ser reconocidos y amados, según sentimos que somos dentro en toda su magnitud.


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  • Separarnos del espejo
    May 11 2026

    Separarnos del espejo


    Aún con la experiencia en el camino interior, en el que ya tenemos una base interior con la que nos identificamos, seguimos confrontados día a día con la naturaleza cambiante del ser humano que transitamos.


    Seguimos sumergidos en las leyes del cambio, incluso cuando se trata de un posicionamiento interior con respecto a mantenernos en esa base estable.


    Aunque nuestra intención sea mantenernos en la realidad interior, vemos, que nuestros puntos de vista, nuestros estado emocionales, siguen en una evolución mayoritariamente basada en nuestro estado como seres humanos.


    Hay algo más profundo que aún es necesario descubrir, ya que seguimos afectados por las causas externas.


    Quizás sea precisamente las leyes del cambio las que nos ayudarán a encontrar nuestra naturaleza real.


    Si todo fuese estático, ¿cómo podríamos diferenciarnos?


    Si estamos sumergidos en agua en calma, no podremos percibir qué es lo que somos, no sentiremos el movimiento del agua.


    Las interacciones con la vida humana son las que provocan un diferenciarnos de ello, en la medida en que no nos sentimos plenamente integrados.


    Son los desencuentros con la vida los que nos llevan a darnos cuenta de que no somos realmente lo que nos percibimos como seres humanos.


    De esa manera, la muerte, es el cambio más trascendental y que más nos confronta, ya que es el hecho con el que menos nos podemos identificar.


    Vemos entonces, que todo son intentos de tener en lo humano, la realidad del cambio, todo aquello que desde nuestro interior es real y anhelamos manifestar en nuestra vida.


    Uno puede encontrar en lo humano la expresión máxima del amor y sin embargo, se pierde.


    ¿Qué es lo que he perdido?


    He perdido una expresión que cambia.


    ¿Donde está la raíz de eso que pretendemos manifestar?


    Está en nuestro interior, que se aferra a querer ver y tocar algo que es interior.


    Es duro tener que reconocer que el cambio es justamente nuestra guía.


    La guía que nos indica que eso a lo que nos aferramos no es real, es solo una proyección de nuestro interior, ya que todo ello pasa.


    Lo real, es la capacidad de permanecer presentes observando lo que cambia, lo que llega y se va.


    En el no poder retener nada está la constatación de todo esto. Únicamente queda el que observa que lo pierde todo, según su creencia de haber tenido algo.


    El que anhela algo, está antes, durante y después.


    La guía del cambio, lo que nos indica, que dentro de nosotros está el que quiere encontrar algo que no logra coger, ya que lo pierde y no puede hacer otra cosa, que reconocerse en sí mismo al que busca.


    Cuando uno se da cuenta de que nos buscamos en actos externos como mediadores de ser, y que es uno mismo el que lo está buscando, podríamos llegar a la conclusión de la inutilidad de hacerlo, ya que el logro es efímero, mientras que el que intenta buscarlo siempre ha estado antes del primer movimiento.


    Uno es el amor que busca.


    Es posible que ese amor se vea reflejado en un hecho exterior, pero simplemente nos estamos reflejando, ya que es un estado interior.


    Si insistimos en ser el reflejo del hecho exterior como tal, recibiremos la frustración que el cambio nos traerá.


    Cuando reconocemos que no necesitamos reflejarnos en hechos externos, podemos sostener ese “amor” en uno mismo y permanecer en su realidad. Del mismo modo, podemos percibirnos en el interior del otro, sin necesidad de reflejarlo, en palabras o actos.


    Esas personas con las que comparto ese “amor” se sostendrá en el tiempo si seguimos sin reflejarlo en los demás, simplemente está.


    Puede que esas personas desaparezcan y sin embargo, seguiremos percibiendo ese amor en nuestro interior, ya que nunca salió de allí, ni lo reconocíamos en el reflejo del otro.


    Nuestra percepción de la realidad física y si nos hemos arrastrado hacia ella, será la única forma en que dejemos de prestar atención a la realidad interior.



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