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  • Aprendiendo a permanecer en el Ser
    Oct 14 2026

    Aprendiendo a permanecer en el Ser


    Para avanzar en el camino interior es necesario perseverar, si es posible, cada día, para poder mantener encendida la llama de nuestro interior en nuestra consciencia.


    Nuestra realidad interior es la puerta a una realidad inmensa y misteriosa, tan diferente y ajena al conocimiento humano natural.


    Esa diferencia radical es la que nos obliga a mantener una constancia si es que verdaderamente queremos avanzar en el autoconocimiento y en el encuentro con la verdad trascendente.


    Es nuestra natural forma de reconocer la realidad exterior como la realidad de lo que somos la que nos impide reconocer lo más cercano, que habita en nuestro interior.


    Alcanzamos nuestro interior cuando detenemos nuestra natural forma de reconocer lo real y cuando únicamente prestamos atención a lo que podemos percibir en uno mismo.


    El conocimiento y, en general, el contenido de nuestra mente son únicamente pensamientos e interpretaciones que desaparecen unos detrás de otros. Por ello, quedarnos en lo que no desaparece es otra forma de acercarnos a lo real.


    Más allá de todos esos pensamientos está el ser que es capaz de pensar, o de no pensar. Igualmente, es el mismo ser.


    Desde ese ser que somos y sin trasladarnos a ningún pensamiento, podemos reconocer las sensaciones que nos llegan sin llevarlas al pensamiento, ni a la valoración o al juicio.


    Desde ese centro que únicamente presta atención, podemos reconocer las sensaciones que nos produce todo lo que nos rodea, ya sea el lugar, las personas que nos rodean, ya sea en la distancia, o que vivan en un piso sobre nosotros, o al otro lado del mundo.


    ¿Podemos percibir la sensación de su existencia?


    Son seres humanos conscientes que disponen de la misma capacidad de percibir lo que les rodea.


    Si soltamos toda identificación, todo conocimiento o pensamiento y nos quedamos en la sensación que recibimos de quienes nos rodean, de todo nuestro entorno, pareciera que no hay una separación. Que podría tener la sensación de respirar junto con todas esas personas.


    Podría percibir la sensación de sus quehaceres, de sus pensamientos, de sus circunstancias.


    Todos los seres humanos del planeta son una realidad consciente que está atendiendo sus propias circunstancias.


    Existe en el interior la capacidad de percibirlo todo y de darnos cuenta de que podríamos estar inmersos en la vida y circunstancias que cualquiera.


    Realmente, todos tenemos un ser que está inmerso en unas circunstancias que le definen, le limitan y condicionan su vida. Pero bien nos podríamos intercambiar unos seres con otros, para comprender profundamente las características de cualquiera de ellos.


    Podríamos percibir la sensación de nuestros seres queridos del mismo modo, para alcanzar la comprensión de forma más clara y nítida.


    De la misma forma, podemos percibir la sensación de presencia de las personas que ya se han separado de la vida humana como si las tuviéramos delante.


    ¿Puedes percibir la sensación de un ser querido que falleció manteniendo la neutralidad de la presencia interior?


    La sensación de existir que podemos percibir en uno mismo cuando nuestra mente está parada y únicamente prestamos atención a nuestro interior, es similar a la que todo ser humano puede percibir si su disposición es la adecuada.


    En la vida hay alegría, felicidad, sufrimiento, dolor, miedo y terror, y todo ello, cualquier cosa, es experimentado por ese interior porque realmente asume que esa situación es parte de la idea de ser vulnerable. De que realmente nos puede dañar o afectar.


    Sin embargo, si hubiésemos reconocido nuestra realidad interior, al margen de esas circunstancias y pensamientos, tendríamos la seguridad de que son situaciones efímeras que no pueden afectarnos, ya que únicamente afectan a la realidad efímera de nuestro cuerpo.


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  • Vivir desde el Silencio
    Oct 9 2026

    Vivir desde el SilencioUna de las situaciones más difíciles de compaginar es el camino interior y nuestra relación con la vida humana, las personas con quienes convivimos o nos relacionamos.Conseguir preservar nuestro avance interior real, muchas veces nos obliga a distanciarnos de nuestras relaciones y, ciertamente, en algún periodo más o menos largo, es necesario.Sin embargo, no parece tener mucho sentido que nuestra vida se reduzca a uno mismo exclusivamente. Aparecer en la vida humana, en medio de tanta diversidad y tantos seres tan diferentes, en la que unos dependemos inevitablemente de otros, parece indicarnos que el sentido más directo de transitar esta experiencia ha de ser compartir nuestra individualidad, mientras buscamos la unidad desde dentro.

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    9 min
  • Compartir el estado unificado
    Sep 7 2026

    Cuando nuestra práctica de meditación forma parte de nuestra vida diaria, tendremos un punto de contacto y de referencia permanente que se hace notar en el día a día.


    Se trata como de una insistente presencia que nos reclama atención, tranquilidad y paz.


    Nos aporta una sensación de realidad mucho mayor que todo lo que pensamos ser y por ello, solemos hacer más silencio cada vez.


    Esa presencia, sensación o reconocimiento interno es realmente la que recorre y nos guía conscientemente en el proceso del camino interior.


    Se podría decir que reconocemos el hábitat de nuestro yo profundo a través de esas sensaciones que, al intensificarse, nos dan la capacidad de soltarlo todo de forma instantánea cuando nos sentamos a meditar.


    Incluso, se podría decir que vivimos en adelante siendo conscientes de que no somos lo que vivimos.


    Nos sentamos a meditar y toda nuestra atención se centra en esa sensación interior que nos termina por mostrar la faz del ser que habita en nosotros. Simplemente, porque le prestamos toda nuestra atención.


    En ese centro del que somos tan conscientes, no existen proyecciones de ningún tipo; nada sale, ni se genera hacia afuera. No hay pensamientos ni emociones.


    Reconocemos que en ese punto central es desde donde parte la energía para realizar cualquier acto.


    Cuando estamos posicionados en ese punto central, estamos en el lugar perfecto para observar todos los fenómenos humanos que estamos transitando.


    Debajo de uno mismo, de ese punto central desde donde se genera todo, hay como una puerta por donde se genera todo. Es la puerta que nos lleva a la unidad. Atravesándola, entramos en un lugar global donde reside un ser infinito.


    Cuando entramos en ese espacio interior, dejamos de mirar por ese espacio estrecho de la puerta, del mismo modo a como es nuestra consciencia de individualidad.


    Estando en meditación, enfocados en el origen de todo sin mirar sus creaciones, conectamos con el fluir directo de la Fuente. Podemos atravesar ese flujo para llegar a reconocer el almacén general que nutre todos los manantiales. Podemos tener esa experiencia si recorremos el camino inverso de nuestro río, individualizado hacia la unidad.


    Los seres humanos estamos en una situación de privilegio porque podemos llegar a estar siendo conscientes del espacio interior unificado, al tiempo que podemos asomarnos a través de esa puerta, o manantial, para estar en contacto con el mundo separado de la individualidad, en la que, por lo general, se ha perdido el conocimiento de la unidad.


    Nuestro interior más profundo prácticamente es el uno, aunque enfocado en reconocerse mediante el cuerpo en la consciencia de ser individual, separado y perdido.


    Siempre tendremos la posibilidad de percibirnos reales en ese ser interior que no podemos dejar de ser.


    Podemos realizar la práctica de percibir la unidad, permaneciendo un tiempo, para luego observar cómo se lleva a cabo ese cambio de reconocimiento de identidad y cómo funciona.


    Desde ese lugar privilegiado de contemplación, podemos observar cómo se originan las acciones que realizamos como seres humanos, cómo se interrelaciona nuestro interior con la realidad externa, cómo nos afecta el anhelo de unidad en todo ello.


    Todo lo que generamos se puede desarrollar en las emociones, en pensamientos y en actos, pero todo ello se origina desde nuestro centro.


    Nuestra atención puede estar en cualquier capa de manifestación, pero siempre hay un soporte desde la fuente que sostiene el río.


    El soporte de la Fuente lo notaremos especialmente cuando estamos plenamente centrados en su fluir y, a su vez, no hacemos absolutamente nada para ello.


    Generalmente, reconocemos nuestra realidad en base a nuestros actos; creemos que tenemos que manifestarnos de algún modo. Sin embargo, en esta situación donde no hacemos nada, nos llena de admiración contemplar la pureza de esas aguas que fluyen por sí mismas.


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    23 min
  • La gota es el Mar
    Sep 5 2026

    Vivir desde el estado meditativo es realmente difícil y, para hacerlo de forma real, tendremos que practicar con frecuencia con ese objetivo. No solo por mejorar nuestra vida humana, sino para vivir desde la realidad interior.


    Es cierto que cuando estamos centrados en nuestro interior, logramos separarnos de todas las cuestiones de la vida humana y nos reconocemos de una forma más completa y consciente.


    Esa labor la está realizando nuestra “realidad interior” y es interesante observar que se trata de la misma realidad que en nuestro día a día se identifica con la “idea de ser un ser humano”.


    Vemos así que nuestro yo profundo puede estar identificado con nuestro estado interior, o nuestro estado emocional, o nuestra capa mental. Damos vida a una identidad fluctuante entre situaciones cambiantes y diversas.


    Siempre hay un yo profundo que da sustento al sujeto que se desenvuelve en la realidad humana.


    Cuando ya nos hemos conseguido desidentificar de "no soy eso que pienso", "yo no soy eso que creo", "yo no soy eso que recuerdo", "yo no soy esa emoción", "yo no soy el que desea encontrar la paz", "yo no soy el que se busca", "yo no soy el que necesita mirar fuera”, porque no puedo hacer otra cosa más que ser lo que soy.


    Cuando logramos ese descanso de necesitar identificarnos con lo que no somos, conseguimos la estabilidad de reconocer la realidad interior. Nos aporta paz, energía y presencia.


    El estar supeditados a las realidades exteriores puede que nos haya limitado y condicionado enormemente.


    No hay nada que se asemeje al reconocimiento pleno de nuestra realidad interior.


    Estar en lo que somos, esa realidad que anteriormente se reconocía en lo efímero, nos aporta una sensación de realidad ajena e independiente de todo y en adelante querremos prestarnos toda la atención.


    Cuando estamos sobre la base de nuestra realidad interior, sin más, tenemos el respaldo de lo permanente y real, y podremos preguntarnos legítimamente: ¿Quién soy? ¿Por qué estoy? ¿Y qué quieres de mí?


    Generalmente, dudamos de nuestros pensamientos, que son efímeros e inconsistentes. Dudamos de nuestras emociones y de todos los recuerdos almacenados sobre nuestra vida. Dudamos simplemente porque son propiamente identificaciones generadas desde el desconocimiento de uno mismo y nuestra proyección mental. Por ese motivo estaremos convencidos de que nuestro interior no puede hablarnos, ni entenderemos sus realidades.


    Sin embargo, cuando hemos soltado todo, comenzaremos a entender el lenguaje de nuestro interior, nunca referido a cuestiones comprensibles humanas.


    Se trata de sensaciones que tienen que ver con lo real y que terminan siendo más notorias y palpables que cualquier cuestión exterior.


    Otra pregunta que nos haremos es: ¿por qué somos una consciencia separada e independiente si lo que se percibe desde el interior es ser la misma realidad que el todo?


    ¿Por qué nos manifestamos como identidades humanas desconectadas de nuestra realidad interior?


    Cuando hemos soltado todo y hemos logrado cierto reconocimiento de nuestra realidad interior, nos acercamos a esa ventana tras la cual nos percibimos en unidad con el todo, una realidad unificada.


    Ni siquiera obtenemos una respuesta a nuestras preguntas, ya que toda nuestra atención estará inmersa en esa unificación con el todo.


    En el momento en que entremos dentro, seremos ya la respuesta, quedando en la absoluta paz del Ser.

    Reconoceremos que estamos aquí en lo humano, porque desde ese interior unificado hay un querer hacerlo.


    Existe un impulso para salirse de esa realidad unificada con la intención de manifestarnos en esta dimensión humana. No porque nosotros lo entendamos, o lo pensemos. Simplemente reconocemos que hay una causa que nos genera como seres humanos.

    Ese impulso sale de sí mismo y cruza la ventana de manera que se individualiza, manteniendo la capacidad de autorreconocerse de forma separada, y es nuestro cuerpo el que sostiene la posibilidad de contemplarnos de ese modo

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    21 min
  • Salir del camino del pensamiento
    Aug 25 2026

    Salir del camino del pensamiento


    La vida humana, frente al camino interior. Dos caminos tan antagónicos entre los que tendremos que decantarnos, ya que uno expulsa al otro.


    Aunque el seguir el camino interior no nos impedirá mantenernos inmersos en la vida humana, nuestra implicación era radicalmente diferente.


    En la vida humana buscamos el vivir bien, el desarrollarnos como seres humanos eminentes. Incluso si tenemos inquietudes espirituales o de autoconocimiento, desplegamos toda una vida de búsqueda y aprendizajes en enseñanzas y maestros, todo ello encaminado al conocimiento de uno mismo con el objetivo de legar a algo. De manifestarlo en nuestra vida como seres humanos.


    Anhelamos un estado más iluminado, de mayor paz, de sabiduría y, todo ello, como un ser humano. Nos volcamos en ese ser humano que creemos ser.


    La actividad natural del ser humano es que este lo abarque todo: la iluminación, la realización, la paz, y sin embargo, sabemos que todo lo humano es efímero.


    Por otro lado, está el camino interior que deja de lado, incluso, el deseo de llegar a algún lugar, de escuchar a algún maestro o estudiar enseñanzas, de tener más comprensión y sabiduría. Hasta eso se deja de lado.


    Es como un desengaño en el que se dice: “Ya no quiero hacer nada”, ni siquiera ser un ser iluminado. Todo se construye en el espacio mental humano, donde todo es efímero y no tiene consistencia real.


    ¿Nos damos cuenta de que todo lo manifestamos en el pensamiento, donde todo es fugaz?


    En el camino interior se hace completo silencio para no generar ninguna realidad ilusoria en nuestro pensamiento y poder percibir lo real en el silencio interior.


    Cuando un ser humano logra “escuchar” el sonido del ser real que es, se desengaña de cualquier meta en lo humano, de cualquier objetivo por mucho que lo anhela.


    Se podría decir que un instante de contacto con la Verdad tiene más peso en uno mismo, que toda una vida de meditación basada en la mente.


    Gracias a ese instante de contacto con la Verdad llegamos a la calma y al conocimiento de que en el interior está lo real, mientras que lo demás era únicamente un intento de encontrar en la construcción mental lo que anhelamos.


    Es decir, generamos en nuestra mente una imagen reflejo de todo lo que anhelamos encontrar y perseguimos su realización infructuosamente.


    Si consiguiéramos desapegarnos de ese deseo de alcanzar lo anhelado, dejaríamos de construir esa imagen que pretende satisfacer nuestra supuesta carencia.


    Entonces, nos permitiríamos dejar a un lado el intento y la angustia por no lograrlo, dejándonos libres para escuchar nuestro interior.


    Si uno mismo se encuentra en su interior, estaríamos tan plenos de nosotros mismos que podríamos preguntarnos sobre el sentido de permanecer en la vida humana, incluso querer desaparecer.


    Quizás un instante antes de marchar, uno se pregunte: ¿por qué he venido a esta realidad humana que no me representa?


    ¿Qué utilidad puede tener vivir algo en lo que no creo?


    ¿Cómo poder transmitir y compartir ese estado de calma y paz interior con los demás cuando uno sabe que no sirve para nada, que si acaso construirán una nueva forma en sus mentes?


    Se puede compartir este conocimiento, pero lo más probable es que sirva de combustible para que otra mente siga generando ideas y pensamientos.


    Nosotros mismos podremos creernos que, por tener tales pensamientos, estamos verdaderamente avanzando hacia lo real.


    Cuando logramos ese contacto con la Verdad, sabemos que no hemos de darle más recorrido a la ilusión de que es posible retener y poseer a la Verdad en nuestra mente.


    Al contrario, cuando lo soltamos todo es cuando la Verdad puede manifestarse, viendo con claridad que estamos integrados en ella.


    Hay como dos formas de enfrentar esos anhelos de ser.

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    16 min
  • Afianzar el despertar
    Aug 24 2026

    Iniciamos una nueva reflexión soltando todo para prestar atención directamente a ese ser que ya hemos identificado en nuestro interior, en un lugar fuera del espacio y del tiempo, gracias a la destreza adquirida y al nuevo hábito adquirido.


    Como esos monjes que se retiran de lo humano para dedicarle toda la atención a lo que el interior les pueda transmitir.


    Al hacer esto, siguen siendo ellos mismos; ni necesitan de ninguna condición humana, ni de ningún conocimiento precedente. Saben que la respuesta a todo ha de estar en lo único que son invariablemente.


    Somos eso antes de cualquier suceso pasado y lo seguiremos siendo después de toda la experiencia humana.


    Si nos enfocamos completamente en esa realidad, podremos soltarlo todo, ya que no necesitaremos prestar atención a ningún pensamiento en nuestra mente.


    Todas las sensaciones físicas, que proceden de nuestras células, también se pueden enfocar en ese interior que, sin duda, nos sostiene y ha de ser real.


    Una vez enfocados de ese modo, podemos llevar esa sensación de ser a todas las dimensiones que nos rodean. Se trata de una forma diferente de percibir el entorno en el que habitamos, como desde dentro.


    Especialmente a esa vida humana que estamos transitando, en la que podemos observar que todos los eventos van llegando y se van marchando.


    Podemos hacerlo incluso si queremos escapar de la vida humana, si es que esta nos ha llevado al límite de nuestro aguante.


    Esta forma de contemplar la vida humana nos permite separarnos realmente, ya que veremos con claridad que no somos lo que nos ocurre en ella, ni los sucesos, ni los juicios, ni nuestra realidad corporal, siendo todo ello como una experiencia en la que uno entra y se va, como una atracción de feria.


    Quizás no sepamos nada, ni el porqué estamos aquí, ni qué sentido tiene participar en algo que no somos y pasa. Quizás sigamos ignorando todo, pero ya habremos reconocido que somos una realidad interior inmersa en una realidad humana.


    Vamos a unificarnos en la única intención de hacernos presentes en la vida humana, puesto que en ella estamos.


    No se trata de conseguir nada que tenga que ver con lo humano. No se trata de tener ningún beneficio del tipo que sea que pueda incorporarse a nuestra idea de yo. Ni con lo que pasa o deseo que pase.


    Realmente nos costará mucho trabajo y atención no darle un interés humano a lo que hacemos, aun cuando creamos que lo hacemos.


    Se requiere una completa desnudez de todo, una entrega completa al ser real interior que se percibe en el silencio.


    Lo único que puede permitirnos enlazar con la Verdad es soltar todas las adherencias adquiridas de forma natural y previsible desde que aparecimos como seres humanos.


    No puede haber ningún resquicio donde nos guardemos nada para interés de nuestra idea de yo humano.


    Podría parecer al lector, y a mí mismo, que estas palabras tienen un objetivo humano con respecto a la identidad que estoy desplegando al escribir estos textos.


    Sin duda podría parecerlo.


    Sin embargo, en el momento de hacerlo, únicamente doy salida a lo que mi interior me deja percibir desde la sensación interior de ser real y verdad.


    Esto se consigue porque el fluir es completo, hacia esa realidad que se percibe desde el interior que nos rodea, unas veces en medio de seres humanos, otras veces en medio de la naturaleza, debajo del agua o en cualquier lugar.


    Siempre hay un interior real, inmanifestado, que está rodeado de una realidad manifestada, independientemente de la forma en que lo haga. Puede ser en el plano físico, emocional y en todos ellos.


    Si nuestra entrega no fuese completa, nos guardaríamos algo para uno mismo que forma parte de lo manifestado. Quizás esa duda o ese juicio sobre lo que hacemos y lo que otros pudieran pensar.


    Entonces, es el momento de utilizar ese resquicio para afianzarnos en la fe, de que no queremos nada, para volver al centro donde todo se ha de soltar.

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    12 min
  • Cuando despertar deja de ser un pensamiento
    Aug 19 2026

    Cuando despertar deja de ser un pensamiento


    No hay un verdadero camino interior sin constancia y continuidad.


    El camino interior se basa en la permanencia en una realidad superior, más real y presente, una realidad que toma por completo el protagonismo de toda nuestra vida, que comanda nuestra forma de estar y manifestarnos, también como seres humanos.


    El camino interior no puede ser casual o accidental. Ha de basarse en un despertar de la consciencia de ser una realidad interior al margen de la variabilidad de la vida, del nacimiento y de la muerte.


    El ser consciente, en el camino interior, es ser testigo del tránsito por la vida como un fenómeno que no nos define, ni con el que nos encontraremos identificados.


    Por esos motivos, no se entiende que el camino interior pueda ser atendido cuando la vida nos da un respiro, ni para satisfacer las necesidades de nuestra “idea de yo adquirida”, sino que ha de ser la raíz de toda nuestra presencia en nuestra vida humana.


    Cuando despertamos del sueño humano no hay vuelta atrás. Sabremos que estaremos involucrados en lo humano solamente por un tiempo y no depositaremos aquí ninguna esperanza de alcanzar el auto conocimiento basado exclusivamente en nuestra adherencia a nuestro cuerpo.


    El camino interior es literalmente eso, recorrer la senda de ir reconociendo la sensación de ser Verdad.


    Nuestro interior se desvela cuando mostramos un permanente interés en percibirlo, en reconocerlo como la realidad que es.


    No cuando la vida me deprime y necesito salir del abatimiento. No cuando quiero llegar muy alto.


    Nuestro interior permanece y se mantiene en la Verdad, mientras llega el momento en que nos soltamos de todas las imágenes en nuestra mente, de todos los reflejos en el espejo.


    El camino interior es volcar toda nuestra mirada en reconocer la Verdad que hay dentro.


    Es cuando se ilumina la sensación de ser algo muy diferente a nada que hayamos pensado, ni podremos pensar.


    Entonces, el reconocimiento de esa realidad presente, y latente, se convierte en nuestro Sol central que nos ilumina y da calor.


    Es posible que surja el pensamiento de estar dejando a un lado todo lo que se entiende como disfrutar dela vida, todas las pasiones y objetivos, todas las actividades que nos causan disfrute, por las que dedicamos gran parte de nuestra energía, rechazando unas y persiguiendo otras.


    Sin embargo, cuando entramos verdaderamente en el camino interior, nuestra presencia consciente en nuestro ser verdadero se convierte en nuestro mayor deseo, en nuestra más grata necesidad, tan sencilla de alcanzar y disfrutar, como que está en nuestro pecho, en un lugar del que nunca saldremos.


    La sensación de ser uno mismo es algo que nos hace brillar por dentro, que lo alcanza todo, nuestros pensamientos y emociones, y que si lo permitimos se extenderá en todas las direcciones.


    De esa manera, nos damos cuenta de lo interesante que es estar en uno mismo de manera real. Una realidad que únicamente necesita de nuestro “darnos cuenta” para que permanezca en adelante.


    Todas las sensaciones interiores sobre una realidad anhelada que hemos vertido en lo humano infructuosamente, ahora se recomponen, y sin ninguna duda, reconocemos dentro que siempre han formado parte de nuestro ser real. Completamente a nuestro alcance, como en este momento.


    De repente se nos muestra todo aquello que hemos anhelado y buscado, para comprobar que está dentro, que forma parte de nuestra realidad interior.


    Todo aquello que nos impulso a volcarnos en nuestra vida humana está integrado en nuestro interior.


    No se trata de una visualización, ni de satisfacer nuestros deseos, es directamente experimentar la inutilidad de nuestra búsqueda y la “realidad” de lo que ahora percibimos, mucho más real que todo lo que vivimos como seres humanos.


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  • Reconocer y permanecer en el Ser
    Jul 23 2026

    Reconocer y permanecer en el Ser


    En la vida natural humana, nuestra consciencia despierta adherida, e inmersa, en un cuerpo físico, que dispone de la capacidad de percibir el medio externo y el medio interno.


    A través de esas percepciones, reconocemos nuestra individualidad, en base al hecho de disponer de un cuerpo autónomo.


    Nuestra idea de realidad y de identidad, se construyen en base a esas percepciones.


    Si aceptamos que antes que el cuerpo existe una consciencia que se ha de adaptar a esa realidad corporal, comprenderemos las limitaciones que la consciencia ha de asumir para identificarse con lo humano.


    Existe entonces un espacio medible entre la consciencia y lo que aprendemos que somos.


    Inevitablemente, nos adherimos a la única realidad a nuestro alcance en esos momentos, ya que del modo que sea, hemos olvidado la propia identidad de nuestra consciencia.


    Durante mucho tiempo estaremos intentando encontrar en lo humano, en lo corporal y físico, la realidad completa de lo que la consciencia es, ya que hemos desarrollado el hábito de identificar como real, lo que podemos ver y tocar.


    La consciencia libre de todo, carece de límites y formas, y a su vez, es plena, ilimitada e incondicional.


    Con el tiempo comprendemos que el espacio material y humano, no van a servirnos para recuperar el estado de la consciencia plena.


    En un estado maduro, humano, dejamos de culpar al mundo por no lograr lo que nuestro interior anhela, para finalmente comprender dos cosas:


    • La legitimidad del anhelo de perfección
    • La incapacidad de que la realidad material, por si misma, satisfaga esos anhelos


    Estos dos puntos, son fundamentales para emprender la búsqueda de uno mismo y la Verdad. Son el principio del camino interior.


    ¡Qué importante es no pedirle a la vida lo que no puede darnos!


    ¡Qué descubrimiento tan trascendente es comprender que lo que le pedimos a la vida y buscamos, es nuestra realidad interior que se busca a sí misma!


    Si ya sabemos que lo que buscamos “no es de este mundo”, entonces, dejaremos de pedírselo e iremos a buscarlo donde realmente está.


    Nuestra meditación se elevará en potencia, ya que no estaremos pendientes de que algo surge en nuestra mente, de que algo ocurra en la vida exterior. Estaremos completamente atentos a nuestro interior reconociendo su realidad. Por muy vacía que le pueda parecer a nuestro “hábito de pensar”.


    Pronto nos daremos cuenta que ese contacto con uno mismo adquiere un matiz de realidad inesperado, ya que nos percibimos íntimamente y nos sabemos presentes, y estamos reconociendo que realmente es nuestro interior, lo real, y lo anhelado.


    Aprendemos la destreza de dirigirnos directamente a ese ser que somos, mientras todo lo humano y mental dejan de llamarnos la atención.


    Muy aconsejable utilizar la inhalación “infinita”, tomando el aire por la nariz, como por un hilo, lenta y profundamente, como si oliéramos el perfume de una rosa, de principio a fin.


    El aire va llenando nuestros pulmones sin presionar, que sea el disfrute de oler la fragancia lo que nos lleva a tomar más aire.


    Pareciera que no estamos tomando aire y que nuestra capacidad fuera infinita.


    Cuando los pulmones estén llenos, si forzar nunca, el aire lo dejaremos salir como si lo entregásemos suavemente a todo nuestro cuerpo. Podemos sentir que se lo entregamos a todas nuestras células.


    Toda nuestra mente enfocada en ese interior profundo que disfruta de la fragancia al inhalar y de la sensación de entregarla a nuestro cuerpo.


    Ese lugar donde percibimos el efecto de la inhalación, es el lugar donde existimos y siempre ha estado, desde antes de asimilar el conocimiento material y humano.


    Podemos constatar, que podemos seguir percibiendo nuestra presencia permanente, aun cuando no tengamos en nuestra mente ningún pensamiento o recuerdo.


    Olvidamos nuestra identidad ser, para asimilarnos a una identidad efímera y fugaz, que solo se soporta en base a disponer de un cuerpo, y mientras este dure.


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