Separarnos del espejo
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Separarnos del espejo
Aún con la experiencia en el camino interior, en el que ya tenemos una base interior con la que nos identificamos, seguimos confrontados día a día con la naturaleza cambiante del ser humano que transitamos.
Seguimos sumergidos en las leyes del cambio, incluso cuando se trata de un posicionamiento interior con respecto a mantenernos en esa base estable.
Aunque nuestra intención sea mantenernos en la realidad interior, vemos, que nuestros puntos de vista, nuestros estado emocionales, siguen en una evolución mayoritariamente basada en nuestro estado como seres humanos.
Hay algo más profundo que aún es necesario descubrir, ya que seguimos afectados por las causas externas.
Quizás sea precisamente las leyes del cambio las que nos ayudarán a encontrar nuestra naturaleza real.
Si todo fuese estático, ¿cómo podríamos diferenciarnos?
Si estamos sumergidos en agua en calma, no podremos percibir qué es lo que somos, no sentiremos el movimiento del agua.
Las interacciones con la vida humana son las que provocan un diferenciarnos de ello, en la medida en que no nos sentimos plenamente integrados.
Son los desencuentros con la vida los que nos llevan a darnos cuenta de que no somos realmente lo que nos percibimos como seres humanos.
De esa manera, la muerte, es el cambio más trascendental y que más nos confronta, ya que es el hecho con el que menos nos podemos identificar.
Vemos entonces, que todo son intentos de tener en lo humano, la realidad del cambio, todo aquello que desde nuestro interior es real y anhelamos manifestar en nuestra vida.
Uno puede encontrar en lo humano la expresión máxima del amor y sin embargo, se pierde.
¿Qué es lo que he perdido?
He perdido una expresión que cambia.
¿Donde está la raíz de eso que pretendemos manifestar?
Está en nuestro interior, que se aferra a querer ver y tocar algo que es interior.
Es duro tener que reconocer que el cambio es justamente nuestra guía.
La guía que nos indica que eso a lo que nos aferramos no es real, es solo una proyección de nuestro interior, ya que todo ello pasa.
Lo real, es la capacidad de permanecer presentes observando lo que cambia, lo que llega y se va.
En el no poder retener nada está la constatación de todo esto. Únicamente queda el que observa que lo pierde todo, según su creencia de haber tenido algo.
El que anhela algo, está antes, durante y después.
La guía del cambio, lo que nos indica, que dentro de nosotros está el que quiere encontrar algo que no logra coger, ya que lo pierde y no puede hacer otra cosa, que reconocerse en sí mismo al que busca.
Cuando uno se da cuenta de que nos buscamos en actos externos como mediadores de ser, y que es uno mismo el que lo está buscando, podríamos llegar a la conclusión de la inutilidad de hacerlo, ya que el logro es efímero, mientras que el que intenta buscarlo siempre ha estado antes del primer movimiento.
Uno es el amor que busca.
Es posible que ese amor se vea reflejado en un hecho exterior, pero simplemente nos estamos reflejando, ya que es un estado interior.
Si insistimos en ser el reflejo del hecho exterior como tal, recibiremos la frustración que el cambio nos traerá.
Cuando reconocemos que no necesitamos reflejarnos en hechos externos, podemos sostener ese “amor” en uno mismo y permanecer en su realidad. Del mismo modo, podemos percibirnos en el interior del otro, sin necesidad de reflejarlo, en palabras o actos.
Esas personas con las que comparto ese “amor” se sostendrá en el tiempo si seguimos sin reflejarlo en los demás, simplemente está.
Puede que esas personas desaparezcan y sin embargo, seguiremos percibiendo ese amor en nuestro interior, ya que nunca salió de allí, ni lo reconocíamos en el reflejo del otro.
Nuestra percepción de la realidad física y si nos hemos arrastrado hacia ella, será la única forma en que dejemos de prestar atención a la realidad interior.