Somos la paz que buscamos
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Somos la paz que buscamos
En estos días en los que tantas personas están despertando de este sueño humano, que parece no llevarnos a ningún sitio, que termina con la muerte, y en el que no logramos sentirnos verdaderamente vivos y reales, se hace necesario volver la mirada hacia nuestro interior, el único lugar que nos acompaña durante la vida.
Dedicarnos tiempo a descansar de las cosas de la vida para escucharnos a nosotros mismos sin el pensamiento de estar solos.
Realmente, cuanto más solos estamos, más posibilidades tenemos de estar con uno mismo. Aceptar la soledad, como la mejor manera de sentir nuestro interior es un gran paso para saber quién somos.
Algo que podemos tener muy claro son los innumerables tipos de estados en los que nos podemos encontrar, casi siempre, referido a las situaciones y sucesos que nos acaecen.
Todo lo que vivimos lo percibimos a través de nuestros sentidos y obtenemos la visión y el pensamiento de lo que sucede. En una vida en la que nos hemos identificado en gran medida por todo ello, es lógico que nos sintamos representados por los sucesos vividos.
Nos permitimos un pequeño margen para separarnos de esa identificación, de manera que somos como víctimas y esclavos de todo ello.
En la medida en que todo ese pensar en lo que nos ocurre nos absorbe, es en la medida en que no percibimos que nuestra realidad interior es verdadera, sino más bien una sensación incómoda que intentamos evitar.
Buscamos durante la vida lograr un estado estable inútilmente, zarandeados por los sucesos deseables e indeseables. Todo pasa y se nos escapa.
La vida pasa ante nuestra mirada y no logramos darnos tiempo para separarnos de todo ello para reconocer nuestra permanente realidad interior.
Nuestro ser interior asocia su realidad a los actos, acciones y metas en lo humano, como si algo de ello pudiera llevarnos a sentirnos reales en nuestro interior, que es desde donde iniciamos todas las acciones con la esperanza de que nos retorne lo que anhelamos desde dentro.
Nuestro interior nos manifiesta el deseo de lo permanente y perfecto, tiene vocación de ello y nos trasmite la necesidad de obtenerlo, mientras que no logramos hacer otra cosa que buscarlo en el mundo efímero, incapaz de satisfacernos interiormente.
Esta característica de nuestro interior de permanecer y estar en un estado perfecto es muy bueno que la identifiquemos y la conozcamos, pues es la causante de nuestra dependencia a todos los niveles con respecto a la realidad humana.
Una vez reconocemos que se trata de un anhelo de nuestro interior y nos demos cuenta de que realmente anhela su propia realidad, tendremos la posibilidad de estar con uno mismo con la mayor de la satisfacciones eliminado toda dependencia.
Sin duda alguna, ese anhelo ha de ser un recuerdo de una realidad diferente de la realidad humana y su característica material.
Así entendemos la expresión “estar en el mundo sin ser del mundo”.
Nuestra realidad interior es un estado de paz perfecta y es lo que encontramos en el momento en que nos demos cuanta de que somos ese ser interior que no es de este mundo.
La falta de paz es una característica inseparable de la realidad humana, característica que ha de ser indispensable para que anhelemos la realidad del ser interior.
Si no fuese por esa característica y ese recuerdo de la realidad del ser, seguramente vagaríamos eternamente por la realidad limitada del ser humano.
Esa paz está siempre dentro de todos como una opción a reconocer.
Si nos separamos de todas las cuestiones humanas, sabiendo que todo es efímero y termina, no tardaremos en recibir paz y lo que nuestro ser puede entregarnos.
Cuando queremos tener paz, hemos de meditar con la paz interior, no es necesario hacer nada por la paz, ya que es el estado natural de nuestro ser interior.
Podremos observar, que algo que está de forma natural, forma parte de nuestro ser sin más.
Continúa,....