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Lecturas del Bosque

Lecturas del Bosque

Di: Camilo Vadillo
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Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.

Camilo Vadillo
Arte Storia e critica della letteratura
  • #37 Hijo de mil hombres - Valter Hugo Mãe
    Oct 19 2026

    Hijo de mil hombres, de Valter Hugo Mae, es, principalmente, un libro sobre el sentido de pertenencia.


    De pertenecer a un lugar, por desquiciado que sea. De formar parte de una comunidad que nos potencie, que nos agrande, que nos haga el doble, el triple de lo que somos. De ser parte de un grupo de personas con las que compartir tiempo, techo y pan, haga del tiempo más que apenas tiempo, haga de la casa un hogar… de la mesa, un lugar de comunión.


    Por el título, Hijo de mil hombres, uno podría pensar que cuenta la historia de una persona que tiene muchos padres, pero en realidad, el libro no tiene un solo protagonista, son varios:


    Tenemos a Crisóstomo, por ejemplo, un pescador parecido a Geppetto, que añoraba tener un hijo a quien cuidar. Tenemos Isaura, una mujer, que aún teniendo el nombre más lindo del mundo, vivía aislada de la belleza la vida sí puede ofrecer. Tenemos a Antonino y su madre, que sufrían todo tipo de angustias porque resulta que él era un ser especialmente emocional y sensible, que no podía evitar sentirse atraído por la fuerza bruta y viril de otros hombres.

    Y tenemos a Camilo, un huérfano que va aprendiendo de los errores de unos y de los aciertos de otros. Y también tenemos a un viudo reciente, incapaz de prepararse un almuerzo, a una Rosinha enamorada, y a una enanita de sueños enormes.


    Al principio las historias van apareciendo de forma independiente, como si cada una tuviera su cuento corto en capítulos separados, que en el desenlace del libro se van encontrando y reencontrando.


    Lo que los une es la soledad, un cierto sentimiento de desconexión con su entorno, las ganas de querer saber qué es el amor, dónde se encuentra, quiénes son los seres felices de este mundo y cómo serlo también.


    El libro a momentos puede sentirse extremadamente sentimental o sensible, como Antonino. Pero solo a momentos, principalmente cuando el narrador describe los purísimos sentimientos de Crisóstomo, que además es un tipo tan, pero tan bueno, que queda casi desprovisto de toda humanidad.


    Pero también tiene episodios exquisitos, que disfruté muchísimo leer. Como cuando narra el desencanto de las viejas del pueblo con la enanita sin nombre, a la que consideraban una mujer de juguete, como de alasitas, cuando descubrieron que tenía una cama de dos plazas y media y que soñaba con un hombre de tamaño normal.


    O el episodio del viejo recién enviudado, que con la ayuda de un vecino va a tocar la puerta de Rosinha, a la que no conoce, pero a la que pretende proponerle matrimonio inmediatamente. Un matrimonio por interés. Interés mutuo. Un intercambio, un trueque. Los cuidados de Rosinha a cambio de la herencia. El viejo le dejaría su casa, sus vastas tierras y todas sus posesiones, incluyendo una gallina extraordinaria, del tamaño de un avestruz, que apareció en su patio una noche de lluvia, y que desde entonces es admirada y querida por el viejo que la encontró, pero a la que Rosinha, sin embargo, solo piensa en cocinar.


    Lo que más me gustó del libro, porque me pareció diferente, es que no es una historia de lucha resiliente y dura frente a lo difícil que puede ser la vida.


    Al contrario, es una historia sobre la fortaleza que existe en la vulnerabilidad. No nos cuenta la historia de un héroe parecido a Teseo, que sale al mundo para batallar demonios y que encuentra el tesoro prometido tras decapitar a un temible dragón. No, antes bien, nos muestra la virtud de la espera, de la esperanza, de la belleza que se esconde en la posibilidad de que un pequeño cambio de perspectiva pueda ser suficiente, y definitivo, para cambiar el mundo, nuestro mundo.


    Es un cambio que no proviene de la lucha, sino de la paz. No de la búsqueda, sino del encuentro. Viene de la aceptación, sin que esto signifique resignarse o rendirse.

    Y puede que sea demasiado optimista, y puede que nos parezca irreal. Pero está bien, porque después de todo, la literatura no es tan solo espejo, crítica, y protesta, también puede ser refugio, protección, y consuelo.


    Y eso es lo que nos propone Valter Hugo Mae. Agarrar este mundo de crueldades y envolverlo en la belleza del lenguaje, de la ternura, de la simplicidad, del amor. Acompañarnos, cuidarnos los unos a los otros, porque considerarnos hijos de mil padres, y padres de mil hijos ya podría hacer de este un mundo mejor.



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    7 min
  • #36 La palabra del mudo - Julio Ribeyro
    Sep 3 2026
    En cada uno de nosotros existe un rincón interior en el que quedan apiladas anécdotas y recuerdos que nos impresionaron, que nos conmovieron, que nos dieron rabia, que nos hicieron o reír o llorar, y que, de tanto en tanto, reaparecen en nuestra memoria para recordarnos de qué se trata la vida.Una parte de esa compilación son recuerdos de cosas vividas por nosotros mismos; pero otra parte no. Son cosas que hemos leído, o el chisme de un vecino, o la anécdota de un amigo, la aventura de un tío, los recuerdos de la abuela. Sus historias se vuelven nuestras, y nosotros las volvemos a contar para compartir las emociones o visiones que causaron.Y otras veces ni siquiera son historias, sino simplemente un olor, un sabor, una melodía. La materia prima de sueños y pesadillas.Y es así como funcionan los cuentos de Julio Ramón Ribeyro; quizás por eso es que se sientan tan íntimos y tan propios: porque son como un episodio de esos que llevamos guardados dentro.Sus personajes se sienten familiares y cercanos; uno conecta con ellos en el acto: el viejo cruel que maltrata a sus nietos para alimentar el hambre voraz de un puerco que se llama Pascual, el colchonero que sería capaz de vender a su hija por dos pesos, el amigo que se muere de envidia por la mujer del otro, el logiero que se pasa la vida sin saber por qué hace lo que hace, el borrachín que no trabaja porque estudió para gerente… Todos nos recuerdan a algún familiar, a algún conocido o a alguna de las tantas personas que fuimos una vez.Así, en su antología La palabra del mudo, hay diferentes tipos de cuentos. Unos divertidos, como el cuento de la chicha valiosísima que guardaba una familia desde hace años, esperando la ocasión especial para compartirla, y que un día, por necesidad adolescente, el hijo quiere vender para generar flujo de caja, y que por cosas de la vida, en vez de degustada, termina orinada por un perro.Otros son curiosos, como el cuento de un artista que, obsesionado con la idea de que para cada uno de nosotros existe por lo menos una persona exactamente igual en este mundo, se lanza en una viaje de búsqueda que fracasa con todo éxito, pero en el que, sin embargo, encuentra el espejismo del amor, y que, al volver a casa, descubre que ha sido suplantado.Tiene cuentos sublevantes también, como «Al pier del acantilado», que narra la historia de don Leandro y sus dos hijos, que, como tanta gente, son empujados a las afueras de las afueras mientras buscan cómo hacerle para subsistir. Este cuento tiene la apertura más linda de todas, en la que Don Leandro, que hace de narrador, se compara con la higuerilla: una planta resiliente que lo aguanta todo, pero a la que también se la considera una maleza, una hierba mala e invasora.Escuchen cómo comienza:«Nosotros somos como la higuerilla, como esa planta salvaje que brota y se multiplica en los lugares más amargos y escarpados. Véanla cómo crece en el arenal, sobre el canto rodado, en las acequias sin riego, en el desmonte, alrededor de los muladares. Ella no pide favores a nadie; pide tan solo un pedazo de espacio para sobrevivir. No le dan tregua el sol ni la sal de los vientos del mar, la pisan los hombres y los tractores, pero la higuerilla sigue creciendo, propagándose, alimentándose de piedras y de basura. Por eso digo que somos como la higuerilla nosotros, la gente del pueblo.»¿Bonito, no?Escribe con una ternura sutil, con mesura, tanto en el humor como en las desgracias que a veces nos muestra; como si el narrador se preocupara hasta por el más desalmado de sus personajes, con cierto respeto por la vida, que se pinta venerable e incomprensible, que a su vez es ilusión y desencanto, bella fantasía y triste realidad, que tan pronto nos da como nos quita.Es esa sutilidad y mesura, esa dignidad que cobra la vida incluso en sus más duros desencantos, lo que más me gusta de los cuentos de Julio Ribeyro.Uno de los cuentos que más me gustó se llama «El profesor suplente».El cuento empieza cuando un político/profesor irrumpe de pronto en la casa de un matrimonio que ocupaba las últimas horas de la tarde ejerciendo el placer universal de quejarse, que motivos nunca faltan.El tipo que entra inmediatamente me hace acuerdo al meritísimo juez Siqueira, lumbrera del saber y mentor del pícaro poeta que narra la historia de mi querido capitán de ultramar.Entra entonces el meritísimo juez en su versión limeña: entra feliz de la vida y, antes de que nadie pueda hablar, anuncia que se tiene que ir ya mismo de viaje, quién sabe, tal vez a perderse en la dorada piel de la disimulada Dondoca, lo que explicaría su estado de exaltación.Antes de que le puedan responder, le dice al dueño de casa que por fin había llegado su oportunidad, que tiene que suplantarlo en las clases del colegio durante su ausencia, que un hombre de su calidad no puede ser un simple cobrador, que este puede ser el inicio de una brillante carrera, que él siempre supo que en ...
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    18 min
  • #35 Temporada de huracanes - Fernanda Melchor
    Jul 26 2026

    La verdad es que después de leer La cabeza del santo, me dieron ganas de leer otro libro escrito por una mujer.

    Primero busqué entre los clásicos y me decidí por El cuento de la criada, pero confieso que no me gustó. No me gustó en el mismo sentido en que no me gustó 1984, por ejemplo. Son libros que me gusta haberlos leído, como para poder conversar, como por cultura general; pero que no disfruté el proceso de leerlos, como historia, como literatura, como novela.

    Entonces me acordé de que Tanja me había recomendado Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, y resultó ser de lo mejor que he leído últimamente.

    El libro empieza con un tipo de introducción que se siente cinematográfica, en la que unos niños, jugando en medio de los canales de riego de un ingenio, descubren un cuerpo humano degollado y en descomposición.

    A partir de ahí, el libro narra, desde diferentes perspectivas, las historias de las personas y circunstancias que rodean esta muerte brutal.

    El relato avanza a un ritmo febril, incómodo pero hipnótico. Con frases larguísimas que parecen abarcar el capítulo entero; con un abuso magistral de las “y”, y de los “que”, para unir una cosa con la otra, para ir regulando la historia, que se siente como un cuento oral, que va saliendo como un torrente, y que no deja de salir, con cierto sentido de urgencia, de nota roja, o hasta de chisme. Como si alguien te la estuviera contando después de almuerzo, en la cocina, o en el banco de alguna plaza colonial, la que antiguamente pudo estar poblada de frondosos árboles, con nombres que se han ido olvidando y perdiendo, y en la que ahora, desnuda e indefensa, rebota y revienta un olor a orines y el calor del sol.

    Ese ritmo frenético está muy bien logrado, la historia te succiona y no se puede dejar de leer.

    Otra de las grandes virtudes de la novela es que logra tocar temas muy delicados sin que se convierta en un sermón. Habla sobre el machismo, sobre el aborto, sobre la pobreza, las drogas, la violencia, etc. y lo hace sin que uno se sienta como en un aula magistral en la que intentan explicarte como funciona el mundo y por qué todas las desgracias que les suceden a los personajes son culpa del gobierno, o del patriarcado, o del capitalismo salvaje o de cualquier otro enemigo de poderes invencibles y de presencia omnipresente.

    En temporada de huracanes los personajes son complejos, se sienten reales, se sienten de verdad. No se sienten como figuras caricaturescas y panfletarias que simplemente existen para probar un punto ya resuelto de antemano por el autor.

    La bruja, por ejemplo, es víctima de las habladurías y hasta del desprecio del pueblo. Pero al mismo tiempo tiene una relación de complicidad con las mujeres que la visitan a escondidas: la bruja las ayuda y las escucha cuando nadie más está dispuesto a hacerlo. Y sin embargo, la Bruja está lejos de ser la típica pobre víctima inocente. Al parecer, intercambia favores sexuales con los adolescentes a cambio de droga y dinero. En el tiempo presente de la narración la Bruja tiene 45 años, y los chicos que la visitan todavía van a la escuela. Luismi tiene 18 y se sobreentiende que ya hace un tiempo que tienen una historia. Y para aumentar las contradicciones todavía más, esos chicos son los mismos que después la roban y ultrajan.

    La relaciones e interrelaciones entre estos personajes y sus circunstancias son complejas, como la vida, y el narrador no los juzga o los utiliza para demostrar un punto. Simplemente nos cuenta sus historias, sus miserias, sus pequeños sueños.

    En resumen, Temporada de huracanes no se siente como si nos intenten embutir respuestas prefabricadas, sino generar reflexión al problematizar un tema. Fernanda Melchor, de manera inteligente te va mostrando lo que te quiere mostrar, para que uno mismo se pueda preguntar:

    ¿Por qué la abuela de Yesenia maltrata a sus hijas y nietas mientras adula a su hijo y a su nieto? ¿Por qué Brandon siente tanto pánico de ser considerado poco hombre por sus amigos? ¿Por qué tantos niños crecen sin padre? ¿Por qué las chicas tienen que recurrir al burdel? ¿De dónde sale tanta miseria ? ¿Y qué es la maldad? ¿Y qué hacer?¿Y por qué Norma se siente culpable? ¿Y por qué tienen que pasar estas cosas? ¿Y dónde está la familia tradicional como red de apoyo y seguridad? ¿Dónde está el Estado? ¿Dónde está Dios?¿Y por qué la vida, cuya belleza hemos defendido tanto, se vuelve de pronto un laberinto de terror, del que no se puede ni salir ni escapar?




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    7 min
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