En este episodio seguimos reflexionando sobre el inicio de 2026, hablamos de cómo dejar de planificar solo objetivos y empezar a construir una identidad. Cómo alinear tu agenda, tus decisiones y tus hábitos con la persona que querés ser en 2026. Identidad, valores, planificación consciente y pequeños pasos constantes. Una invitación a soñar en grande y a empezar hoy, con coherencia y propósito.
00:00 Comienzo
00:50 Arrancá definiendo la identidad
03:02 Objetivos que se transforman en agenda
04:39 Lista de valores y compromisos
07:00 Separá el año por trimestres
08:21 Soñá en grande, pero de a pasos chicos
Abrazá un propósito. ¡Desafía al mundo e inspirá a otros!
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Te dejo un resumen del podcast:
Seguimos hablando de cómo construir un 2026 alineado con la identidad y los valores que queremos vivir. Hoy quiero compartir algunas ideas más que para mí son claves. La primera es dejar de arrancar desde los objetivos y empezar desde la identidad. En lugar de preguntarme qué quiero lograr, prefiero preguntarme en quién quiero convertirme o a quién quiero parecerme cuando termine el año. Es más desafiante, pero también mucho más inspirador y profundo.
Yo me planteo la identidad en tres áreas: la personal, la profesional y la espiritual. En lo personal, por ejemplo, me propongo ser un esposo presente. Para mí eso no es tan simple, porque soy inquieto, me cuesta quedarme quieto, escuchar con atención y estar emocionalmente disponible. Por eso me ayuda decirlo en tiempo presente: soy un esposo presente. No es algo que voy a intentar, es algo que declaro y practico.
En lo profesional, mi identidad es ser un líder que inspira, que lidera con valores y que motiva a otros a crecer, a soñar y a animarse a hacer locuras con propósito. Proyectos sanos, negocios que trasciendan y generen impacto. Y en lo espiritual, mi identidad tiene que ver con poner a Dios en el centro, vivir con coherencia, con gratitud y con un espíritu de servicio, buscando bendecir a otras personas.
Cuando partimos desde la identidad, los objetivos aparecen solos. Ya no quedan como deseos sueltos, sino como expresiones concretas de quién estoy eligiendo ser. Y esos objetivos, tarde o temprano, terminan ocupando espacio en la agenda. La agenda y la billetera son reflejos directos de nuestros valores: donde ponemos tiempo y dinero, mostramos qué es importante para nosotros.
Aprendí que lo que no está en el calendario tiene pocas chances de suceder. En cambio, cuando algo ocupa un lugar, aunque sea dentro de varios meses, es muy probable que ocurra. Por eso me gusta planificar empezando por las piedras grandes: la familia, el descanso, lo esencial. Después vienen las piedras medianas, las pequeñas y, por último, la arena.
Trabajo mucho con listas, colores y categorías. Bajo todo a papel y voy armando el año mes por mes, primero con lo más importante y después con lo accesorio. Así termino teniendo una visión clara de todo el año y de dónde voy a estar en cada etapa.
Otra práctica que ayuda mucho es mirar el año por trimestres. Cerrar cada trimestre, revisar qué funcionó, qué no y qué ajustar. Eso también vale para lo personal, no solo para el trabajo. Y algo que me cuesta, pero es clave, es celebrar. Reconocer avances, darse una palmada en la espalda y agradecer.
Para cerrar, soñá en grande. Tené metas ambiciosas y una lista de sueños. Pero recordá que todo se construye dando el primer paso. Los proyectos grandes se logran a base de pasos pequeños y constantes. Deseo de corazón que esto nos ayude a vivir un 2026 coherente con la identidad que elegimos y que, al mirar atrás, podamos decir que estamos más cerca de la persona que declaramos ser.