LA VERDAD Y LAS MAYORÍAS
De las homilías de San Atanasio de Alejandría
¡Cuán admirable es la fuerza de la Verdad! Sí, la Verdad es siempre vencedora, aunque no esté sostenida sino por un número muy pequeño.
De Dios debemos esperar la fuerza y las luces necesarias para combatir la mentira y el error, y a Él recurriremos para obtenerlas. Él es el Dios de la Verdad, Él nos ha sacado del seno del error y de la ilusión, Él nos dice en el fondo del corazón: "Yo soy la Verdad", Él sostiene nuestra esperanza y anima nuestro celo, cuando nos dice: "Tened confianza, Yo he vencido al mundo".
Después de eso, ¿cómo no sentir compasión por los que sólo miden la fuerza
y el poder de la Verdad por la grandeza de las mayorías? ¿Han olvidado que Nuestro Señor Jesucristo no eligió sino doce discípulos, gentes simples, sin letras, pobres e ignorantes, para oponerlos al mundo entero y que les dio únicamente como defensa su confianza en Él?
No tener otro recurso sino el gran número, recurrir a él como a una muralla contra todos los ataques, y como a una respuesta para todas las dificultades, es reconocer la debilidad de la causa, es convenir en la imposibilidad de que si se tiene que defender, es, en una palabra, reconocerse vencido. Que vuestra mayoría me presente la Verdad en toda su pureza y su brillo, y estaré dispuesto a rendirme; pero que no me dé como prueba y razón nada más la autoridad de la mayoría: con esto me pueden causar terror y hasta dar miedo, pero de ningún modo persuadirme.
Cuando diez mil hombres se hubiesen reunido para hacerme creer en pleno día que es de noche, para hacerme aceptar una moneda de cobre por una moneda de oro, para persuadirme a tomar un veneno conocido como un alimento útil y conveniente, ¿estaría obligado por eso a creerles?
Por consiguiente, puesto que no estoy obligado a creer en la mayoría, que está sujeto a error en las cosas puramente terrestres, ¿Por qué cuando se trata de moral y religión, y de las cosas del cielo, estaría yo obligado a abandonar a la Tradición de los Padres, lo que se ha creído en los siglos más remotos, y está confirmado además, por la Sagrada Escritura? ¿Por qué, digo, estaría yo obligado a abandonarlos para seguir a una multitud que no da ninguna prueba de lo que afirma?
El Señor mismo nos dijo que había muchos llamados, pero pocos escogidos; que la puerta de la vida es pequeña y estrecha, y que son pocos los que la encuentran. Por consiguiente, ¿cuál es el hombre razonable que no prefiriese ser de este pequeño número, que entra a la vida eterna por ese camino estrecho, a ser del gran número que corre y se precipita a la muerte por el camino ancho? ¿Quién de vosotros, si hubiese estado en los tiempos en que
San Esteban fue lapidado y expuesto a los insultos del gran número, no hubiese preferido e incluso no hubiese deseado ser de su partido, aunque él estuviese solo, antes que seguir al pueblo, que por el testimonio y la autoridad de la multitud creía estar en la verdad?
"No sigáis la muchedumbre para obrar mal, ni el juicio te acomodes al parecer del mayor número, si con ello te desvías de la verdad" .
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