• La Gata Giannina | Escrita por Lucia & Marco Ciappelli (Versión en Español) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Historias Cortas Para Niños y Soñadores de Todas las Edades
    Jan 18 2026
    La Gata GianninaLa gata Giannina vivía en una casa con jardín. El muro del jardín colindaba con un parque donde los niños se reunían para jugar. El pueblo era pequeño pero encantador — desde los alféizares de las casas, macetas de geranios y petunias descendían como cascadas de colores.Su dueña, la Señora Mafalda, la llevaba a menudo a pasear por el centro del pueblo. Todos los niños la conocían, y en cuanto la veían, corrían a su encuentro para hacerle fiestas sin parar.Giannina era muy juguetona. Durante el día se divertía persiguiendo lagartijas, cazando insectos, mariposas y todo lo que se moviera. Para descansar se tumbaba al sol sobre las piedras calientes y luego iba a refrescarse entre la hierba. En el jardín, entre el granado, el limonero y el olivo de hojas plateadas, ella y Mafalda pasaban las tardes jugando juntas.Pero un día, Mafalda empezó a notar algo extraño. Giannina saltaba para cazar, pero fallaba la puntería y acababa entre los rosales. "¡Ay, ay, ay! ¡Me he pinchado y mi cola está enredada en las ramas!" maullaba. Esquivaba por milagro los árboles donde antes subía con total seguridad. Llegaba a los cuencos del agua y la comida con paso inseguro.Preocupada, Mafalda la llevó al Veterinario.Después de escuchar las extrañas aventuras de la gatita, el Doctor sonrió y con aire sabio dio su diagnóstico: "Esta gatita no ve bien. Necesita gafas."Dicho y hecho — en un abrir y cerrar de ojos, el veterinario buscó en una vitrina llena de monturas para mascotas y, al encontrar la perfecta, exclamó: "¡Aquí tenemos unas gafas dignas de una señora elegante!"En cuanto se las colocaron en su simpático hociquito, la gata miró a su alrededor maravillada. ¡Veía todo mucho más claro! Se frotó contra las piernas del Veterinario y saltó a los brazos de Mafalda como para darle las gracias.El Doctor, conmovido por su dulzura, le hizo un regalo especial: una cadenita dorada con una pequeña perla en el centro que brillaba con luz propia. Susurrando, le dijo: "Si cierras los ojos y tocas esta perla con tu naricita, obtendrás poderes mágicos que solo tú tendrás. Servirán para ayudar a los demás."Giannina pensó que quizás aquel Veterinario también era un Mago, pero no le dijo nada a Mafalda. Era un secreto entre ella y el extraño Doctor.De camino a casa, la gente se giraba para mirarla pensando: esa gata parece misteriosa, hay algo que destella a su alrededor.En casa, el primer deseo de Giannina fue subirse a una silla y ponerse a mirar por la ventana. Las flores brillaban en sus colores y hasta la hierba era de un verde reluciente, como cubierta de rocío. Sonreía más feliz que nunca.Mafalda, compartiendo su alegría, decidió llevarla al parque.Llegaron en un instante. Las ardillas correteaban por los árboles, los pajaritos volaban cantando de rama en rama. Pequeños animales aparecían por todas partes y los niños los seguían curiosos — corrían con las lagartijas, saltaban con las mariposas que danzaban en el aire, mientras las rojas mariquitas se posaban en su piel como amuletos de buena suerte.Después de carreras, resbalones y corros, los niños se sentaron en el césped para merendar. De sus mochilas de colores salieron aperitivos deliciosos.Fue entonces cuando llegaron."¡Vriiip! ¡Vriiip! ¡Vriiip!"A toda velocidad, un pelotón de hormigas pasó zumbando en minimotos rugientes. Llevaban pequeños cascos brillantes en la cabeza, gafitas redondas en los ojos y botitas diminutas en las patitas. Frenaron en seco delante de los niños, levantando nubecitas de polvo."¡Paso! ¡Nosotras también estamos aquí!" gritó la hormiga jefa, levantando la visera del casco. "¿Podemos recoger las migas?"Los niños se rieron a carcajadas. "¡Sí, sí! ¡Comed todas las migas que queráis!"Las hormigas aparcaron las minimotos en fila ordenada, se quitaron los cascos con gestos teatrales, y se pusieron a trabajar transportando migas del doble de su tamaño, cantando una cancioncilla de marcha.En esta atmósfera alegre, Giannina y Mafalda paseaban por los senderos. Y de repente, a su paso, los árboles inclinaron sus ramas en una reverencia y las hojas susurraron en señal de saludo. Las rosas en los parterres abrieron sus pétalos y comenzaron a cantar. Las lagartijas golpearon sus colas contra el suelo como si fuera un tambor: "¡Rattatatá! ¡Rattatatá!" Y los ciempiés se pusieron a bailar claqué al ritmo alegre."¡Cielos, qué gran alboroto!" exclamó Giannina, que empezaba a sentir un aura misteriosa a su alrededor.No pudo evitar pensar en el Veterinario Mago. ¿Cuáles podrían ser los poderes mágicos que poseía? ¿Y qué pasaría si tocaba la perla con su naricita?Se lo dijo a Mafalda, que llevaba un libro de cuentos bajo el brazo. Se miraron y, entendiéndose al vuelo, aprovecharon la ocasión.Giannina reunió a los niños en un corro. Algunos llegaron rápidamente, otros más tímidos se unieron con calma. También las hormigas, con la panza ...
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    11 min
  • Giannina The Cat | Written By Lucia & Marco Ciappelli (English Version) | Stories Sotto Le Stelle Podcast | Short Stories For Children And Dreamers Of All Ages
    Jan 18 2026
    Giannina the CatGiannina the cat lived in a house with a garden. The garden wall bordered a park where children gathered to play. The town was small but charming — from the windowsills of the houses, pots of geraniums and petunias tumbled down like colorful cascades.Her owner, Signora Mafalda, often took her around the town center. All the children knew her, and whenever they spotted her, they would run over and shower her with affection.Giannina was quite the little rascal. During the day she loved chasing lizards, hunting insects, butterflies, and anything that moved. To rest, she would stretch out in the sun on the warm stones, then cool off among the blades of grass. In the garden, among the pomegranate tree, the lemon tree, and the olive with its silvery leaves, she and Mafalda spent their afternoons playing together.But one day, Mafalda began to notice something strange. Giannina would leap to catch her prey, but she kept missing and ending up in the rose bushes. "Ow, ow, ow! I've pricked myself and my tail is tangled in the branches!" she meowed. She barely managed to dodge trees she used to climb with ease. She reached her food and water bowls with an uncertain gait.Worried, Mafalda took her to the Veterinarian.After listening to the little cat's strange adventures, the Doctor smiled and delivered his verdict with a wise air: "This little kitty can't see well. She needs glasses."No sooner said than done — in the blink of an eye, the veterinarian searched through a display case full of frames for pets and, finding the perfect one, exclaimed: "Here we are — a pair of glasses fit for an elegant lady!"As soon as they were placed on Giannina's sweet little snout, the cat looked around in wonder. She could see everything so clearly! She rubbed against the Veterinarian's legs and leaped into Mafalda's arms as if to thank her.The Doctor, touched by her sweetness, gave her a special gift: a golden chain with a small pearl at its center that glowed with its own light. Whispering, he told her: "If you close your eyes and touch this pearl with your little nose, you will gain magical powers that only you will have. They will help you help others."Giannina thought that perhaps this Veterinarian was also a Wizard, but she said nothing to Mafalda. It was a secret between her and the strange Doctor.On the way home, people turned to look at her, thinking: that cat seems mysterious — there's something glimmering around her.At home, Giannina's first wish was to climb onto a chair and gaze out the window. The flowers shone in their colors, and even the grass was a brilliant green, as if covered in dew. She smiled, happier than ever.Mafalda, sharing in her joy, decided to take her to the park.They arrived in no time. Squirrels scampered through the trees, birds sang as they flew from branch to branch. Small creatures popped out everywhere, and the children followed them with curiosity — they ran alongside the lizards, leaped with the butterflies dancing in the air, while red ladybugs landed on their skin like good luck charms.After chases, slides, and ring-around-the-rosy, the children sat down on the grass for their snack. From their colorful backpacks came tasty treats.That's when they arrived."Vriiip! Vriiip! Vriiip!"At full speed, a platoon of ants zoomed in on rumbling mini-motorcycles. They wore shiny little helmets on their heads, round goggles over their eyes, and tiny boots on their feet. They braked sharply in front of the children, raising little clouds of dust."Make way! We're here too!" shouted the lead ant, lifting her visor. "Can we collect the crumbs?"The children burst out laughing. "Yes, yes! Munch all the crumbs you want!"The ants parked their mini-motorcycles in a neat row, removed their helmets with theatrical gestures, and got to work carrying crumbs twice their size, singing a little marching song.In this joyful atmosphere, Giannina and Mafalda strolled along the pathways. And suddenly, as they passed, the trees bent their branches in a bow and their leaves rustled in greeting. The roses in the flower beds opened their petals and began to sing. The lizards beat their tails on the ground like drums: "Rattatatà! Rattatatà!" And the millipedes started tap dancing to the lively rhythm."Oh my, what a wonderful commotion!" exclaimed Giannina, who was beginning to feel a mysterious aura around her.She couldn't help but think of the Wizard Veterinarian. What could these magical powers be? And what would happen if she touched the pearl with her little nose?She told Mafalda, who was carrying a book of fairy tales under her arm. They looked at each other and, understanding instantly, seized the moment.Giannina gathered the children in a circle. Some came quickly, others more shy joined in slowly. The ants too, their bellies full, put on their mini helmets again, did one last rumbling lap on their motorcycles, then climbed off and approached the group.It was the right moment.Giannina closed ...
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    10 min
  • La Gatta Giannina | Scritta da Lucia & Marco Ciappelli (Versione in Italiano) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Storie Brevi Per Bambini E Sognatori Di Ogni Età
    Jan 18 2026
    La Gatta GianninaLa gatta Giannina viveva in una casa con il giardino. Il muro di cinta confinava da un lato con un parco dove i bambini si ritrovavano per giocare. Il paese era piccolo ma grazioso — dai davanzali delle case, vasi di gerani e di petunie scendevano come cascate colorate.La sua padrona, la Signora Mafalda, la portava spesso in giro per il centro abitato. Tutti i bambini la conoscevano e appena la vedevano le correvano incontro facendole feste a non finire.Giannina era una grande giocherellona. Durante la giornata si divertiva a rincorrere lucertole, cacciare insetti, farfalle e tutto ciò che si muoveva. Per riposarsi si sdraiava al sole sulle pietre calde e poi andava a rinfrescarsi tra i fili d'erba. Nel giardino, tra il melograno, il limone e l'ulivo dalle foglie argentate, lei e Mafalda passavano i pomeriggi a giocare insieme.Ma un giorno Mafalda iniziò a notare qualcosa di strano. Giannina saltava per cacciare, ma sbagliava la mira e finiva tra i cespugli di rose. "Ohi, ohi, ohi! Mi sono bucata e la mia coda è impigliata fra i rami!" miagolava. Scansava per miracolo gli alberi dove prima saliva con sicurezza. Raggiungeva le ciotole dell'acqua e del cibo con andatura incerta.Preoccupata, Mafalda la portò dal Veterinario.Dopo aver ascoltato le strane avventure della micina, il Dottore sorrise e con aria saggia diede la sua sentenza: "Questa gattina non ci vede bene. Ha bisogno degli occhiali."Detto fatto, in quattro e quattr'otto il veterinario cercò in una vetrina piena di montature per animali domestici e, trovata quella perfetta, esclamò: "Ecco qua un paio di occhiali da signora elegante!"Appena poggiati sul musetto simpatico di Giannina, la gatta si guardò intorno meravigliata. Vedeva tutto più chiaro! Si strofinò alle gambe del Veterinario e saltò fra le braccia di Mafalda come per ringraziarla.Il Dottore, colpito dalla sua dolcezza, le fece un regalo speciale: una catenella dorata con al centro una piccola perla che brillava di luce propria. Sussurrando, le disse: "Se chiudi gli occhi e sfiori questa perla con il nasino, entrerai in possesso di poteri magici che solo tu avrai. Serviranno per aiutare gli altri."Giannina pensò che forse quel Veterinario era anche un Mago, ma non disse niente a Mafalda. Era un segreto fra lei e lo strano Dottore.Sulla strada di ritorno, qualcuno si girava a guardarla pensando: quella gatta sembra misteriosa, c'è qualcosa che luccica intorno a lei.A casa, il primo desiderio di Giannina fu di salire su una sedia e mettersi a guardare dalla finestra. I fiori brillavano nei loro colori e perfino l'erba era di un verde lucente come coperta di rugiada. Sorrideva felice come non mai.Mafalda, partecipe della sua gioia, decise di portarla al parco.Arrivarono in un baleno. Gli scoiattoli sgambettavano sugli alberi, gli uccellini cantando volavano da un ramo all'altro. Piccoli animali sbucavano da ogni parte e i bambini li seguivano curiosi — correvano con le lucertole, saltavano con le farfalle che danzavano nell'aria, mentre le rosse coccinelle si posavano sulla loro pelle come portafortuna.Dopo rincorse, scivolate e girotondi, i bambini si sedettero sul prato per la merenda. Dagli zainetti colorati uscirono spuntini appetitosi.Fu allora che arrivarono."Vriiip! Vriiip! Vriiip!"A tutta birra, un plotone di formiche sfrecciava su micromoto rombanti. Portavano mini caschi lucidi in testa, occhialini tondi sugli occhi e stivaletti minuscoli alle zampette. Frenarono di colpo davanti ai bambini, sollevando nuvolette di polvere."Pista! Ci siamo anche noi!" gridò la formica capo, alzando la visiera del casco. "Possiamo raccogliere le briciole?"I bambini risero a crepapelle. "Sì, sì! Sgranocchiate quante briciole volete!"Le formiche parcheggiarono le micromoto in fila ordinata, si tolsero i caschi con gesti teatrali, e si misero al lavoro trasportando briciole grandi il doppio di loro, cantando una canzoncina di marcia.In questa atmosfera gioiosa, Giannina e Mafalda camminavano sui vialetti. E improvvisamente, al loro passaggio, gli alberi piegarono i rami come in un inchino e le foglie frusciarono in segno di saluto. Le rose nelle aiuole schiusero le loro corolle e iniziarono a cantare. Le lucertole batterono le code sul terreno come su un tamburo: "Rattatatà! Rattatatà!" E i millepiedi si misero a ballare il tip tap al ritmo allegro."Oh cielo, questa è una grande baraonda!" esclamò Giannina, che iniziava a sentire un'aura misteriosa intorno a sé.Non poté fare a meno di pensare al Veterinario Mago. Quali potevano essere i poteri magici di cui era in possesso? E cosa sarebbe successo toccando la perla con il nasino?Lo disse a Mafalda, che portava un libro di favole sotto il braccio. Si guardarono e, capendosi al volo, presero la palla al balzo.Giannina riunì i bambini in un girotondo. Alcuni arrivarono velocemente, altri più timidi si unirono con calma. Anche le formiche, con la pancia piena, indossarono di nuovo i mini caschi, fecero un ...
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    11 min
  • La Biblioteca Secreta de Leopoldo | Escrita por Marco Ciappelli (Versión en Español) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Historias Cortas Para Niños y Soñadores de Todas las Edades
    Jan 12 2026
    LA BIBLIOTECA SECRETA DE LEOPOLDOHay gente extraña —les gusta pasar las noches leyendo libros.Otros son aún más extraños —creen en la magia que se esconde entre las páginas,en aventuras fantásticas,en historias de amores imposibles,en fantasmas que caminan entre los vivos,y piensan que todo lo que no existe —quizás sí existe.En fin, esta historia es para los que son un poco extraños,como tú y como yo —ya sabes, para los que.Entonces… escucha.Si desde el centro del pueblo tomas el camino hacia el monte,encontrarás una villa vieja y noble,que lleva ahí mucho tiempo.Serán unos 350 añosque está ahí en silencio,observando y respirando despaciobajo el cielo toscano.Salones enormes llenos de historia,pasillos sin fin,y ventanas grandes como sueños —pero ahora, en lugar de platos y figuritas de porcelana,nos regala historias en papel para quien quiera leerlas.Sí, ahora es la biblioteca del pueblo —un poco apartada, pero tan hermosa.Bueno, no se puede tener todo.Pues bien, sucedió que,en una noche de verano,envuelta en un manto de estrellasy la luz suave de faroles delicados,la villa se había llenado de voces, música, sonrisas,y tantas historias contadas y escuchadas,en voz alta o susurradas,que se entrelazaban en el abrazo de la fiesta.Sin duda una noche ya especial,pero presta atención,porque algo aún más inusual estaba por suceder.Sí, porque Elisa también estaba allí.Ojos grandes como el cielo,cabello oscuro como la noche,y un libro en la mano — como siempre.A pesar de todo lo que pasaba a su alrededor,Elisa prefería leer.Estaba allí, en el pasillo principal:entre el jardín y el patio interior,a medio camino entre lo seguro y el quizás,sentada en un sillón un poco grande para ella,sumergida en una historia misteriosa y cautivadora —en un mundo todo suyo.Pasa una página, luego otra,se acomoda los lentes amarillos,y pasa otra página…Cuando lentamenteel eco de una música de pianollegó a sus oídos.No le prestó mucha atención.Creyendo que venía del patio,pasó otra página — y luego otra.Pero pronto se dio cuentade que las notas que escuchabano venían del patio de la villa,sino de uno de sus pasillos —traídas por una brisa suave,desde lugares lejanos y sin tiempo.Sin pensarlo mucho,Elisa se levantó en silencio,se puso el libro bajo el brazo,y siguió la música.Atravesó antiguos pasillosy salas con estantes llenos de librosde todos los tamaños y colores imaginables —arcoíris de pensamientos y palabras en filaque parecían no terminar nunca.Mientras la música se hacía más fuerte,la luz disminuía,las salas que atravesabacomenzaban a parecer olvidadas,las escaleras de piedra que subía y bajabagastadas por el tiempo,los pasillos laterales eran ahora pasajes oscurosiluminados solo por antorchas en las paredes,que aparecían y desaparecían en la oscuridadcomo respiraciones.Una escalera,una puerta de madera entreabierta,otro pasaje,otra escalera,y más salas y estantes y libros sin fin.Luego, de pronto,una neblina cubrió el suelocomo una marea gentil,y frente a ella una gran cortina pesada —entreabierta.Se veía un poco de luzy unas pequeñas escaleras de madera.Las subió, esas pequeñas escaleras,y la música la envolvió como un abrazo.En el escenario, velas flotaban en el airecomo luciérnagas en una noche sin tiempo.Y allí, en el centro,sentado frente a un piano pequeñito,había un ratón.Pero no un ratón cualquiera.Leopoldo llevaba una chaqueta de tweed verde oscuro,pantalones marrones planchados con cuidado,y en su hociquito, unos lentes doradosque brillaban con una sabiduría antigua y gentil.Sus dedos danzaban sobre las teclascomo si estuvieran contando un secreto.«Bienvenida, Elisa», dijo, sin dejar de tocar.«Te estaba esperando.»Elisa parpadeó, encantada.«¿Cómo sabes mi nombre?»«Ah», sonrió Leopoldo, dejando que la última notase apagara suavemente en el aire,«quien ama las historias siempre reconoce a quien las busca.»Se levantó, se ajustó la chaqueta con un gesto elegante,y la miró con ojos llenos de estrellas.«¿Sabes dónde estás?»«En la biblioteca del pueblo», respondió Elisa,pero su voz temblaba un poco,como si supiera que la respuesta era otra.«Esa la conocen todos», dijo Leopoldo,bajando despacio del escenario.«Cada pueblo tiene una que todos conocen.Pero cada pueblo también tiene otra —una que casi nadie encuentra.»Hizo una pausa, los ojos brillando.«Tú has encontrado la segunda.»• • •Leopoldo la guió hacia una gran puerta de maderaque Elisa habría jurado que no estaba ahí un momento antes.Se abrió lentamente, sin ruido,como un suspiro contenido demasiado tiempo.Y lo que vio le quitó el aliento.Estantes infinitos trepaban hacia arriba,descendían hacia abajo,se extendían en todas direccionescomo espirales de galaxias hechas de papel y sueños.Velas flotaban por todas partes,iluminando libros que parecían respirar,latir despacio,como corazones dormidos.«¿Qué lugar es ...
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    14 min
  • Leopoldo's Secret Library | Written By Marco Ciappelli (English Version) | Stories Sotto Le Stelle Podcast | Short Stories For Children And Dreamers Of All Ages
    Jan 12 2026
    LEOPOLDO'S SECRET LIBRARYSome people are strange — they like to spend their evenings reading books.Others are even stranger — they believe in the magic found between pages, in fantastical adventures, in stories of impossible love, in ghosts that walk among the living, and they think that everything that doesn't exist — maybe does after all.In short, this story is for those who are a little strange, like you and me — you know, for those who.So… listen.If you take the road up the hill from the center of town, you'll find an old and noble villa, one that has been there for a very long time. It must be about 350 years now that it has stood there in silence, watching and breathing softly beneath the Tuscan sky.Enormous rooms filled with history, endless corridors, and windows as large as dreams — but now, instead of porcelain plates and figurines, it gives us stories on paper for those who wish to read them.Yes, now it's the town library — a bit out of the way, but so beautiful. Well, you can't have everything.Now, on a summer night, wrapped in a blanket of stars and the soft glow of delicate lanterns, the villa had filled with voices, music, smiles, and so many stories told and heard, spoken aloud or whispered, intertwining in the embrace of the celebration.A special evening already, no doubt, but pay attention, because something even more unusual was about to happen.Yes, because Elisa was there too. Eyes as wide as the sky, hair as dark as the night, and a book in her hand — as always.Despite everything happening around her, Elisa preferred to read.She was there, in the main corridor: between the garden and the inner courtyard, halfway between the certain and the perhaps, sitting in an armchair a little too big for her, lost in a mysterious and captivating story — in a world all her own.She turns a page, then another, adjusts her yellow glasses, and turns another page…When slowly, the echo of piano music reached her ears.She didn't pay much attention. Thinking it came from the courtyard, she turned another page — and then another.But before long she realized that the notes she heard were not coming from the villa's courtyard but from one of its corridors — carried by a gentle breeze, from faraway places outside of time.Without thinking too much, Elisa rose silently, tucked her book under her arm, and followed the music.She crossed ancient corridors and rooms with shelves full of volumes of every size and color imaginable — rainbows of thoughts and words lined up one by one that seemed to never end.As the music grew stronger, the light faded, the rooms she passed through began to appear forgotten, the stone stairs she climbed and descended worn by time, the side corridors were now dark passages lit only by torches on the walls, appearing and disappearing in the darkness like breaths.A staircase, a wooden door left ajar, another passage, another staircase, and still more rooms and shelves and books without end.Then, suddenly, a mist covered the floor like a gentle tide, and there, before her, a heavy curtain — half open.A little light showed through, and a few small wooden steps.She climbed them, those little stairs, and the music wrapped around her like an embrace.On the stage, candles floated in the air like fireflies on a timeless night. And there, at the center, seated before a tiny piano, was a mouse.But not just any mouse.Leopoldo wore a dark green tweed jacket, brown trousers pressed with care, and on his little snout, golden spectacles that gleamed with ancient and gentle wisdom.His fingers danced on the keys as if they were telling a secret."Welcome, Elisa," he said, without stopping his playing. "I've been waiting for you."Elisa blinked, enchanted. "How do you know my name?""Ah," Leopoldo smiled, letting the last note fade softly into the air, "those who love stories always recognize those who seek them."He stood, adjusted his jacket with an elegant gesture, and looked at her with eyes full of stars."Do you know where you are?""In the town library," Elisa answered, but her voice trembled a little, as if she knew the answer was something else."That one everyone knows," said Leopoldo, stepping down slowly from the stage. "Every town has one that everyone knows. But every town also has another — one that almost no one finds."He paused, his eyes gleaming."You have found the second."Leopoldo led her toward a large wooden door that Elisa could have sworn wasn't there a moment before. It opened slowly, without a sound, like a sigh held too long.And what she saw took her breath away.Endless shelves climbed upward, descended downward, stretched in every direction like spirals of galaxies made of paper and dreams. Candles floated everywhere, illuminating books that seemed to breathe, to pulse softly, like sleeping hearts."What is this place?" Elisa whispered."This," said Leopoldo, walking among the shelves, "is the library of books never written."Elisa followed, confused. "...
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    13 min
  • La Biblioteca Segreta Di Leopoldo | Scritta da Marco Ciappelli (Versione in Italiano) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Storie Brevi Per Bambini E Sognatori Di Ogni Età
    Jan 12 2026
    LA BIBLIOTECA SEGRETA DI LEOPOLDO Certa gente è strana,gli piace passare le serate a leggere libri. Altri sono ancora più strani —credono alla magia che si trova tra le pagine,alle avventure fantastiche,alle storie di amori impossibili,ai fantasmi che girano fra i vivie pensano che tutto ciò che non esiste —forse invece sì. In breve, questa storia è per quelli un po' stranicome me e te —insomma, per quelli che. Allora… ascolta bene. Se dal centro del paese prendi la via per il monte,trovi una villa vecchia e nobile,che è lì da tanto tempo.Saranno sì e no 350 anniche sta lì in silenzio,osservando e respirando pianosotto il cielo toscano. Stanze enormi piene di storia,corridoi senza finee finestre grandi come sogni,ma adesso, invece di piatti e statuine di porcellana,sforna storie su carta per chi le vuole leggere. Sì, ora è la biblioteca del paese —un po' fuori mano ma tanto bella.Beh, non si può avere tutto. Insomma, fatto sta che,in una notte d'estate,avvolta da un manto di stellee la luce soffusa di lanterne delicate,la villa si era riempita di voci, musica, sorrisie tante storie raccontate e ascoltate,a voce alta o sussurrate,che si intrecciavano nell'abbraccio della festa. Indubbiamente una serata già speciale,ma fate attenzioneperché qualcosa di ancora più insolito stava per avvenire. Sì, perché anche Elisa era lì.Occhi grandi come il cielo,capelli scuri come la nottee un libro in mano — come sempre. Nonostante tutto quello che le accadeva intorno,Elisa preferiva leggere. Era lì, nel corridoio principale:fra il giardino e la corte interna,a mezza strada fra il sicuro e il forse,seduta su una poltrona un po' troppo grande per lei,immersa in una storia misteriosa e avvincente —in un mondo tutto suo. Gira una pagina, poi un'altra,si accomoda gli occhiali giallie gira un'altra pagina… Quando lentamentel'eco di una musica di pianoforteraggiunse le sue orecchie. Non ci fece tanto attenzione.Credendo che provenisse dal cortilevoltò un'altra pagina — e poi un'altra. Ma in breve tempo si rese contoche le note che sentivanon venivano dal cortile della villama da uno dei suoi corridoi —portate da un vento leggero,da luoghi lontani e senza tempo. Senza pensarci troppo,Elisa si alzò silenziosamente,si mise il libro sotto il braccioe inseguì la musica. Attraversò antichi corridoie stanze con scaffali pieni di volumidi ogni dimensione e colori immaginabili —arcobaleni di pensieri e parole in fila per unoche sembravano non finire mai. Mentre la musica diventava più marcatala luce diminuiva,le stanze che attraversavacominciarono ad apparire dimenticate,le scale di pietra che saliva e scendevaconsumate dal tempo,i corridoi laterali erano ora passaggi scuriilluminati solamente da torce alle pareti,che apparivano e scomparivano nel buiocome respiri. Una scala,una porta di legno socchiusa,un altro passaggio,un'altra scalae ancora stanze e scaffali e libri a non finire. Poi, all'improvviso,una foschia coprì il pavimentocome una marea gentilee davanti a lei una grande tenda pesante —socchiusa. Si intravedeva un po' di lucee poche scalette di legno. Le salì, quelle piccole scale,e la musica la avvolse come un abbraccio. Sul palco, candele fluttuavano nell'ariacome lucciole in una notte senza tempo.E lì, al centro,seduto davanti a un pianoforte piccolo piccolo,c'era un topo. Ma non un topo qualunque. Leopoldo indossava una giacca di tweed verde scuro,pantaloni marroni stirati con cura,e sul musetto, occhiali doratiche brillavano di una saggezza antica e gentile. Le sue dita danzavano sui tasticome se stessero raccontando un segreto. «Benvenuta, Elisa» disse, senza smettere di suonare.«Ti stavo aspettando.» Elisa sbatté gli occhi, incantata.«Come sai il mio nome?» «Ah,» sorrise Leopoldo, lasciando che l'ultima notasi spegnesse dolcemente nell'aria,«chi ama le storie riconosce sempre chi le cerca.» Si alzò, si aggiustò la giacca con un gesto elegante,e la guardò con occhi pieni di stelle. «Sai dove sei?» «Nella biblioteca del paese,» rispose Elisa,ma la sua voce tremava un po',come se sapesse che la risposta era un'altra. «Quella la conoscono tutti,» disse Leopoldo,scendendo piano dal palco.«Ogni paese ne ha una che tutti conoscono.Ma ogni paese ne ha anche un'altra —una che quasi nessuno trova.» Fece una pausa, gli occhi che brillavano. «Tu hai trovato la seconda.» --- Leopoldo la guidò verso una grande porta di legnoche Elisa avrebbe giurato non esserci un attimo prima.Si aprì lentamente, senza rumore,come un sospiro trattenuto troppo a lungo. E quello che vide le tolse il fiato. Scaffali infiniti si arrampicavano verso l'alto,scendevano verso il basso,si estendevano in ogni direzionecome spirali di galassie fatte di carta e sogni.Candele galleggiavano ovunque,illuminando libri che sembravano respirare,pulsare piano,come cuori addormentati. «Che posto è questo?» sussurrò Elisa. «Questa,» disse ...
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    14 min
  • Where Has Santa Claus Gone? | A Short Christmas Story Written By Marco e Lucia Ciappelli (English Version) | Stories Sotto Le Stelle Podcast | Short Stories For Children And The Young At Heart
    Dec 17 2025
    Where has Santa Claus gone?Once upon a time there was Santa Claus's Village — but Santa Claus wasn't there. He had been missing for days and days… actually for months. Who would prepare and deliver gifts to the children as they did every year?That part of the North Pole which was usually very busy had become strangely silent — not an Elf could be seen around, no sounds of bells, the sleighs were covered in snow and all the reindeer dozed about confused.If you looked into his house you couldn't see a trace of life. The fireplace cold, the rocking chair covered in cobwebs, an empty cup on the wooden table and a candle stub burnt out long ago.Many were the rumours that had spread about Santa Claus's absence. Some said he was on another planet in a far, far away galaxy, some on the Moon, some on the vast oceans — and someone even said he had opened a bakery in Buenos Aires.The mystery was thick. Nobody could make sense of it and everything was silent and still.Meanwhile, many miles away, in the Southern Seas, a group of seagulls who spent their days fluttering above the bay spotted a small sailing boat in the distance. There was only one sailor on board who was hoisting the main sail up the creaking mast.The eldest seagull couldn't believe his eyes. He did a couple of acrobatics in the air, pulled out his spyglass, looked more carefully and said: "But I know him! That sailor comes from distant lands!"Turning to the other seagulls he told them: "One day, during one of my long journeys, I lost my way and found myself on the frozen rooftops of a village at the North Pole. I landed right on the house of that long-bearded man you see on the boat. He heard me calling for help, came to fetch me, fed me and told me about his work. I think this meeting has something magical about it. Our next adventure is about to begin."Gliding down, they headed towards the boat and all landed on the bow. The seagull and the sailor greeted each other like old friends.Shortly after, a group of dolphins arrived near the sailing boat, curious. They swam in circles around the boat, jumping out of the water.The youngest dolphin noticed something strange. "Look! Wood shavings are coming out of the hold and floating! And you can see little lights below deck."The long-bearded sailor smiled. "Come," he said in a warm voice, "I'll show you what I've done all these months."He opened the hatch to the hold and inside, by the light of two swaying lanterns, you could see a floating workshop full of wonders. With a sharp plane he had worked pieces of wood recovered from the sea, transforming them into toys — and he had done the same with shells, coconuts, cork stoppers, glass bottles, starfish and golden threads that had arrived from who knows where."I travelled to learn new ways of bringing joy," the sailor explained. "But there's so much work to do and Christmas is coming. Would you help me finish?"And so they all set to work together. The dolphins brought special shells from the bottom of the sea. The seagulls gathered coloured feathers. The objects transformed into gifts were placed in large canvas sacks.The days passed quickly.On the first of December the captain, wearing his red warm hat with his pipe in his mouth, looked at the starry sky and said: "It's time to leave."The dolphins lifted the sailing boat until it rose above the waves. The sails filled with wind and it took flight, whilst the flock of seagulls guided it through the clouds following dreams. Together they continued the journey heading north, flying through the endless blue.Night fell quickly and in the sky full of stars one shone brighter than all the others. It was the North Star which with its light accompanied the sailing boat's descent to earth.By magic, as it approached the village, the sailing boat transformed into a sleigh loaded with gifts. The presents built in the hold arrived in the workshop to be delivered together with all the other parcels.When it landed on the roof of his house, a tinkling of bells was heard in the distance. The Elves looked out of their doors and shouted: "It's him! It's him! It's Santa Claus! He's back!"The red-nosed reindeer woke up suddenly and began polishing the sleighs, decorating them with bows and coloured pine cones.Life in the village awakened all at once. The tree branches shook as if they were being tickled. A group of penguins, who had arrived at the North Pole to lend a hand, sliding on the ice sheets at great speed, ended up inside snowdrifts and came out like bouncing balls.“You are so funny! We'll hang you on the Christmas tree as decorations!" the village animals shouted.But the penguins, freeing themselves from the snow, ran towards Santa Claus's house to help with the preparations.In the village absolutely everyone got moving. The reindeer rushed to the Post Office and filled the sacks with letters, then carried them to the workshop. The Elves with the help of the penguins were ready for work.That morning, when...
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  • Dov'è andato Babbo Natale? | Una Breve Storia Natalizia Per Bambini
 | Scritta da Marco & Lucia Ciappelli (Versione in Italiano) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Storie Brevi Per Bambini E Giovani Di Cuore
    Dec 17 2025
    Dov'è andato Babbo Natale?C'era una volta il Villaggio di Babbo Natale — ma Babbo Natale non c'era. Era ormai sparito da giorni e giorni… anzi da mesi. Chi avrebbe preparato e consegnato i doni ai bambini come ogni anno?Quella parte del Polo Nord che di solito era molto movimentata, era diventata stranamente silenziosa — non si vedeva un Elfo in giro, niente suoni di campanelli, le slitte erano coperte di neve e tutte le renne sonnecchiavano confuse.Se guardavi nella sua casa non vedevi una traccia di vita. Il caminetto spento, la sedia a dondolo con le ragnatele, una tazza vuota sul tavolo di legno e un mozzicone di candela consumato da troppo tempo.Tante erano le voci che si erano sparse riguardo all'assenza di Babbo Natale. C'era chi diceva che si trovasse su un altro pianeta in una galassia lontana lontana, chi sulla Luna, chi sugli oceani immensi — e addirittura qualcuno diceva che aveva aperto una pasticceria a Buenos Aires.Il mistero era fitto. Nessuno se ne faceva una ragione e tutto era silenzioso e immobile.Nel frattempo, a molti chilometri di distanza, nei Mari del Sud, un gruppo di gabbiani che passavano le giornate a svolazzare sopra la baia avvistarono in lontananza un piccolo veliero. C'era solo un marinaio a bordo che stava issando sull'albero maestro scricchiolante la vela principale.Il gabbiano più anziano non poteva credere ai suoi occhi. Fece un paio di acrobazie nell'aria, tirò fuori il suo cannocchiale, guardò meglio e disse: "Ma io quello lo conosco! Quel marinaio viene da terre lontane!"Rivolgendosi agli altri gabbiani raccontò: "Un giorno, durante uno dei miei lunghi viaggi, persi la rotta e mi ritrovai sui tetti ghiacciati di un villaggio al Polo Nord. Atterrai proprio sulla casa di quell'uomo dalla lunga barba che vedete sulla barca. Lui mi sentì chiedere aiuto, venne a prendermi, mi nutrì e mi raccontò del suo lavoro. Secondo me questo incontro ha qualcosa di magico. La nostra prossima avventura sta per cominciare."Planando, si diressero verso la barca e atterrarono tutti sulla prua. Il gabbiano e il marinaio si salutarono come vecchi amici.Poco dopo, un gruppo di delfini arrivò vicino al veliero incuriositi. Nuotavano in cerchio intorno alla barca, saltando fuori dall'acqua.Il più giovane dei delfini notò qualcosa di strano. "Guardate! Dalla stiva escono trucioli di legno che galleggiano! E si vedono delle lucine sotto coperta."Il marinaio dalla lunga barba sorrise. "Venite," disse con voce calda, "vi mostro cosa ho fatto in tutti questi mesi."Aprì il portello della stiva e dentro, alla luce di due lanterne dondolanti, si vedeva un laboratorio galleggiante pieno di meraviglie. Con una pialla ben affilata aveva lavorato pezzi di legno recuperati in mare trasformandoli in giocattoli — e così aveva fatto anche con conchiglie, noci di cocco, tappi di sughero, bottiglie di vetro, stelle marine e fili dorati arrivati da chissà dove."Ho viaggiato per imparare nuovi modi di portare gioia," spiegò il marinaio. "Ma il lavoro è tanto e il Natale si avvicina. Mi aiutereste a finire?"E così tutti insieme si misero all'opera. I delfini portavano dal fondo del mare conchiglie speciali. I gabbiani raccoglievano piume colorate. Gli oggetti trasformati in doni furono messi in grossi sacchi di tela.I giorni passarono veloci.Il primo di Dicembre il capitano, indossato il suo rosso e caldo cappello e con la pipa in bocca, guardò il cielo stellato e disse: "È tempo di partire."I delfini sollevarono il veliero finché si alzò sopra le onde. Le vele si gonfiarono al vento e prese il volo, mentre lo stormo di gabbiani lo guidò tra le nuvole seguendo i sogni. Insieme continuarono il viaggio dirigendosi verso nord, volando nell'azzurro infinito.La notte arrivò veloce e nel cielo pieno di stelle una brillava più di tutte. Era la stella polare che con la sua luce accompagnava la discesa del veliero sulla terra.Per magia, nell'avvicinarsi al villaggio, il veliero si trasformò in una slitta super carica di doni. I regali costruiti nella stiva arrivarono nel laboratorio per essere consegnati insieme a tutti gli altri pacchetti.Quando atterrò sul tetto della sua casa, un tintinnio di campanelli si sentì in lontananza. Gli Elfi si affacciarono sulle porte e gridarono: "È lui! È lui! È Babbo Natale! È tornato!"Le renne dal naso rosso si svegliarono di colpo e cominciarono a lucidare le slitte, addobbandole di fiocchi e pigne colorate.La vita nel villaggio si risvegliò tutta insieme. I rami degli alberi si scuotevano come se avessero il solletico. Un gruppo di pinguini, approdati al Polo Nord per dare una mano, scivolando sulle lastre di ghiaccio a grande velocità, finirono dentro cumuli di neve e uscirono fuori come palle che rimbalzavano.“Che simpatici! Vi attaccheremo all'albero di Natale come decoro!" gridavano gli animali del villaggio.Ma i pinguini, liberandosi dalla neve, corsero verso la casa di Babbo Natale per aiutare nei preparativi.Al villaggio proprio ...
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