Storie Sotto Le Stelle Podcast copertina

Storie Sotto Le Stelle Podcast

Storie Sotto Le Stelle Podcast

Di: Storie Sotto Le Stelle Marco Ciappelli
Ascolta gratuitamente

3 mesi a soli 0,99 €/mese

Dopo 3 mesi, 9,99 €/mese. Si applicano termini e condizioni.

A proposito di questo titolo

Benvenuti nel mondo incantato di Storie Sotto Le Stelle! Unisciti a noi sotto le stelle, dove narratori misteriosi rivelano mondi incantati popolati da eroi, creature curiose, terre perdute, incontri strani e avventure che si muovono nel tempo e nell’immaginazione — e storie che prendono vita là dove l’ordinario incontra lo straordinario. Alcune storie sono leggere e giocose, perfette per un sorriso e una scintilla di meraviglia. Altre vanno più in profondità, pensate anche per chi è cresciuto — ma non ha mai smesso di immaginare. Ogni racconto è un piccolo universo da esplorare. Apri la mente. Il viaggio comincia. _________________________________________________________________________ Welcome to the enchanted world of Stories Under The Stars Read in English and Italian — also written in both languages. Join us under the stars, where mysterious storytellers reveal enchanted worlds filled with heroes, curious beings, lost lands, strange encounters, and adventures that stretch across time and imagination — and stories that unfold where the ordinary meets the extraordinary. Some stories are light and playful, perfect for a smile and a spark of wonder. Others go deeper, written also for those who may have grown up — but never stopped imagining. Each tale is a little universe waiting to be explored. Open your mind. The journey begins.2025 - ITSPmagazine Inc Arte Letteratura e narrativa Storia e critica della letteratura
  • La Gata Giannina | Escrita por Lucia & Marco Ciappelli (Versión en Español) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Historias Cortas Para Niños y Soñadores de Todas las Edades
    Jan 18 2026
    La Gata GianninaLa gata Giannina vivía en una casa con jardín. El muro del jardín colindaba con un parque donde los niños se reunían para jugar. El pueblo era pequeño pero encantador — desde los alféizares de las casas, macetas de geranios y petunias descendían como cascadas de colores.Su dueña, la Señora Mafalda, la llevaba a menudo a pasear por el centro del pueblo. Todos los niños la conocían, y en cuanto la veían, corrían a su encuentro para hacerle fiestas sin parar.Giannina era muy juguetona. Durante el día se divertía persiguiendo lagartijas, cazando insectos, mariposas y todo lo que se moviera. Para descansar se tumbaba al sol sobre las piedras calientes y luego iba a refrescarse entre la hierba. En el jardín, entre el granado, el limonero y el olivo de hojas plateadas, ella y Mafalda pasaban las tardes jugando juntas.Pero un día, Mafalda empezó a notar algo extraño. Giannina saltaba para cazar, pero fallaba la puntería y acababa entre los rosales. "¡Ay, ay, ay! ¡Me he pinchado y mi cola está enredada en las ramas!" maullaba. Esquivaba por milagro los árboles donde antes subía con total seguridad. Llegaba a los cuencos del agua y la comida con paso inseguro.Preocupada, Mafalda la llevó al Veterinario.Después de escuchar las extrañas aventuras de la gatita, el Doctor sonrió y con aire sabio dio su diagnóstico: "Esta gatita no ve bien. Necesita gafas."Dicho y hecho — en un abrir y cerrar de ojos, el veterinario buscó en una vitrina llena de monturas para mascotas y, al encontrar la perfecta, exclamó: "¡Aquí tenemos unas gafas dignas de una señora elegante!"En cuanto se las colocaron en su simpático hociquito, la gata miró a su alrededor maravillada. ¡Veía todo mucho más claro! Se frotó contra las piernas del Veterinario y saltó a los brazos de Mafalda como para darle las gracias.El Doctor, conmovido por su dulzura, le hizo un regalo especial: una cadenita dorada con una pequeña perla en el centro que brillaba con luz propia. Susurrando, le dijo: "Si cierras los ojos y tocas esta perla con tu naricita, obtendrás poderes mágicos que solo tú tendrás. Servirán para ayudar a los demás."Giannina pensó que quizás aquel Veterinario también era un Mago, pero no le dijo nada a Mafalda. Era un secreto entre ella y el extraño Doctor.De camino a casa, la gente se giraba para mirarla pensando: esa gata parece misteriosa, hay algo que destella a su alrededor.En casa, el primer deseo de Giannina fue subirse a una silla y ponerse a mirar por la ventana. Las flores brillaban en sus colores y hasta la hierba era de un verde reluciente, como cubierta de rocío. Sonreía más feliz que nunca.Mafalda, compartiendo su alegría, decidió llevarla al parque.Llegaron en un instante. Las ardillas correteaban por los árboles, los pajaritos volaban cantando de rama en rama. Pequeños animales aparecían por todas partes y los niños los seguían curiosos — corrían con las lagartijas, saltaban con las mariposas que danzaban en el aire, mientras las rojas mariquitas se posaban en su piel como amuletos de buena suerte.Después de carreras, resbalones y corros, los niños se sentaron en el césped para merendar. De sus mochilas de colores salieron aperitivos deliciosos.Fue entonces cuando llegaron."¡Vriiip! ¡Vriiip! ¡Vriiip!"A toda velocidad, un pelotón de hormigas pasó zumbando en minimotos rugientes. Llevaban pequeños cascos brillantes en la cabeza, gafitas redondas en los ojos y botitas diminutas en las patitas. Frenaron en seco delante de los niños, levantando nubecitas de polvo."¡Paso! ¡Nosotras también estamos aquí!" gritó la hormiga jefa, levantando la visera del casco. "¿Podemos recoger las migas?"Los niños se rieron a carcajadas. "¡Sí, sí! ¡Comed todas las migas que queráis!"Las hormigas aparcaron las minimotos en fila ordenada, se quitaron los cascos con gestos teatrales, y se pusieron a trabajar transportando migas del doble de su tamaño, cantando una cancioncilla de marcha.En esta atmósfera alegre, Giannina y Mafalda paseaban por los senderos. Y de repente, a su paso, los árboles inclinaron sus ramas en una reverencia y las hojas susurraron en señal de saludo. Las rosas en los parterres abrieron sus pétalos y comenzaron a cantar. Las lagartijas golpearon sus colas contra el suelo como si fuera un tambor: "¡Rattatatá! ¡Rattatatá!" Y los ciempiés se pusieron a bailar claqué al ritmo alegre."¡Cielos, qué gran alboroto!" exclamó Giannina, que empezaba a sentir un aura misteriosa a su alrededor.No pudo evitar pensar en el Veterinario Mago. ¿Cuáles podrían ser los poderes mágicos que poseía? ¿Y qué pasaría si tocaba la perla con su naricita?Se lo dijo a Mafalda, que llevaba un libro de cuentos bajo el brazo. Se miraron y, entendiéndose al vuelo, aprovecharon la ocasión.Giannina reunió a los niños en un corro. Algunos llegaron rápidamente, otros más tímidos se unieron con calma. También las hormigas, con la panza ...
    Mostra di più Mostra meno
    11 min
  • Giannina The Cat | Written By Lucia & Marco Ciappelli (English Version) | Stories Sotto Le Stelle Podcast | Short Stories For Children And Dreamers Of All Ages
    Jan 18 2026
    Giannina the CatGiannina the cat lived in a house with a garden. The garden wall bordered a park where children gathered to play. The town was small but charming — from the windowsills of the houses, pots of geraniums and petunias tumbled down like colorful cascades.Her owner, Signora Mafalda, often took her around the town center. All the children knew her, and whenever they spotted her, they would run over and shower her with affection.Giannina was quite the little rascal. During the day she loved chasing lizards, hunting insects, butterflies, and anything that moved. To rest, she would stretch out in the sun on the warm stones, then cool off among the blades of grass. In the garden, among the pomegranate tree, the lemon tree, and the olive with its silvery leaves, she and Mafalda spent their afternoons playing together.But one day, Mafalda began to notice something strange. Giannina would leap to catch her prey, but she kept missing and ending up in the rose bushes. "Ow, ow, ow! I've pricked myself and my tail is tangled in the branches!" she meowed. She barely managed to dodge trees she used to climb with ease. She reached her food and water bowls with an uncertain gait.Worried, Mafalda took her to the Veterinarian.After listening to the little cat's strange adventures, the Doctor smiled and delivered his verdict with a wise air: "This little kitty can't see well. She needs glasses."No sooner said than done — in the blink of an eye, the veterinarian searched through a display case full of frames for pets and, finding the perfect one, exclaimed: "Here we are — a pair of glasses fit for an elegant lady!"As soon as they were placed on Giannina's sweet little snout, the cat looked around in wonder. She could see everything so clearly! She rubbed against the Veterinarian's legs and leaped into Mafalda's arms as if to thank her.The Doctor, touched by her sweetness, gave her a special gift: a golden chain with a small pearl at its center that glowed with its own light. Whispering, he told her: "If you close your eyes and touch this pearl with your little nose, you will gain magical powers that only you will have. They will help you help others."Giannina thought that perhaps this Veterinarian was also a Wizard, but she said nothing to Mafalda. It was a secret between her and the strange Doctor.On the way home, people turned to look at her, thinking: that cat seems mysterious — there's something glimmering around her.At home, Giannina's first wish was to climb onto a chair and gaze out the window. The flowers shone in their colors, and even the grass was a brilliant green, as if covered in dew. She smiled, happier than ever.Mafalda, sharing in her joy, decided to take her to the park.They arrived in no time. Squirrels scampered through the trees, birds sang as they flew from branch to branch. Small creatures popped out everywhere, and the children followed them with curiosity — they ran alongside the lizards, leaped with the butterflies dancing in the air, while red ladybugs landed on their skin like good luck charms.After chases, slides, and ring-around-the-rosy, the children sat down on the grass for their snack. From their colorful backpacks came tasty treats.That's when they arrived."Vriiip! Vriiip! Vriiip!"At full speed, a platoon of ants zoomed in on rumbling mini-motorcycles. They wore shiny little helmets on their heads, round goggles over their eyes, and tiny boots on their feet. They braked sharply in front of the children, raising little clouds of dust."Make way! We're here too!" shouted the lead ant, lifting her visor. "Can we collect the crumbs?"The children burst out laughing. "Yes, yes! Munch all the crumbs you want!"The ants parked their mini-motorcycles in a neat row, removed their helmets with theatrical gestures, and got to work carrying crumbs twice their size, singing a little marching song.In this joyful atmosphere, Giannina and Mafalda strolled along the pathways. And suddenly, as they passed, the trees bent their branches in a bow and their leaves rustled in greeting. The roses in the flower beds opened their petals and began to sing. The lizards beat their tails on the ground like drums: "Rattatatà! Rattatatà!" And the millipedes started tap dancing to the lively rhythm."Oh my, what a wonderful commotion!" exclaimed Giannina, who was beginning to feel a mysterious aura around her.She couldn't help but think of the Wizard Veterinarian. What could these magical powers be? And what would happen if she touched the pearl with her little nose?She told Mafalda, who was carrying a book of fairy tales under her arm. They looked at each other and, understanding instantly, seized the moment.Giannina gathered the children in a circle. Some came quickly, others more shy joined in slowly. The ants too, their bellies full, put on their mini helmets again, did one last rumbling lap on their motorcycles, then climbed off and approached the group.It was the right moment.Giannina closed ...
    Mostra di più Mostra meno
    10 min
  • La Gatta Giannina | Scritta da Lucia & Marco Ciappelli (Versione in Italiano) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Storie Brevi Per Bambini E Sognatori Di Ogni Età
    Jan 18 2026
    La Gatta GianninaLa gatta Giannina viveva in una casa con il giardino. Il muro di cinta confinava da un lato con un parco dove i bambini si ritrovavano per giocare. Il paese era piccolo ma grazioso — dai davanzali delle case, vasi di gerani e di petunie scendevano come cascate colorate.La sua padrona, la Signora Mafalda, la portava spesso in giro per il centro abitato. Tutti i bambini la conoscevano e appena la vedevano le correvano incontro facendole feste a non finire.Giannina era una grande giocherellona. Durante la giornata si divertiva a rincorrere lucertole, cacciare insetti, farfalle e tutto ciò che si muoveva. Per riposarsi si sdraiava al sole sulle pietre calde e poi andava a rinfrescarsi tra i fili d'erba. Nel giardino, tra il melograno, il limone e l'ulivo dalle foglie argentate, lei e Mafalda passavano i pomeriggi a giocare insieme.Ma un giorno Mafalda iniziò a notare qualcosa di strano. Giannina saltava per cacciare, ma sbagliava la mira e finiva tra i cespugli di rose. "Ohi, ohi, ohi! Mi sono bucata e la mia coda è impigliata fra i rami!" miagolava. Scansava per miracolo gli alberi dove prima saliva con sicurezza. Raggiungeva le ciotole dell'acqua e del cibo con andatura incerta.Preoccupata, Mafalda la portò dal Veterinario.Dopo aver ascoltato le strane avventure della micina, il Dottore sorrise e con aria saggia diede la sua sentenza: "Questa gattina non ci vede bene. Ha bisogno degli occhiali."Detto fatto, in quattro e quattr'otto il veterinario cercò in una vetrina piena di montature per animali domestici e, trovata quella perfetta, esclamò: "Ecco qua un paio di occhiali da signora elegante!"Appena poggiati sul musetto simpatico di Giannina, la gatta si guardò intorno meravigliata. Vedeva tutto più chiaro! Si strofinò alle gambe del Veterinario e saltò fra le braccia di Mafalda come per ringraziarla.Il Dottore, colpito dalla sua dolcezza, le fece un regalo speciale: una catenella dorata con al centro una piccola perla che brillava di luce propria. Sussurrando, le disse: "Se chiudi gli occhi e sfiori questa perla con il nasino, entrerai in possesso di poteri magici che solo tu avrai. Serviranno per aiutare gli altri."Giannina pensò che forse quel Veterinario era anche un Mago, ma non disse niente a Mafalda. Era un segreto fra lei e lo strano Dottore.Sulla strada di ritorno, qualcuno si girava a guardarla pensando: quella gatta sembra misteriosa, c'è qualcosa che luccica intorno a lei.A casa, il primo desiderio di Giannina fu di salire su una sedia e mettersi a guardare dalla finestra. I fiori brillavano nei loro colori e perfino l'erba era di un verde lucente come coperta di rugiada. Sorrideva felice come non mai.Mafalda, partecipe della sua gioia, decise di portarla al parco.Arrivarono in un baleno. Gli scoiattoli sgambettavano sugli alberi, gli uccellini cantando volavano da un ramo all'altro. Piccoli animali sbucavano da ogni parte e i bambini li seguivano curiosi — correvano con le lucertole, saltavano con le farfalle che danzavano nell'aria, mentre le rosse coccinelle si posavano sulla loro pelle come portafortuna.Dopo rincorse, scivolate e girotondi, i bambini si sedettero sul prato per la merenda. Dagli zainetti colorati uscirono spuntini appetitosi.Fu allora che arrivarono."Vriiip! Vriiip! Vriiip!"A tutta birra, un plotone di formiche sfrecciava su micromoto rombanti. Portavano mini caschi lucidi in testa, occhialini tondi sugli occhi e stivaletti minuscoli alle zampette. Frenarono di colpo davanti ai bambini, sollevando nuvolette di polvere."Pista! Ci siamo anche noi!" gridò la formica capo, alzando la visiera del casco. "Possiamo raccogliere le briciole?"I bambini risero a crepapelle. "Sì, sì! Sgranocchiate quante briciole volete!"Le formiche parcheggiarono le micromoto in fila ordinata, si tolsero i caschi con gesti teatrali, e si misero al lavoro trasportando briciole grandi il doppio di loro, cantando una canzoncina di marcia.In questa atmosfera gioiosa, Giannina e Mafalda camminavano sui vialetti. E improvvisamente, al loro passaggio, gli alberi piegarono i rami come in un inchino e le foglie frusciarono in segno di saluto. Le rose nelle aiuole schiusero le loro corolle e iniziarono a cantare. Le lucertole batterono le code sul terreno come su un tamburo: "Rattatatà! Rattatatà!" E i millepiedi si misero a ballare il tip tap al ritmo allegro."Oh cielo, questa è una grande baraonda!" esclamò Giannina, che iniziava a sentire un'aura misteriosa intorno a sé.Non poté fare a meno di pensare al Veterinario Mago. Quali potevano essere i poteri magici di cui era in possesso? E cosa sarebbe successo toccando la perla con il nasino?Lo disse a Mafalda, che portava un libro di favole sotto il braccio. Si guardarono e, capendosi al volo, presero la palla al balzo.Giannina riunì i bambini in un girotondo. Alcuni arrivarono velocemente, altri più timidi si unirono con calma. Anche le formiche, con la pancia piena, indossarono di nuovo i mini caschi, fecero un ...
    Mostra di più Mostra meno
    11 min
Ancora nessuna recensione