Episodi

  • Lise Meitner: una científica contra los límites de su tiempo
    Oct 27 2026
    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! ¡Ya está aquí la votación para los Premios iVoox 2026! Y este año quiero volver a contar con ustedes. Si disfrutan los episodios del podcast y les gusta descubrir historias fascinantes sobre la biología, la evolución y la ciencia, les pido que me regalen unos minutos para votar y apoyar este proyecto. ¡Toda ayuda cuenta! Quiero aprovechar también para agradecerles de corazón el apoyo que me han brindado en las ediciones anteriores. Cada escucha, cada comentario, cada recomendación y cada voto me han dado motivos para seguir adelante, preparar nuevos episodios y compartir con ustedes mi pasión por la divulgación científica. El enlace para votar está en las notas de este capítulo y se encuentran también accesible en la página de Facebook. Solo tienen que entrar, seguir las indicaciones y dar su apoyo. Las votaciones cierran este próximo 2 de noviembre ¡Muchas gracias por acompañarme en esta aventura! Ojalá este año podamos llegar todavía más lejos de lo que llegamos el año anterior, y que sea gracias a ustedes. Los grandes descubrimientos científicos no siempre tienen historias sencillas. Detrás de ellos hay personas que debieron superar prejuicios, enfrentar obstáculos y luchar por oportunidades para demostrar su talento. Algunas, pese a sus aportes fundamentales, no recibieron el reconocimiento que merecían. Sus vidas nos recuerdan que la ciencia también es una historia de perseverancia y humanidad. Entre esas historias destaca la de una mujer que dedicó su vida a comprender algunos de los secretos más profundos de la materia y atravesó la persecución política y el exilio sin abandonar su compromiso con la investigación. Su nombre fue Lise Meitner, una física de una época en que las oportunidades para las mujeres que deseaban dedicarse a la ciencia eran todavía muy limitadas. Su trayectoria nos lleva desde las aulas universitarias de la Europa de comienzos del siglo XX hasta los laboratorios donde se estudiaba la estructura del átomo, en una época en la que nuevas ideas estaban transformando nuestra comprensión de la naturaleza. En Viena, Meitner encontró maestros que despertaron su interés por las preguntas fundamentales de la naturaleza y, más tarde, en Berlín, desarrolló una larga colaboración científica con Otto Hahn. Juntos investigaron la radiactividad y contribuyeron a ampliar el conocimiento de la estructura atómica. Pero mientras avanzaban sus investigaciones, también crecían las tensiones políticas que transformarían Europa. La llegada del nazismo obligó a Meitner a abandonar Alemania y refugiarse en Suecia. Desde el exilio, y a pesar de la distancia, participó de forma activa en la explicación de uno de los grandes descubrimientos del siglo XX: la fisión nuclear, el proceso por el cual un núcleo atómico pesado se divide en otros más pequeños y libera una enorme cantidad de energía. Aquel descubrimiento abrió nuevas posibilidades científicas, pero también contribuyó al desarrollo de armas de destrucción masiva. Meitner comprendió las implicaciones de aquel conocimiento y mantuvo una posición firme frente a su utilización militar. Su historia no transcurre únicamente entre laboratorios y publicaciones científicas: también habla de las decisiones que una persona debe tomar cuando el conocimiento puede cambiar el destino de la humanidad. Aunque su contribución a la explicación de la fisión fue fundamental, quedó fuera del Premio Nobel de Química de 1944, concedido a Hahn en solitario. Sin embargo, su vida y su legado científico son mucho más que la historia de un reconocimiento que nunca llegó. Nuestra máquina del tiempo nos lleva hoy hasta la Viena de 1878, para conocer de cerca la vida de Lise Meitner desde sus primeros años hasta sus últimos días en Inglaterra. Conoceremos sus aportes a la física, las dificultades que enfrentó y las decisiones que marcaron su trayectoria, sin reducir su legado a la controversia del Nobel. Porque detrás de los grandes descubrimientos también hay personas cuya valentía y humanidad merecen perdurar en nuestra memoria. Música del capítulo Vlad Gluschenko - Waiting For This Moment Scott Buckley - AMBERLIGHT Ambient Civilization - ( No AI ) Pathfinder - Epic Space Journey Ambient Music 8-Bit Tracks - Eagles - Hotel California (8-Bit Remix) J. D. Souther - You’re Only Lonely Enlaces American Physical Society. (2015). 1939: Meitner/Frisch paper on nuclear fission. Disponible en: https://www.aps.org/apsnews/2015/02/1939-meitner-frisch-nuclear-fission Atomic Heritage Foundation / National Museum of Nuclear Science & History. (2023). Lise Meitner's Profile & Historical Timeline. Disponible en: https://ahf.nuclearmuseum.org/ahf/profile/lise-meitner/ Chodos, A. (2007, diciembre). December 1938: Discovery of nuclear fission. American Physical Society. Disponible en: https://www.aps.org/apsnews/2007/12/december-1938-discovery-nuclear-fission ...
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    1 ora e 23 min
  • Herbert Copeland: hacia una nueva clasificación de la vida
    Oct 15 2026
    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Ya están abiertas las posibilidades de votar por sus podcast preferidos, les comparto el enlace para votar por su favorito, mucho agradecería su apoyo https://go.ivoox.com/wv/premios26?c=5418 Hay algo que nos parece tan sencillo que rara vez nos detenemos a pensar en ello: ordenar la diversidad de la vida. Cuando encontramos algo nuevo, una de las primeras cosas que intentamos hacer es compararlo con aquello que ya conocemos y decidir dónde encaja. Durante mucho tiempo, la respuesta pareció bastante clara. Los seres vivos podían dividirse, a grandes rasgos, entre plantas y animales. Las plantas crecían, no se desplazaban y obtenían su alimento de una manera determinada; los animales se movían y se alimentaban de una manera distinta. Era una forma sencilla de organizar el mundo natural. Pero entonces empezamos a mirar con mayor atención. El mundo microscópico comenzó a revelar una diversidad de seres vivos que no se acomodaba con facilidad a esas dos categorías. En esos organismos diminutos había algunos que no se parecían plantas, pero tampoco se parecían a los animales. Algunos compartían características con ambos grupos y otros parecían no tener un lugar evidente en ninguno. Y cuanto más se conocía la vida microscópica, más evidente se hacía que el problema no consistía simplemente en encontrar nuevos nombres. Había que preguntarse si las categorías que utilizábamos para ordenar la naturaleza seguían siendo adecuadas para describirla. A lo largo del siglo XIX y las primeras décadas del XX, los biólogos fueron modificando sus sistemas de clasificación para intentar responder a ese problema. Ernst Haeckel había propuesto el reino Protista para reunir una parte de aquellos organismos que no podían acomodarse dentro de plantas o los animales. Pero incluso esa solución dejaba muchas preguntas abiertas. ¿Dónde colocar las bacterias? ¿Y las algas verdeazules? ¿Qué hacer con los hongos, algunas algas y con la enorme diversidad de organismos microscópicos que se iban descubriendo? Estas preguntas no eran simplemente una discusión sobre nombres . Detrás de ellas estaba una cuestión mucho más profunda: cómo representar la diversidad de la vida de una manera que tuviera sentido desde el punto de vista biológico y evolutivo. Y fue precisamente en torno a ese problema donde comenzó a desarrollarse la historia de Herbert Faulkner Copeland. Un botánico cuyo nombre hoy no suele ocupar un lugar destacado en las narraciones más conocidas de la historia de la biología, pero cuya propuesta de clasificación formó parte de una transformación decisiva en nuestra manera de pensar los grandes grupos de organismos. Nuestra máquina del tiempo nos lleva hoy hasta los primeros años del siglo XX, cuando los biólogos intentaban encontrar una manera de ordenar una diversidad de organismos cada vez más difícil de encajar en las categorías tradicionales. Desde allí seguiremos la trayectoria intelectual de Herbert Copeland, su formación, la influencia de su padre y el problema de clasificación que encontró al enseñar botánica. Veremos cómo surgió su propuesta de cuatro reinos y cómo, décadas después, nuevas evidencias volverían a transformar el mapa de la vida. Porque comprender la naturaleza también significa aprender a cambiar nuestra manera de mirarla. Música del capítulo Alexander Nakarada - Detective Goofarian Savfk - All The King's Horses Ethereal Odyssey - AUTUMN Joe Synthriani Human-Handmade Chiptune Remixes - War - Joe Satriani - Chiptune Remix 16-Bit Joe Satriani - Surfing with the Alien Enlaces Copeland, H. F. (1956). The classification of lower organisms. Pacific Books. Disponible en: https://dn720707.ca.archive.org/0/items/classificationof00cope/classificationof00cope.pdf Fernández-Medina R. (2012). Algunas reflexiones sobre la clasificación de los organismos vivos. Hist. cienc. saude-Manguinhos 19 (3). p.883-898. Disponible en: https://doi.org/10.1590/S0104-59702012000300006 Fisler M, Crémière C, Darlu P, Lecointre G (2020) The treeness of the tree of historical trees of life. PLoS ONE 15(1): e0226567. Disponible en: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0226567 Fry, M. (2024). The discovery of archaea: from observed anomaly to consequential restructuring of the phylogenetic tree. HPLS 46, 16. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s40656-024-00616-8 Hagen J.B. (2012). Five Kingdoms, More or Less: Robert Whittaker and the Broad Classification of Organisms, BioScience, Volume 62, Issue 1, January , Pages 67–74. Disponible en: https://marinebiology.pt/beu/files/bib/Hagen12.pdf Luketa S. (2012). New views on the megaclassification of life*. Protistology 7 (4), 218–237. Disponible en: https://www.zin.ru/journals/protistology/num7_4/luketa_protistology_7-4.pdf Reck, J., Barbosa, A. D. S., Santos, H. A., Dantas-Torres, F., André, M. R., & Albuquerque, G. R. (2025). Veterinary parasitologists: the time has come...
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    1 ora e 39 min
  • Premios Nobel en ciencia 2026
    Oct 13 2026
    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Ya están abiertas las posibilidades de votar por sus podcast preferidos, les comparto el enlace para votar por su favorito, mucho agradecería su apoyo https://go.ivoox.com/wv/premios26?c=5418 Desde su creación hacia comienzos del siglo XX, los Premios Nobel representan uno de los mayores reconocimientos al ingenio humano y al poder transformador de la ciencia. En campos como Fisiología o Medicina, Química y Física, estos galardones distinguen descubrimientos que amplían las fronteras del conocimiento y abren nuevas posibilidades para resolver problemas que durante mucho tiempo parecieron difíciles o imposibles. La Fisiología y la Medicina permiten comprender mejor el funcionamiento de nuestro organismo y con ello desarrollar nuevas formas de estudiar y tratar las enfermedades. La Química nos ayuda a comprender y transformar la materia, creando sustancias y herramientas con propiedades específicas. La Física busca explicar las leyes fundamentales de la naturaleza, desde las partículas más pequeñas hasta los fenómenos más extremos del universo. Aunque cada disciplina estudia aspectos diferentes de la realidad, las tres comparten algo fundamental: muchas grandes transformaciones científicas comienzan cuando alguien encuentra una nueva manera de observar un fenómeno conocido o de plantear una pregunta que todavía no tiene respuesta. Los Premios Nobel de ciencia de 2026 muestran precisamente esa diversidad en la investigación científica. En el campo de la Fisiología, el reconocimiento está relacionado con la optogenética, una estrategia que permitió utilizar proteínas sensibles a la luz para controlar la actividad de células nerviosas con una precisión que transformó la manera de estudiar el cerebro y sus funciones. En el campo de la Química, el premio nos lleva hasta el mundo de las moléculas, las que existen en dos formas diferentes y a una pregunta que conecta la química fundamental con la química de los medicamentos: cómo una pequeña diferencia entre esas formas puede amplificarse hasta que una de ellas llegue a predominar casi por completo. En la Física, el escenario cambia completamente: nos trasladamos hasta las profundidades del hielo antártico para encontrar neutrinos de muy alta energía procedentes del universo que abren una nueva ventana para estudiar algunos de los fenómenos más energéticos del cosmos. Nuestro viaje de hoy nos lleva a explorar qué hay detrás de los Premios Nobel de ciencia 2026. Más allá de los nombres de los científicos y de las palabras que aparecen en los comunicados oficiales, intentaremos comprender los descubrimientos, los problemas científicos que tuvieron que resolver y por qué sus trabajos representan avances importantes para la ciencia. Tres premios, tres campos diferentes y tres historias que nos llevan desde las neuronas que podemos controlar con luz, pasando por las moléculas que pueden aprender a favorecer su propia forma, hasta los neutrinos que atraviesan el universo y llegan hasta un detector enterrado bajo el hielo de la Antártida. Música del capítulo Arthur Vyncke - Refusing The Ultimatum Scott Buckley - Omega Ambient Civilization - Saturn Jump: Epic Cinematic Ambient Sci-Fi Journey Beyond the Rings 8 Bit Universe - Maneater [8 Bit Tribute to Hall & Oates] Glass Tiger - Don't Forget Me (When I'm Gone) Enlaces Aartsen, M. G., Abbasi, R., Abdou, Y., Ackermann, M., Adams, J., Aguilar, J. A., Ahlers, M., Altmann, D., Anderson, T., Arguelles, C., Arlen, T., … IceCube Collaboration. (2013). First observation of PeV-energy neutrinos with IceCube. Physical Review Letters, 111(2), 021103. Disponible en: https://doi.org/10.1103/PhysRevLett.111.021103 Andres, E., Askebjer, P., Barwick, S. W., Bay, R., Bergström, L., Biron, B., Bouchta, O., Carius, S., Carlson, P., Cowen, D., Dalberg, E., DeYoung, T., Ekström, P., Goobar, A., Gray, S., Halzen, F., & otros. (2000). The AMANDA neutrino telescope: Principle of operation and first results. Astroparticle Physics, 13(1), 1–20. Disponible en: https://arxiv.org/pdf/astro-ph/9906203 Boyden, E. S., Zhang, F., Bamberg, E., Nagel, G., & Deisseroth, K. (2005). Millisecond-timescale, genetically targeted optical control of neural activity. Nature Neuroscience, 8(9), 1263–1268. Disponible en: https://www.academia.edu/6365438/Millisecond_timescale_genetically_targeted_optical_control_of_neural_activity Frank, F. C. (1953). On spontaneous asymmetric synthesis. Biochimica et Biophysica Acta, 11, 459–463. Disponible en: https://doi.org/10.1016/0006-3002(53)90082-4 Halzen, F. (1995). The case for a kilometer scale high-energy neutrino detector. Nuclear Physics B - Proceedings Supplements, 38(1–3), 472–483. Disponible en: https://arxiv.org/pdf/hep-ph/9410386 Halzen, F. (2021). High-energy neutrinos from the cosmos. Annalen der Physik, 533(11), 2100309. Disponible en: https://doi.org/10.1002/andp.202100309 Lindner, M; Gilhooley, MJ; Hughes, ...
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    1 ora e 48 min
  • Linajes fantasma: ¿una población perdida o una historia genética?
    Sep 29 2026
    En los capítulos anteriores, hemos desarrollado la idea de que durante mucho tiempo, cuando intentábamos reconstruir nuestra historia evolutiva, buscábamos los cuerpos de nuestros antepasados. Un cráneo, un diente, un fragmento de hueso. Algo que pudiera demostrarnos que, cientos de miles de años atrás, había vivido allí un grupo humano diferente. Era una forma bastante lógica de hacerlo: si queríamos conocer mejor nuestros orígenes, teníamos que encontrar sus restos. Pero la llegada del ADN antiguo cambió las reglas del juego. De pronto, el pasado podía aparecer en un lugar inesperado: dentro de nuestros propios genes. Una población podía desaparecer sin dejar evidencias que pudiéramos reconocer, y aun así dejar pequeñas huellas en el ADN de quienes vinieron después. Eso ocurrió con los denisovanos. Primero apareció una señal genética extraña, procedente de un pequeño fragmento de hueso encontrado en una cueva de Siberia. Después descubrimos que aquella población había dejado parte de su herencia en los seres humanos actuales. Eso fue como encontrar las huellas de alguien que ya se había marchado. Y entonces surgió una pregunta fascinante: ¿cuántas otras poblaciones desaparecidas podrían seguir escondidas en nuestros genomas? La respuesta nos lleva hasta África, y allí la historia se vuelve mucho más complicada. Los genomas de las poblaciones africanas actuales contienen una diversidad genética extraordinariamente antigua. Algunas señales parecen apuntar hacia poblaciones que siguieron caminos diferentes durante cientos de miles de años y que, en algún momento, volvieron a entrar en contacto con nuestros antepasados. A estas poblaciones desconocidas comenzamos a llamarlas linajes fantasmas. Algo que discutimos también en nuestro capítulo anterior. Pero hay un problema: una señal genética no viene acompañada de una fotografía, un cráneo o una etiqueta que nos diga quién la dejó. Incluso puede haber distintas maneras de explicar la misma huella. Tal vez existió una población arcaica que se separó y después desapareció. Tal vez sus restos todavía están esperando ser encontrados. O quizá nunca hubo una población completamente aislada, sino grupos que permanecieron diferenciados mientras seguían intercambiando genes. Y aquí aparece la pregunta que recorrerá todo nuestro viaje: si podemos detectar una rama genética, ¿significa eso que estamos frente a una especie perdida? En nuestro viaje de hoy vamos a seguir esas huellas para entender lo que significa realmente referirnos a un linaje fantasma. Veremos cómo la genética reconstruye poblaciones que ya no podemos observar, por qué una rama profunda no equivale automáticamente a una especie y qué ocurre cuando intentamos encontrar su cuerpo en el registro fósil. Porque quizá algunos fantasmas tuvieron huesos y algún día encontremos sus restos. Pero otros podrían haber desaparecido dejando solamente una huella en nosotros. Y a veces, una huella es todo lo que queda de una vida. Música del capítulo Ioan S. Composer - Hunting the Kraken Jamie Evans Music - Daredevil: Born Again Opening Music | Extended Version The High Society - Meditative Stone Age Music & Ambience | The Megalith 8 Bit Universe - Down Under [8 Bit Tribute to Men At Work] Men At Work - Who Can It Be Now Enlaces Ackermann, R. R., Arnold, M. L., Baiz, M. D., Cahill, J. A., Cortés-Ortiz, L., Evans, B. J., Grant, B. R., Grant, P. R., Hallgrimsson, B., Humphreys, R. A., Jolly, C. J., Malukiewicz, J., Percival, C. J., Ritzman, T. B., Roos, C., Roseman, C. C., Schroeder, L., Smith, F. H., Warren, K. A., Wayne, R. K., … Zinner, D. (2019). Hybridization in human evolution: Insights from other organisms. Evolutionary anthropology, 28(4), 189–209. Disponible en: https://doi.org/10.1002/evan.21787 Ahlquist, K. D., Bañuelos, M. M., Funk, A., Lai, J., Rong, S., Villanea, F. A., & Witt, K. E. (2021). Our tangled family tree: New genomic methods offer insight into the legacy of archaic admixture. Genome Biology and Evolution, 13(7), evab115. Disponible en: https://doi.org/10.1093/gbe/evab115 Berger, L. R., Hawks, J., Dirks, P. H. G. M., Elliott, M., & Roberts, E. M. (2017). Homo naledi and Pleistocene hominin evolution in subequatorial Africa. eLife, 6, e24234. Disponible en: https://doi.org/10.7554/eLife.24234 Bitsue, H. K., Tang, C., & Yang, Z. (2026). Insights into human history and complex traits from the genomes of African populations. Molecular biology and evolution, 43(1), msaf329. https://doi.org/10.1093/molbev/msaf329 Cousins, T., Scally, A., & Durbin, R. (2025). A structured coalescent model reveals deep ancestral structure shared by all modern humans. Nature Genetics, 57, 856–864. Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41588-025-02117-1 Durvasula, A., & Sankararaman, S. (2020). Recovering signals of ghost archaic introgression in African populations. Science Advances, 6(7), eaax5097. Disponible en: https://doi.org/...
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    1 ora e 30 min
  • Más allá de las moléculas - Las huellas ocultas de nuestro linaje
    Sep 16 2026
    Hay algo extraño en nuestra relación con el pasado: a veces sabemos que ocurrió, y sin embargo, nunca podremos observarlo directamente. Nadie puede regresar para contemplar cómo vivieron los primeros seres humanos, escuchar sus voces o presenciar los encuentros que cambiaron el rumbo de nuestra historia. Todo lo que sabemos procede de aquello que el tiempo dejó atrás. Un hueso enterrado durante cientos de miles de años. Un diente olvidado en una cueva. Una herramienta abandonada por unas manos que desaparecieron hace muchísimo tiempo. A veces, incluso, una pequeña molécula que logró sobrevivir donde casi todo lo demás se perdió. Durante generaciones, hemos intentado reconstruir nuestra historia reuniendo esos fragmentos, como quien intenta comprender un relato del que solo conserva algunas páginas dispersas. Pero cada nueva evidencia plantea también una pregunta incómoda: ¿cuánto de esa historia desapareció para siempre? ¿Cuántas poblaciones existieron sin dejar restos que podamos encontrar? ¿Cuántos encuentros ocurrieron entre grupos humanos de los que nunca tendremos un testimonio directo? Quizá una parte importante de nuestro pasado no está simplemente escondida. Quizá ha desaparecido de una forma que nunca podremos revertir. Y, sin embargo, la historia de la ciencia demuestra que los límites de lo que podemos conocer rara vez permanecen inmóviles. Durante mucho tiempo creímos que los huesos eran casi todo lo que podíamos preguntar al pasado. Después aprendimos que dentro de ellos podían sobrevivir moléculas capaces de contarnos historias que la anatomía nunca habría podido revelar. El ADN antiguo transformó nuestra comprensión de la evolución humana y nos mostró que nuestros antepasados no vivieron aislados, sino que formaron parte de una historia mucho más compleja de migraciones, encuentros y mezclas. Pero incluso las moléculas tienen sus límites. El tiempo también las destruye. Y cuando una fuente de evidencia desaparece, la pregunta parece inevitable: ¿significa eso que la historia que contenía se ha perdido para siempre? Tal vez no. Porque una población puede desaparecer y, aun así, dejar consecuencias que continúen viajando a través de las generaciones. A veces, para encontrar una historia que parecía perdida, no necesitamos buscar aquello que desapareció. Necesitamos aprender a reconocer las huellas que dejó en quienes sobrevivieron. En nuestro viaje de hoy vamos a recorrer precisamente esa historia: la búsqueda constante de nuevas formas de conocer un pasado que nunca podremos observar directamente. Recorreremos el camino que ha seguido la ciencia para aprender a extraer información de un pasado que parecía condenado al silencio. Pero, sobre todo, intentaremos responder una pregunta sencilla y profunda: ¿cuánto puede sobrevivir de una historia cuando ya casi todo lo que la protagonizó ha desaparecido? Porque quizá el pasado nunca deja de existir por completo. Quizá solo espera a que aprendamos una nueva forma de escucharlo. Música del capítulo Alexandra Tsikina - Polar Bear Scott Buckley - Passage of time EpicWave Journey - Orchestral Power to Unleash the Hero Inside You 8 Bit Universe - Clint Eastwood [8 Bit Cover Tribute to Gorillaz] Edwyn Collins - A girl like you Principal Zhang, Y., Biddanda, A., Johnson, S. A., O’Dushlaine, C., & Moorjani, P. (2026). Recovering signatures of archaic hominin introgression using ancestral recombination graphs. Science. Advance online publication. Disponible en: https://doi.org/10.1126/science.aef8874 Enlaces Dalén, L., Heintzman, P. D., Kapp, J. D., & Shapiro, B. (2023). Deep-time paleogenomics and the limits of DNA survival. Science, 382(6666), 48–53. Disponible en: https://doi.org/10.1126/science.adh7943 Der Sarkissian, C., Allentoft, M. E., Ávila-Arcos, M. C., Barnett, R., Campos, P. F., Cappellini, E., Ermini, L., Fernández, R., da Fonseca, R., Ginolhac, A., Hansen, A. J., Jónsson, H., Korneliussen, T., Margaryan, A., Martin, M. D., Moreno-Mayar, J. V., Raghavan, M., Rasmussen, M., Sandoval-Velasco, M., ... Orlando, L. (2015). Ancient genomics. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 370, Article 20130387. Disponible en: https://doi.org/10.1098/rstb.2013.0387 Dolgova, O., & Lao, O. (2018). Evolutionary and medical consequences of archaic introgression into modern human genomes. Genes, 9(7), Article 358. Disponible en: https://doi.org/10.3390/genes9070358 Goodrum, M. R. (2023). Reconcieving paleoanthropology in the era of the modern evolutionary synthesis. PaleoAnthropology, 2023(2), 246–257. Disponible en: https://doi.org/10.48738/2023.iss2.101 Gopalan, S., Atkinson, E. G., Buck, L. T., Weaver, T. D., & Henn, B. M. (2021). Inferring archaic introgression from hominin genetic data. Evolutionary Anthropology, 30(3), 199–220. Disponible en: https://doi.org/10.1002/evan.21895 Hendy, J., Welker, F., Demarchi, B., Speller, C., Warinner, C., & Collins,...
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    1 ora e 30 min
  • Barbara McClintock - La revolución silenciosa que cambió la genética
    Sep 2 2026
    Durante mucho tiempo pensamos que el código de la vida era como un libro impreso en piedra, un manual de instrucciones rígido y estático, en el cual cada gen ocupaba un lugar fijo e inalterable. En las primeras décadas del siglo veinte, la ciencia estaba convencida de que las reglas de la herencia eran sencillas y matemáticas, comparando a los genes con cuentas alineadas a lo largo de un collar. Sin embargo, los procesos vivos van mucho más allá de las fórmulas preconcebidas. Descifrarlos exigía una dedicación singular, capaz de concentrar toda su atención en esos detalles imprevistos que la ciencia de la época prefería pasar por alto. Esa persona fue Barbara McClintock, una notable mujer de ciencia que dedicó su vida a descifrar los misterios de las células vegetales caminando entre campos de maíz y mirando a través de los lentes de un microscopio. En una época donde muy pocas mujeres tenían acceso a los laboratorios universitarios, Barbara McClintock no solo desafió las barreras sociales de su tiempo, sino también las ideas más respetadas de la biología. Con paciencia infinita y una agudeza visual impresionante, descubrió algo que la ciencia tardaría más de treinta años en aceptar: que el mapa de la vida no era ese texto inerte, sino una estructura dinámica, viva y capaz de cambiar sus propias instrucciones cuando el entorno la pone a prueba. El camino recorrido por McClintock comenzó en los laboratorios de la Universidad de Cornell, donde perfeccionó las técnicas para teñir y observar los cromosomas del maíz. Demostró físicamente cómo se intercambia la información genética durante la reproducción de las plantas, un logro impresionante que le valió el respeto de sus colegas. Sin embargo, la verdadera revolución ocurrió varios años más tarde en Cold Spring Harbor, cuando notó que los colores de los granos en las mazorcas no seguían las reglas tradicionales de los cruces mendelianos. Al seguir la pista de esas pequeñas manchas en los granos de maíz, descubrió la existencia de fragmentos de ADN capaces de cambiar de posición dentro del cromosoma, actuando como verdaderos interruptores que encendían o apagaban a otros genes. La comunidad científica de la época, fascinada por los avances de la química y los modelos cuantitativos en bacterias, no logró comprender la dimensión de sus hallazgos. Su teoría sobre un genoma flexible y capaz de autorregularse ante el estrés celular fue recibida con silencio y desconfianza. Pero lejos de desanimarse o buscar discusiones estériles, McClintock prefirió guardar silencio público y continuar su trabajo en solitario, segura de que la observación rigurosa terminaría por darle la razón frente a las modas académicas. En nuestro viaje de hoy recorreremos la vida y la obra de Barbara McClintock, explorando desde sus primeros años y sus avances microscópicos en Cornell hasta el aislamiento de sus hallazgos y su posterior vindicación con el Premio Nobel en Fisiología de 1983. A través de su historia, descubriremos cómo sus observaciones no solo revolucionaron nuestra comprensión del ADN y sentaron las bases de la epigenética moderna, sino que transformaron para siempre la historia de la ciencia. Hoy la recordamos en este espacio a 34 años de su muerte. Música del capítulo BreakingCopyright — Royalty Free Music - Scott Buckley - Mundo de Magia [Épico] BreakingCopyright — Royalty Free Music - @cjbeardsofficial - Fire And Thunder Cryo Chamber - Dark Space Music for Stellar Nurseries and Molecular Clouds 8 BITS MUSIC - Billy Ocean - Get outta my dreams get into my car Chiptune Cover Billy Ocean - Loverboy Enlaces Chomet, P., & Martienssen, R. (2017). Barbara McClintock's Final Years as Nobelist and Mentor: A Memoir. Cell, 170(6), 1049–1054. https://doi.org/10.1016/j.cell.2017.08.040 Chomet, P. S., Wessler, S., & Dellaporta, S. L. (1987). Inactivation of the maize transposable element Activator (Ac) is associated with its DNA modification. The EMBO journal, 6(2), 295–302. https://doi.org/10.1002/j.1460-2075.1987.tb04753.x Creighton, H. B., & McClintock, B. (1931). A correlation of cytological and genetical crossing-over in Zea mays. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 17(8), 492–497. https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.17.8.492 Fedoroff N.V. (1994). Barbara McClintock, 16 June 1902 - 2 September 1992. Biogr. Mems Fell. R. Soc.; (40): 265–280. https://doi.org/10.1098/rsbm.1994.0039 Fedoroff N. V. (1994). Barbara McClintock (June 16, 1902-September 2, 1992). Genetics, 136(1), 1–10. https://doi.org/10.1093/genetics/136.1.1 Fedoroff, N. V. (1995). Barbara McClintock: 1902–1992. En Biographical Memoirs (Vol. 68, pp. 211–235). National Academy of Sciences. https://www.researchgate.net/publication/11735620_Barbara_McClintock_June_16_1902-September_2_1992 Fedoroff, N. V. (2012). McClintock’s challenge in the 21st century. Proceedings of the ...
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    1 ora e 15 min
  • Antes de Darwin: Georges Cuvier y el descubrimiento de un mundo desaparecido
    Aug 25 2026
    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Estamos en París, en los años en que la Revolución Francesa ya había alterado profundamente la vida política y social del país. La ciudad cambiaba de aspecto y de autoridades, pero también había otro cambio menos visible: la manera en que los naturalistas entendían la historia de la vida. En las colecciones del Muséum National d'Histoire Naturelle se acumulaban huesos procedentes de distintos lugares de Europa y de otros continentes. Algunos pertenecían a animales conocidos; otros resultaban mucho más difíciles de interpretar. ¿Qué significaba encontrar un enorme diente o una mandíbula que no correspondía a ninguna especie que pudiera encontrarse viva? Durante mucho tiempo, esa pregunta tuvo distintas respuestas. Podía tratarse de un animal desconocido que todavía habitaba alguna región remota, de una variedad de una especie conocida o, sencillamente, de una formación natural que se parecía a un hueso. La posibilidad de que una especie hubiera desaparecido por completo todavía no ocupaba en la historia natural el lugar que tendría unas décadas después. Fue en ese contexto donde Georges Cuvier comenzó a trabajar con una clase de evidencia que acabaría cambiando la escala misma de las preguntas que podían hacerse sobre el pasado de la Tierra. Cuvier tenía una capacidad poco común para extraer información de fragmentos que, vistos por separado, podían parecer insuficientes. Un diente, una vértebra o un fragmento de mandíbula podían convertirse en el punto de partida para reconstruir buena parte de un animal, siempre que se conociera la relación que mantenían entre sí sus distintas estructuras. Su principio de correlación de las partes partía de esa idea. A partir de las características de una pieza podía plantear qué tipo de aparato masticador necesitaba, qué musculatura debía sostenerlo o qué clase de alimentación era compatible con esa anatomía. La comparación entre animales vivos y restos fósiles convirtió así la anatomía en una herramienta para reconstruir organismos que nadie había observado. Pero el alcance de su trabajo iba más allá de reconstruir cuerpos. Cuando Cuvier comparó los grandes fósiles con los animales actuales y llegó a la conclusión de que algunos pertenecían a especies que ya no existían, así la extinción dejó de ser una posibilidad para convertirse en un hecho que podía investigarse mediante evidencias anatómicas, es acá conde aparece una de las grandes contradicciones en su pensamiento: Cuvier aceptaba que la historia de la Tierra había estado marcada por la desaparición de linajes completos, pero no aceptaba que unas especies pudieran transformarse gradualmente en otras. Su trabajo abrió nuevas preguntas sobre el cambio en la historia de la vida, incluso cuando sus propias respuestas tenían límites muy claros. Nuestro viaje de hoy nos lleva hasta 1769 a la localidad de Montbéliard, para conocer la vida de Georges Cuvier, pero más allá de su papel como científico que trabajó durante años con huesos y órganos y que participó en algunas de las controversias más importantes de su tiempo, hasta llegar al legado que dejó a quienes vendrían después. Porque al final, la historia de Cuvier plantea una pregunta que sigue siendo difícil de ignorar: ¿qué podemos llegar a saber de un mundo que desapareció mucho antes de que existiéramos nosotros? Música del capítulo Alexander Nakarada – Forest Walk - Royalty Free Music SavfkMusic - The Travelling Symphony AMBIENT CIVILIZATION - BEYOND MARS - Epic Space Journey Ambient Music Chiptune Planet - ZZ Top - La Grange (8 bit) 8 Bit Universe - Legs [8 Bit Tribute to ZZ Top - R.I.P. Frank Beard and Dusty Hill] ZZ Top - Sharp Dressed Man Enlaces Benton, M. J. (2010). Studying function and behavior in the fossil record. PLoS Biology, 8(3), e1000321. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2830450/ Buffetaut, E. (2010). Cuvier y la Historia Natural. Disponible en: https://www.uv.mx/personal/tcarmona/files/2010/08/buffetaut-.pdf Caponi, G. (2010). La posteridad de Cuvier: un problema historiográfico. História Revista, Goiânia, 9(2). DOI: 10.5216/hr.v9i2.10444. Disponible en: https://revistas.ufg.br/historia/article/view/10444 Curtis, C., Millar, C. D., & Lambert, D. M. (2018). The Sacred Ibis debate: The first test of evolution. PLOS Biology, 16(9), e2005558. Disponible en: https://doi.org/10.1371/journal.pbio.2005558 Cuvier, G. (1808). Sur le grand animal fossile des carrières de Maestricht ["Sobre el gran animal fósil de las canteras de Maastricht"]. Annales du Muséum d'Histoire naturelle, 12, 145–176. Disponible en: https://dn760000.eu.archive.org/0/items/mobot31753002098579/mobot31753002098579.pdf Cuvier, G. (1831). A Discourse on the Revolutions of the Surface of the Globe, and the Changes Thereby Produced in the Animal Kingdom. Filadelfia: Carey & Lea. Disponible en: https://www.gutenberg.org/...
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  • Noventa años después del cráneo TM 1511 - Cuando desaparecieron las razones para dudar
    Aug 18 2026
    La historia de la ciencia suele contarse como una sucesión de grandes descubrimientos. Con la aparición de un nuevo fósil, una molécula desconocida o la creación de un instrumento revolucionario parece que se marca un instante en que está por cambiar nuestra comprensión del mundo. Sin embargo, esa imagen es engañosa. Las ciencias no avanzan simplemente porque alguien formule una idea brillante o porque aparezca una nueva evidencia inesperada. Si así fuera, cada descubrimiento extraordinario provocaría una revolución inmediata. En realidad, las teorías científicas permanecen mientras continúen explicando satisfactoriamente las observaciones disponibles y mientras ninguna explicación alternativa logre hacerlo mejor. Por eso, el conocimiento científico rara vez cambia de manera abrupta, por el contrario, lo hace lentamente, a través de un proceso en el que las hipótesis son puestas a prueba, discutidas y confrontadas con nuevas evidencias. La fortaleza de la ciencia no reside en la certeza absoluta, sino en su capacidad para revisar sus propias conclusiones cuando la realidad ofrece mejores respuestas. Las grandes revoluciones científicas no nacen de una sola idea, sino del largo camino que esa idea debe recorrer para demostrar que merece reemplazar a las anteriores. También solemos pensar que los descubrimientos hablan por sí mismos. Imaginamos que un fósil posee un significado evidente desde el momento en que emerge de la roca, como si bastara encontrarlo para comprender su importancia. Pero ningún hallazgo tiene ese privilegio. La naturaleza aporta evidencias; somos nosotros quienes aprendemos a interpretarlas. Un mismo fósil puede pasar inadvertido durante años, ser considerado una simple curiosidad o convertirse, décadas después, en la pieza clave para responder una pregunta que antes parecía imposible. Lo que cambia no es únicamente el objeto descubierto, sino la manera en que la comunidad científica lo interpreta. Cada evidencia entra en diálogo con las ideas de su tiempo, con los conocimientos disponibles y con las preguntas que aún permanecen abiertas. Solo cuando las nuevas observaciones comienzan a debilitar las explicaciones anteriores y fortalecen una alternativa más convincente, el conocimiento empieza a transformarse. En ciencia, los descubrimientos más importantes no son necesariamente los más espectaculares, sino aquellos que modifican nuestra forma de pensar. Hace noventa años, en una cantera de Sudáfrica, apareció un cráneo fosilizado identificado con el catálogo TM 1511. A primera vista podía parecer un hallazgo más dentro del creciente registro fósil africano. Sin embargo, aquel descubrimiento llegó en un momento decisivo. Desde hacía más de una década, una hipótesis sobre el origen de la humanidad dividía a la comunidad científica y desafiaba algunas de las ideas más aceptadas de su tiempo. TM 1511 no resolvió por sí solo aquel debate, pero aportó la evidencia que muchos consideraban indispensable para volver a examinar una propuesta que hasta entonces había sido recibida con profundo escepticismo. En este episodio recorreremos la historia de ese descubrimiento pero, sobre todo, intentaremos responder una pregunta mucho más amplia: ¿qué necesita realmente una idea para cambiar el rumbo de una ciencia? Música del capítulo Aftertune – Ethereal / BreakingCopyright — Royalty Free Music Alexander Nakarada - Culprit Massacre / BreakingCopyright — Royalty Free Music Allan Ariza - Blade Runner Wandering Rock Nacional en 8 Bit – Virus – Luna de miel - 8 Bit Divididos - ¿Qué Ves? Enlaces Clarke, R. J., & Kgasi, L. (2026, 8 de mayo). 90th Anniversary of the first discovery of an adult Australopithecus cranium, TM 1511, at Sterkfontein Caves, South Africa. DITSONG Museums of South Africa. Disponible en: https://ditsong.org.za/en/90th-anniversary-of-the-first-discovery-of-an-adult-australopithecus-cranium-tm-1511-at-sterkfontein-caves-south-africa/ Para leer más Beaudet A. The Australopithecus assemblage from Sterkfontein Member 4 (South Africa) and the concept of variation in palaeontology. Evolutionary Anthropology. 2023; 32: 154-168. Disponible en: https://doi.org/10.1002/evan.21972 Broom, R. (1936) – A new fossil anthropoid skull from South Africa. Nature 138, 486–488. Disponible en: https://scispace.com/pdf/new-fossil-anthropoid-skull-from-south-africa-10xjybj46w.pdf Clarke, R. J. (2008) – Latest information on Sterkfontein's Australopithecus skeleton and a new look at Australopithecus. South African Journal of Science, 104(11-12), 443-449. Disponible en: https://scielo.org.za/pdf/sajs/v104n11-12/a1510412.pdf Dart, R. (1925). Australopithecus africanus: The Man-Ape of South Africa. Nature 115, 195–199. Disponible en: https://scispace.com/pdf/australopithecus-africanus-the-man-ape-of-south-africa-3eilqj9lgm.pdf Dubow, S. (2020) Global Science, National Horizons: South Africa in deep time and space. Disponible ...
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