Desde pequeño me ha gustado hablar de estas cosas. En el colegio, con los colegas, en familia, con mis hermanos, en el trabajo… Siempre que se presenta la oportunidad. Reconozco en mí cierta propensión natural y mucha facilidad para ponerme a hablar de la caca.
Yo entiendo a quien se retira en silencio para aliviarse, una desaparición discreta; pero, honestamente, prefiero y saludo con regocijo alguna fórmula un poquito más efusiva, hasta la hipérbole, ¿no?; ¡qué liberador es poder anunciar de manera pública y ostensible que vas a cagar! O reconocer a la carrera que te estás cagando, incluso ofrecer algún detalle de la operación cuando ya te has liberado.
Compartiendo anécdotas un día con unos amigos se nos ocurrió que al hecho biológico de hacer caca y pipí había que darle una oportunidad: y así nació Kilómetro 28. Historias y reflexiones sobre el universo escatológico, que es rico, que es muy diverso, y que nos implica a todos y a todas. Porque no hay actividad humana más democrática y que nos haga tan iguales, que ese momento en que nos sentamos en el váter para hacer caca.
Vamos a enriquecer y compartir experiencias, sin complejos, con desparpajo y naturalidad. Porque este mundo merece un lugar preeminente en la conversación social.