Tus Dudáim Modernos: Cuando la Fe Vale Más que las Técnicas
¿Qué no harías por un hijo, por tu salud, por tu matrimonio, por tu futuro? Dietas, terapias, segulot, amuletos, métodos, hacks espirituales… La lista no termina. Y a veces, incluso en nombre de la fe, tratamos a Hashem como un complemento más: algo que se suma a las técnicas, pero no el centro de la historia.
La Torá nos presenta una escena desconcertante. Reuvén encuentra dudáim, una planta asociada a la fertilidad. Leá ha dejado de concebir. Rajel sigue estéril. Y, aparentemente, el futuro de las tribus de Israel pasa por unas flores en manos de un niño.
Parece un detalle anecdótico. El Alshij Hakadosh dice: no. Aquí se decide algo mucho más profundo: si una vida se construye sobre tácticas… o sobre confianza.
Rajel pide los dudáim. Leá responde con dureza. Se negocia una noche con Yaakov. Humanamente, la escena es incómoda. Espiritualmente, es decisiva. El Alshij pregunta: ¿por qué la Torá enfatiza “en los días de la cosecha del trigo”? ¿Por qué de esta noche nace Isajar, la tribu de la Torá?
La respuesta es radical: Leá entrega todos los dudáim. No se queda con una parte, no combina fe con atajos. Renuncia a la técnica y se queda con el encuentro. La Torá insinúa que esa noche fue Shavuot: la noche en la que el mundo aprende que no vive de métodos, sino de la palabra de Hashem.
Isajar no nace de una segulá. Nace de una decisión: confiar. Por eso su tribu se convierte en el corazón del estudio de la Torá. Cinco hijos, como los cinco libros de la Torá. Un mensaje eterno: la Torá no se edifica sobre trucos, sino sobre relación.
Ahora la pregunta es para ti: ¿cuáles son tus dudáim modernos? ¿El método perfecto, la terapia infalible, la segulá garantizada, el gurú que promete controlarlo todo? La Torá no niega la naturaleza, pero sí cuestiona dónde pones tu esperanza.
Hay momentos en los que Hashem te plantea el mismo dilema que a Leá: ¿confías en los remedios como fuente, o los usas sin convertirlos en ídolos? ¿Vives de técnicas, o de presencia?
No fueron las plantas. Fue la noche. No fue el truco. Fue la fe. Y tú, ¿sobre qué quieres construir la Torá de tu vida?