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Editoriales y Opiniones

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Editoriales y Opiniones de la UCA que se emiten vía YSUCA, 91.7FM y en línea www.ysuca.org.sv. Con temas de realidad nacional e internacional© 2026 Radio YSUCA Politica e governo Scienze politiche
  • La parte por el todo
    Oct 16 2026
    El aparato propagandístico presidencial, en lugar de conmemorar el nacimiento de la república, colocó a Bukele, a su esposa y a sus hijas en un cantón del occidente del país, donde inauguraron una escuela y una calle reconstruidas. La presencia glamurosa, cercana y sonriente de la primera familia hizo las delicias de los estudiantes y sus familiares que, agradecidos, se aglomeraron a su alrededor para saludar, abrazar y hacerse el selfi de rigor. Entusiasmado, Bukele saludó su “reforma educativa como una fiesta”. En realidad, una fiesta de proporciones limitadas, porque le queda mucho por hacer. Interpretar la inauguración de un complejo escolar como la totalidad de la reforma educativa es desconcertante. De hecho, Bukele anunció otras tres intervenciones que, si avanzan al mismo ritmo que la reinaugurada, estarán concluidas dentro de un año. Las cuatro intervenciones, la concluida y las por empezar, fueron ordenadas por el propio Bukele a raíz de videos difundidos por las comunidades. No obedecen, pues, a una cuidada planificación, sino a la improvisación, lo cual no contribuye a avanzar hacia el todo. Algo irrelevante dado que se trataba de aprovechar la inauguración para acumular poder. La exquisita puesta en escena del líder indiscutible del “nuevo El Salvador” hizo olvidar por un momento las carencias del sistema educativo. De hecho, casi simultáneamente, el régimen solicitó tutores, nacionales o extranjeros, cualificados en matemáticas, lenguaje, ciencias y las nuevas tecnologías educativas para asistir a los docentes en el aula. La entrega de los dispositivos electrónicos llegó mucho antes que quienes saben cómo utilizarlos. Los escenógrafos colocaron en el centro de la comunidad rural al arquitecto del nuevo país. Un hombre poderoso, terrateniente al estilo antiguo y millonario al estilo neoliberal. La nueva nación comienza y termina aquí; la del 15 de septiembre, donde se enraíza la nación y la nacionalidad de siempre, ha sido desechada. La comunidad celebró feliz la presencia del poder en su seno. Una experiencia única, pero fugaz. Idos los visitantes, los fiesteros regresaron a las penurias de siempre. El poder es así de cruel. Mientras tanto, León XIV, en la audiencia general del 16 de septiembre, enunció tres criterios para evaluar los proyectos sociales y políticos actuales: la dignidad de la persona, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común. El Salvador que “renace” no satisface ninguno. Sacrificó la persona y su dignidad con aprobación general en aras de una seguridad restringida, pues no protege la integridad de la vida ni garantiza los medios de subsistencia frente a amenazas transversales como el hambre, las enfermedades y los riesgos medioambientales. El concepto es selectivo. La violencia de los pandilleros y de otros delincuentes es monstruosa; la del régimen de excepción es seguridad. La justicia social y el bien común son incomprensibles para el capitalismo neoliberal. Cada uno debe velar por sí mismo y su bienestar, porque nadie más lo hará, ni le dará nada gratuitamente. Los demás solo cuentan como medios para lograr las metas individuales. Por tanto, hay vía libre para usarlos, engañarlos y explotarlos a conveniencia. No es solo una declaración de principios. El sistema conforma a la sociedad y a sus integrantes para que los acepten como verdad y actúen en consecuencia. El éxito se mide en riqueza y poder. Entre más acumulación, más célebre el individuo. El empobrecimiento de los demás no le incumbe. Caen en la penuria por el dictamen inapelable del mercado. Un ejemplo muy actual es la revisión de la jornada laboral impulsada por el Ministerio de Trabajo con la participación de la gran empresa privada y organizaciones de trabajadores afines. La finalidad no es mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, sino aumentar la rentabilidad del capital. El discurso neoliberal omite interesadamente que el mercado está estructurado para favorecer a los más grandes. Ni es libre, ni es movido por una mano invisible. Sus movimientos son manipulados por toda clase de maquinaciones, cuyo resultado es celebrado como recompensa merecida al trabajo y al esfuerzo del ganador. Aquí entra la corrupción en todas sus formas. Ciertamente, la decisión es individual, pero facilitada, estimulada y aplaudida por una estructura social injusta. Quien no aprovecha la oportunidad es de antemano un perdedor. El mundo es de quienes comercian bienes y vidas humanas. El Salvador que “renace” solo se interesa en tener, conservar y aumentar la riqueza. El interés egoísta separa y enfrenta a unos contra otros, cultiva la rivalidad y la competencia. La sociedad que renace es insolidaria e indiferente, agresiva y violenta, solo cuenta la ley del más fuerte. Tomar la parte por el todo no es un simple descuido, sino una artimaña para proporcionar un éxito espectacular a un Bukele ...
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    7 min
  • La trampa del descontento político
    Oct 12 2026
    En 2027, la población elegirá al presidente, los diputados y los alcaldes municipales que gobernarán los próximos años. A menos de un año de los comicios, los datos de opinión pública revelan una marcada preferencia por la continuidad del actual Gobierno, pero también muestran señales de desgaste político en el partido oficial. La más reciente encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop), realizada en mayo de 2026, muestra que el 63.3% de los encuestados votaría en la elección presidencial por el partido Nuevas Ideas. Este porcentaje es mayor al registrado en mayo de 2023 para este mismo instituto, cuando el 53.7% afirmó que votaría por el partido oficial. Tal como lo muestran sondeos anteriores, este apoyo al oficialismo está vinculado a la alta popularidad de Nayib Bukele y a los logros que se perciben como resultado de su gestión. Tras siete años de gobierno, la población califica el trabajo presidencial con una nota de 8.24 y el 69.8% indica tener mucha o alguna confianza en el mandatario. A esto se suma que el 96.6% de la ciudadanía percibe una disminución de la delincuencia y el 91.2% se siente seguro en el lugar que vive. No obstante, esa popularidad no se traduce en similar simpatía por Nuevas Ideas: la población tiene una opinión menos favorable sobre el trabajo de la Asamblea Legislativa y las municipalidades, cuyos integrantes fueron electos mayoritariamente bajo la bandera del partido oficial. En mayo de este año, la Asamblea obtuvo una calificación ciudadana de 6.34 y las alcaldías, una nota reprobatoria de 5.1. En ese contexto, al consultarle a la población por su partido de preferencia, solo 34.2% mencionó a Nuevas Ideas, lo que representa una caída considerable frente al 40.6% registrado en mayo de 2023. A esto se une una percepción de falta de alternativas políticas confiables: para el 22.7% de los encuestados, lo mejor es que surja un nuevo partido político, diferente a todos los demás, y solo el 4% considera que algún partido de oposición debería gobernar. Por otra parte, la encuesta evidencia insatisfacción con el trabajo de las alcaldías, los diputados y, en menor grado, el Gobierno. El 38.1% de los encuestados afirma que nadie ha ayudado a resolver los problemas del lugar donde vive; el 68.6% expresa estar poco o nada satisfecho con el trabajo de su alcaldía; el 52.4% considera que las leyes aprobadas por los diputados le benefician poco o nada; y el 37.8% dice que el Gobierno ha escuchado poco o nada las demandas de la población. Este panorama puede analizarse desde el concepto de “descontento vertical”, desarrollado por los académicos Gabriel Kessler y María Victoria Murillo, que alude a un rechazo a las élites políticas que tiende a traducirse en menores tasas de participación electoral. Según la encuesta de mayo, el 16.5% no iría a votar, dejaría la papeleta en blanco o anularía su voto en las próximas elecciones. Esta intención es más común entre la población más descontenta: el 28.1% de quienes están insatisfechos con su alcaldía, el 33.7% de los que no perciben ningún beneficio en las leyes aprobadas por los diputados y el 44.6% de las personas que declaran que el Gobierno no escucha sus demandas. Asimismo, la encuesta muestra una creciente preocupación por la corrupción en el Estado. El 43.3% de la población considera que hay mucha o alguna corrupción gubernamental, un porcentaje mayor al 32.7% registrado a finales de 2023 por el Iudop. Pero esta preocupación no se traduce, entre quienes la manifiestan, en un mayor apoyo a otras opciones políticas, sino que coincide con una mayor intención de no votar, dejar la papeleta en blanco o anular su voto. Entre quienes perciben mucha corrupción, solo el 27.1% votaría por Nuevas Ideas y el 42.2% decidiría no hacer efectivo su voto. Este comportamiento resulta paradójico: en un contexto de baja participación, la insatisfacción con la gestión gubernamental podría contribuir a mantener la concentración del poder. El escenario no es nuevo. Por ejemplo, en marzo de 2024, según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), solo tres de cada diez personas (30.1%) inscritas en el padrón electoral participaron en las elecciones municipales, lo que convirtió esos comicios en los de menor participación electoral registrados por el TSE. Por ello, la pregunta relevante para 2027 no es quién ganará, sino cuántas personas decidirán participar y qué harán el sistema político, las instituciones y las organizaciones con quienes creen que votar no cambia nada.
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    7 min
  • Multilateralismo no, soberanía sí
    Oct 9 2026
    El discurso de El Salvador en la Asamblea General de la ONU fue rompedor por cuestionar abiertamente la actividad de la organización, pero no dijo nada nuevo. Siguió la línea trazada por Bukele en las comparecencias de 2019 y 2024. Pese a ello, la reciente intervención de la canciller es relevante por la incongruencia en una cuestión importante. “¿A dónde están las Naciones Unidas?”, preguntó provocativamente, en un mundo donde millones mueren víctimas de las guerras, el hambre, la violencia y las enfermedades. Estas situaciones, agregó, serían evitables si la ONU interviniera. En efecto, su intervención es indispensable para superar esas crisis y proporcionar ayuda humanitaria. La canciller de Bukele reclamó una ONU activa y eficaz. Simultánea y contradictoriamente, exigió respetar la soberanía. En consecuencia, los países en guerra, enfermos y hambrientos pueden invocarla y rechazar la intervención en sus asuntos, con lo cual el multilateralismo queda en agua de borrajas. El Salvador de Bukele procede de la misma manera. Ha ignorado los repetidos cuestionamientos de los organismos de la ONU a propósito de los medios utilizados para reducir la violencia, la práctica de la tortura, la prolongación del régimen de excepción, el desconocimiento de las garantías procesales, las condiciones de los encarcelados, las desapariciones y el uso excesivo de la fuerza. El país de la canciller no practica el multilateralismo que predica. Es incomprensible pedir a otros países que acepten la intervención de la ONU en sus asuntos cuando el propio ignora una larga lista de críticas, de solicitudes de información y de recomendaciones. El multilateralismo que la canciller reclama con firmeza para resolver crisis humanitarias y de humanidad como las de El Salvador es imposible sin intervenir en sus asuntos internos. De todas maneras, insistió en que la cooperación multilateral y la soberanía son compatibles, pero no explicó cómo se conjugan. Hubiera sido muy iluminador que hubiera explicado cómo hace El Salvador para convivir con ambos. En concreto, cómo combina la unión centroamericana con la soberanía salvadoreña. En El Salvador actual, cualquier indicación que no provenga directamente de Bukele es inadmisible. Esta es una de las muchas ocasiones en las que sus funcionarios no saben bien lo que dicen ni lo que hacen. Las confusiones no son triviales, porque dejan en evidencia la improvisación y la desorientación gubernamental, lo cual alimenta la desconfianza. La canciller tiene razón al señalar que la credibilidad y el vigor de la ONU están en bancarrota. Pero no porque su dirección sea mediocre, sino porque sus miembros no la dejan intervenir. Las potencias tienen poder de veto y los demás miembros hacen caso omiso de sus directrices si no les convienen. El Salvador de Bukele es un buen ejemplo. Dado el estado de la cuestión, la canciller debió aprovechar la ocasión para exhortar a unos y otros a comprometerse con la reforma estructural de la ONU. Pero tampoco lo hizo. No desea una ONU “ágil, representativa, eficaz y transparente”. La diplomacia salvadoreña se siente más cómoda con la política exterior de China, que, por principio, no interviene en los asuntos internos de los países receptores de su ayuda. Además, es contradictorio exigir a la ONU unas características que, en virtud de la soberanía, repudia abiertamente. Tampoco le interesa que el próximo secretario general sea independiente, dialogante, coherente y comprometido con la reforma de la ONU. El Salvador de Bukele votará por el candidato de Washington. No lo hará con criterio propio, sino alineado con Trump, de quien depende para su sobrevivencia y a quien, por tanto, le ha entregado la soberanía nacional. El multilateralismo invocado por la canciller suena bien en el seno de la comunidad internacional. Sin embargo, el tema no figura en la agenda salvadoreña. La canciller usó la tribuna de la asamblea general para atacar a la ONU desde una perspectiva nacionalista extremista, en la misma línea que el Washington de Trump. No interesa una ONU operativa, sino su desprestigio para restar crédito a sus críticas y llamados de atención. En suma, ni multilateralismo, ni soberanía, sino pragmatismo puro y duro. Y eso a pesar de que los programas patrocinados por la primera dama cuentan con la colaboración de varios de sus organismos especializados en la infancia. Los funcionarios de Bukele se esfuerzan por presentar la cara más amable de su modelo. Su entrega llega al extremo de adoptar posturas absurdas, contradictorias o sencillamente embusteras que ponen en juego su prestigio personal. La apuesta es arriesgada. El poder no suele tener consideración con sus colaboradores. Si es necesario, los sacrifica sin remordimiento. El discurso insustancial y contradictorio de la canciller en la ONU hizo un flaco servicio a un Bukele que aspira a ser reconocido como el gran líder de la ...
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    7 min
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