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Aeodón

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Di: Ossian Ó Gorman
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A proposito di questo titolo

«Yo quiero instruirlos ahora sobre las guerras que acabaron con las antiguas naciones arcontes y obligaron a la humanidad a mendigar, ¡la plaga y el hambre fueron juntas!»Ossian Ó Gorman Arte Storia e critica della letteratura
  • El Gran Dragón Rojo
    Mar 24 2022

    El averno.

    ¡Las grandes cavernas del averno! En ellas tiritaba de frío aún en pleno verano, y las grandes palmeras del oasis que veía agitarse a través de los cristales divinos de Binti, llenaban de angustia mi joven espíritu arconte.

    Yo prefería a la seguridad fría de esos grandes abismos, la sublimación sin fin de las fraguas de la armería, la armería en donde se amontonan los báculos de luz, la sombra polvorienta y olorosa de los patios de entrenamiento de la Fuerza de Lobo y el ambiente templado y asfixiante que se respiraba en los talleres de las esferas blancas.

    ¡La armería sobre todo! Yo experimentaba extraño y poderoso bienestar respirando allí, en las ardientes tardes de verano, el olor del cristal divino fundido, de discreta pero constante iridiscencia; los aromas del cristal azul un poco acres que hacían potenciar las corrientes de aire establecidas abriendo los pasajes secretos de la gran pirámide…

    ¿Y las grandes extensiones de tierra de labranza en los fértiles valles del Gran Río? Todas las tardes me embriagaba el olor de la tierra del mundo de la superficie como si lo sintiese por primera vez. Me gustaba entonces, ir a sentarme en lo alto del gran cerbero de piedra, al aire libre del desierto y entre las sacerdotisas elohim, y escuchar allí atentamente los pensamientos que morían a lo lejos, los pensamientos de los ángeles y de los demonios y el apagado zumbido de los motores de las esferas blancas. Me gustaba también el olor de la arena seca y ardiente, la frescura de las raras lluvias y el aroma de la piel mojada de las mujeres humanas, y mi alma desfallecía contemplando al Gran Dragón Rojo que, extenuado, se hundía en el horizonte para morir.


    El Quinto Sol – Libro IV: La Niebla del Sabio


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    2 min
  • Tribulaciones
    Mar 20 2022

    Es el infierno.

    La explanada al pie de la pirámide de los señores arcángeles desierta y enrojecida por la sangre divina bajo un cielo de nubes grises y amenazantes. Un templo destruido y un muro derribado limitando el extenso horizonte. Pocas palmeras, cuyas escasas ramas parecen dedos de manos implorantes abiertas bajo el cielo gris. Una muda sombra, arrastrando pasos inseguros sobre el suelo ensangrentado, y más allá, los cadáveres de miles de potestades a medio sepultar entre las dunas de azufre.

    Es el infierno del mundo de Nubia.

    Todo él me sugiere un triste primer acto de la gran tragedia del Quinto Cielo: el rojo de la sangre bajo el cielo opaco, el sacrilegio del templo en ruinas, el ramaje sin frondas, la sombra solitaria; los pasos inciertos del viejo arconte y el aura apagada en los cadáveres de las entidades divinas son precisos exponentes de mis tribulaciones.


    El Quinto Sol – Libro II: El Heredero de los Arcángeles


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    1 min
  • Madián
    Mar 18 2022

    Agua.

    Hablar del mundo de Madián equivale a hablar de agua, de pequeños continentes sembrados de maíz y de lino, de templos esculpidos en la piedra, de pirámides escalonadas y de ciudades sumergidas pintadas de rojo y de verde. Hablar del mundo de Madián es hablar de colores rojos y verdes que se reflejan y multiplican en el agua. Porque agua hay por todas partes: agua cristalina, agua nítida, agua centellante; grandes océanos de agua que no acaban nunca, mares en cuyas profundidades se erigen gigantescas ciudades subacuáticas que semejan enormes bolas de cristal, y todo esto, que parecería ser peligroso, ¡no lo es! Únicamente es algo monótono, sobre todo cuando hiela y los mares no reflejan las magníficas ciudades de las profundidades.

    Aquel día había mucho viento en la más grande de las ciudades de la superficie, un viento capaz de barrer con las gigantescas naves mercantes del Quinto Cielo. En Gad, la ciudad de la suerte, se repetía el espectáculo mil veces visto de la Estación de Enlace Cielo-Madián y de la multitud de seres del Edén que se agolpa a su alrededor: serafines y potestades arropando sus cuerpos entumecidos, técnicos y pilotos con la nariz colorada y medio hundida en la vestidura, y esos extraños seres grises que, desnudos no sienten el frío, venden pasajes a mundos remotos a menor precio que la Corona. Pero preciso es que todo el Edén viva, y el asombro que me produce oír decir mi nombre a un serafín guerrero, cerrándome el paso con su báculo de luz, sostenido por una mano enguantada y temblorosa, constituyen, en Madián, el inicio de mi mayor pesadilla.


    El Quinto Sol – Libro I: Mensajera del Viento


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    2 min
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