Episodi

  • Gaudium et Spes: la fe que se mete en la vida
    Jan 31 2026

    Gaudium et Spes nace en un contexto muy concreto.

    El mundo venía saliendo de guerras devastadoras.

    Había avances científicos enormes…

    pero también desigualdad, miedo y deshumanización.

    La Iglesia entendió que no podía quedarse hablando solo de sí misma.

    Tenía que mirar de frente la vida real de las personas.

    Por eso este documento comienza con una frase impactante:

    “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo…”

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  • Lumen Gentium: ¿qué es realmente la Iglesia?
    Jan 26 2026

    Antes del Concilio Vaticano II, la Iglesia se entendía muchas veces casi exclusivamente desde su estructura:

    jerarquía, normas, organización.

    Todo eso es real y necesario,

    pero no es lo primero.

    El Vaticano II quiso volver a lo esencial.

    Y por eso, en la Constitución Lumen Gentium, la primera gran definición no es jurídica, sino bíblica: La Iglesia es el Pueblo de Dios.

    Un pueblo convocado por Dios, no una élite espiritual. no un grupo perfecto, sino una comunidad de creyentes en camino.

    ¿Alguna vez has sentido que la Iglesia no tiene lugar para ti?

    Lumen Gentium afirma algo revolucionario para su tiempo —y muy actual hoy—:

    todos los bautizados tienen la misma dignidad. Antes de hablar de sacerdotes u obispos,

    el Concilio habla de:

    • bautismo,

    • vocación común a la santidad,

    • corresponsabilidad en la misión.

    Esto no elimina los ministerios, pero los pone en su lugar al servicio del Pueblo de Dios.

    La Iglesia es:

    • cuerpo de Cristo,

    • templo del Espíritu,

    • comunidad enviada al mundo.

    ¿me siento parte activa de la Iglesia… o solo un usuario ocasional?

    Esto toca de lleno la vida de las comunidades juveniles.

    Ser Iglesia no es solo ir a misa.

    Es caminar juntos, discernir juntos, servir juntos.

    El Vaticano II confía profundamente en los laicos y en los jóvenes,

    no como “ayudantes” sino como protagonistas de la misión.

    Una Iglesia viva necesita:

    • comunidades reales,

    • vínculos auténticos,

    • compromiso concreto.

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  • Dei Verbum: Dios sigue hablando
    Jan 23 2026

    Antes del Concilio Vaticano II, la Biblia ocupaba un lugar muy importante en la Iglesia,

    pero no siempre estaba al alcance de todos.

    Muchas personas no la leían directamente.

    La escuchaban fragmentada.

    La conocían más por explicaciones que por contacto directo.

    El Vaticano II se dio cuenta de algo fundamental:

    no puede haber fe viva sin una relación viva con la Palabra de Dios.

    Por eso nace la Constitución Dei Verbum,

    que no trata solo de libros,

    sino de la forma en que Dios se comunica con la humanidad.

    ¿qué lugar tiene realmente la Palabra de Dios en mi vida cotidiana?

    Dei Verbum dice algo muy profundo y muy simple a la vez:

    Dios no se revela como una idea,

    sino como alguien que habla y se da a conocer.

    La Revelación no es un paquete de datos.

    Es un diálogo.

    Por eso la Iglesia habla de:

    • la Escritura,

    • la Tradición viva,

    • y el Magisterio,

    no como cosas separadas,

    sino como un mismo movimiento del Espíritu.

    La Biblia no es un manual mágico.

    Es la historia de un Dios que entra en la historia humana,

    con personas reales, conflictos reales y preguntas reales.

    cuando escucho la Palabra, ¿la dejo interpelar mi vida… o solo la oigo pasar?

    Para las comunidades juveniles, esto es clave.

    No basta con escuchar la Palabra en la misa.

    Hay que rumiarla, compartirla, confrontarla con la vida.

    Por eso el Vaticano II impulsa:

    • grupos bíblicos,

    • lectio divina,

    • espacios de reflexión comunitaria.

    La Palabra:

    • ilumina decisiones,

    • consuela en la crisis,

    • cuestiona cuando hace falta.

    ¿tengo un espacio real donde la Palabra de Dios dialogue con mi vida y mi historia?

    Tal vez hoy la invitación es sencilla:

    La próxima vez que escuches la Biblia,

    no te preguntes primero “¿entiendo todo?”,

    sino: ¿qué me está diciendo Dios hoy, aquí y ahora?

    Porque el Vaticano II nos recuerda algo esencial:

    Dios no dejó de hablar.

    Lo que a veces falta… es aprender a escuchar.

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  • Sacrosanctum Concilium: celebrar para vivir
    Jan 22 2026

    Antes del Concilio Vaticano II, la liturgia se celebraba de una manera muy distinta.

    La misa estaba en latín.

    El sacerdote celebraba de espaldas a la asamblea.

    La mayoría de las personas no entendía las palabras,

    y muchas veces la liturgia se vivía más como algo que se “miraba” que como algo que se “vivía”.

    La intención era buena: cuidar el misterio.

    Pero con el tiempo ocurrió algo peligroso:

    el Pueblo de Dios empezó a sentirse espectador.

    ¿alguna vez te has sentido fuera de lo que pasa en la misa, como si no fuera contigo?

    El Vaticano II da un giro fundamental con la Constitución Sacrosanctum Concilium.

    La idea central es muy simple y muy profunda:

    la liturgia es la fuente y la cumbre de la vida cristiana.

    No es un añadido.

    No es un trámite.

    Es el corazón.

    Por eso el Concilio insiste en algo clave:

    la participación activa, consciente y plena de todos los fieles.

    No solo responder.

    No solo cantar.

    Sino entender, involucrarse y vivir lo que se celebra.

    Por eso:

    • se usa la lengua del pueblo,

    • se proclama la Palabra para todos,

    • se cuidan los signos,

    • se invita a la participación real de la comunidad.

    ¿vivo la liturgia como un encuentro con Dios… o como una obligación más?

    Esto toca directamente la vida de las comunidades juveniles.

    Cuando celebramos bien:

    • la fe se fortalece,

    • la comunidad se une,

    • la vida se ordena desde Dios.

    La liturgia no es un show.

    Pero tampoco es algo muerto.

    Es un encuentro.

    Un encuentro donde Dios habla,

    donde Cristo se entrega,

    donde el Espíritu forma comunidad.

    Por eso los jóvenes no están llamados solo a “asistir”,

    sino a ser parte viva: lectores, cantores, servidores, animadores.

    ¿qué lugar ocupo yo en la celebración de mi comunidad?

    Tal vez hoy la invitación es simple, pero desafiante:

    La próxima vez que participes en la liturgia,

    no preguntes primero “me gustó o no me gustó”,

    sino:

    ¿qué me quiso regalar Dios en este encuentro?

    Porque el Vaticano II nos recuerda algo esencial:

    la fe que no se celebra, se enfría.

    La fe que se celebra, se transforma en vida.

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  • ¿Por qué fue necesario el Concilio Vaticano II?
    Jan 18 2026

    Para entender el Concilio Vaticano II hay que imaginar el mundo de mediados del siglo XX.

    Dos guerras mundiales.

    Millones de jóvenes muertos.

    Ciudades destruidas.

    Una humanidad cansada, herida, desconfiada.

    El mundo estaba cambiando rápido:

    • la ciencia avanzaba,

    • la tecnología crecía,

    • las preguntas por el sentido de la vida se volvían más urgentes.

    Y la Iglesia seguía anunciando el mismo Evangelio…

    pero muchas personas ya no entendían cómo ese mensaje tocaba su vida concreta.

    No porque la fe fuera falsa,

    sino porque el lenguaje ya no conectaba.

    En este contexto aparece una decisión valiente:

    la Iglesia no se va a encerrar,

    no va a levantar muros,

    va a escuchar y dialogar.

    El Concilio Vaticano II no nace del miedo,

    nace de la confianza en el Espíritu Santo.

    La pregunta no era:

    “¿cómo defendemos lo que creemos?”

    sino:

    “cómo anunciamos a Jesús de forma que el mundo pueda escucharlo?”

    Aquí aparece una palabra clave: aggiornamento.

    Puesta al día.

    No cambiar la fe.

    No diluir el Evangelio.

    Sino volver a las raíces para hablarle al presente.

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  • ¿Qué es un Concilio y por qué me afecta como creyente?
    Jan 16 2026

    La palabra Concilio viene del latín concilium, que significa reunión, asamblea, encuentro para discernir.

    Desde los primeros siglos, cuando surgían grandes preguntas —sobre la fe, la vida cristiana, la unidad de la Iglesia—, los cristianos entendieron algo fundamental:

    la fe no se decide en solitario.

    Los concilios nacen cuando la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, necesita discernir juntos qué está en juego, qué se debe custodiar y cómo anunciar el Evangelio fielmente en un tiempo concreto.

    No son reuniones políticas.

    No son parlamentos.

    No son votaciones de ideas.

    Son momentos en los que la Iglesia escucha, debate, ora y discierne.

    Y por eso, cuando hablamos de un Concilio Ecuménico, hablamos de una asamblea que involucra a toda la Iglesia, aunque no todos estén físicamente presentes.

    Un concilio no se convoca cuando todo está tranquilo,

    sino cuando la fe necesita ser clarificada,

    cuando el mundo cambia,

    cuando surgen tensiones, crisis o nuevos desafíos.

    Y la Iglesia hace algo profundamente evangélico:

    no huye, no se encierra, discierne.

    En un concilio participan principalmente los obispos, porque ellos son sucesores de los apóstoles.

    Pero —y esto es clave— no disciernen por sí mismos, sino como servidores del Pueblo de Dios.

    Un concilio busca responder preguntas como:

    • ¿cómo anunciar hoy el Evangelio sin traicionarlo?

    • ¿qué exige la fidelidad a Cristo en este tiempo?

    • ¿qué necesita el Pueblo de Dios para vivir su fe con verdad?

    Por eso, aunque los documentos los firmen obispos y papas,

    sus decisiones afectan la vida concreta de los creyentes:

    cómo celebramos, cómo creemos, cómo vivimos la fe en comunidad.

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  • Amén: creer hasta el final
    Jan 13 2026

    Muchas veces pensamos que amén significa “ojalá que sea así”.

    Pero en la Biblia no es una expresión de duda.

    Amén significa: esto es firme, esto es verdadero, en esto confío.

    Tiene la misma raíz que creer.

    Decir amén es decir: me fío de Dios.

    Y aquí aparece algo muy potente:

    no estamos diciendo amén a ideas bonitas,

    sino a un Dios que cumple lo que promete.

    Toda la historia bíblica nos habla de un Dios fiel, incluso cuando el ser humano no lo es.

    Un Dios que promete… y cumple.

    Por eso el Credo termina con amén:

    porque creer no es solo comenzar un camino,

    es permanecer en él.

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  • Creo en la Iglesia: ¿por qué no creo solo?
    Jan 11 2026

    La Iglesia no nació perfecta.

    Nunca lo ha sido.

    Pero nació como respuesta a un llamado,

    no como una idea humana.

    La Iglesia es santa no por sus miembros,

    sino porque Dios la habita.

    Y es católica porque no es de unos pocos,

    sino para todos.

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