SERIE PROFESIONAL #7 La frontera semántica de la musicoterapia
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En este episodio de MUTCAST, David J. Gamella abre un debate incómodo pero urgente: cómo el lenguaje —mal empleado— se convierte en la línea que separa la musicoterapia clínica del intrusismo. Porque el intrusismo rara vez entra “a la fuerza”; suele entrar por las palabras, por esa confusión instalada en el imaginario social donde “si la música me hace bien, entonces es terapia” y, por extensión, “cualquiera que use música puede hacer musicoterapia”.
Partimos de frases cotidianas que todos hemos escuchado: “A mí la música me cura”, “esto es terapia musical”, “no hace falta un musicoterapeuta, si total es poner canciones”. Detrás de su aparente inocencia se esconde una “bomba semántica” que degrada la profesión, confunde a instituciones y familias, precariza condiciones laborales y, en el peor escenario, pone en riesgo a personas vulnerables.
Para entender por qué las palabras importan tanto, recurrimos a Ludwig Wittgenstein y su idea central: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”. Si el uso social de “musicoterapia” termina siendo “poner música”, “cantar”, “hacer un taller” o “pasarlo bien”, entonces —para el público y para el mercado— eso será musicoterapia, aunque profesionalmente sepamos que se trata de otra cosa. También hablamos de sus “juegos de lenguaje”: en el registro clínico, “terapia” implica evaluación, objetivos, diseño de intervención, registro, ética y responsabilidad; en el registro cotidiano, “terapia” significa “me sienta bien”. En esa grieta, el intrusismo prospera.
Definimos con claridad qué hace distinta a la musicoterapia clínica: no es “música que ayuda”, sino un proceso terapéutico con evaluación, formulación de objetivos, método, “dosis” y progresión, seguimiento, ajustes, consentimiento informado, límites, supervisión y coordinación interdisciplinar. Nada de esto se improvisa ni se sustituye con buena voluntad.
Analizamos el triángulo que alimenta el problema: semántica inflada + mercado + vulnerabilidad. Y lo comparamos con otras confusiones parecidas: fisioterapia vs. masaje “terapéutico”, psicoterapia vs. coaching, logopedia vs. “estimulación del lenguaje”, nutricionista-dietista vs. “asesor nutricional”, o el prefijo “neuro-” como etiqueta de prestigio.
Cerramos con un “detector de humo” en 7 preguntas para instituciones, familias y profesionales: ¿hay evaluación? ¿objetivos terapéuticos? ¿plan? ¿registro? ¿ética y consentimiento? ¿coordinación? ¿formación y competencia clínica específica? Si fallan varias, quizá sea útil… pero no es musicoterapia clínica, y llamarlo así confunde. Este episodio es una llamada a nombrar con honestidad: taller es taller, bienestar es bienestar y musicoterapia clínica es musicoterapia clínica.