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Mi perra vida

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Di: Mi perra vida
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A proposito di questo titolo

Fastidiado de las restricciones en las redes sociales, y sin postureo ni opiniones al vapor, aquí les dejo Mi Perra Vida Scienze sociali
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 3.
    Jan 15 2026
    Reflexión – Acerca de mi vida laboral | Poema – Me voy – Francisco Molinero | Reseña – Tan veloz como el deseo – Laura Esquivel | Frase robada – Ignacio Álvarez | Bonus track Acerca de mi vida laboral Hacía tiempo que no desconectaba totalmente del trabajo, es decir unas vacaciones reales, no esas precarizadas (y bastante normalizadas) en las que no asistes físicamente, pero estas pendiente de las llamadas, mensajes y porque no le echas un ojo al correo electrónico. Incluso sin nada de lo anterior, siempre tenía (en realidad sigo teniendo, pero ahora sí lo ignoré) algún artículo o tesis que revisar, tal vez una presentación, y mis días de descanso o vacaciones eran el momento ideal para que, al final del día continuara trabajando. Para quienes me conozcan (de algún modo) podrían decir que sí me desconecto del trabajo, porque leo y escribo, corro y me salgo de la ciudad los fines de semana, eso sin contar que me olvido del whatsapp saliendo del hospital; lo que parece una adecuada separación y sano alejamiento del trabajo. No negaré que tras quince años, poco a poco he ido ganando este tipo de independencia, siempre con algo de sentimiento de culpa, también un poco de crítica por parte de algunos colegas, e incluso gente querida y cercana que me dice “privilegiado”, adjetivo cierto, pero que refleja la normalización de la inmediatez y la presencia permanente, siempre disponible para resolver cualquier imprevisto laboral. Pero se preguntaran ¿siendo médico no estás todo el tiempo al pendiente? La respuesta es que no, las urgencias se atienden en el servicio de urgencias, quienes me puede marcar a cualquier hora y por lo tanto no estoy todo el tiempo pensando “a qué hora llegará un paciente”. La mayor parte de las veces lo que me inunda la cabeza son problemas administrativos, de escritorio, es decir que se pueden resolver dentro de un horario laboral, pero mi mente perfectamente moldeada por los usos y costumbres contemporáneos me dice que, debo ocupar todo mi tiempo libre para seguir rumiando esos pedestres problemas. Esto ya lo venía pensando dese hacia meses, no terminaba de cuajar, justo ahora que ni siquiera fue tanto tiempo, pero el suficiente para que el ánimo y el cerebro se me aligeraran bastante, y que tengo que volver a las rutinas, me siento bastante apesadumbrado, además los sucesos mundiales de inicio de año han ayudado mucho. Lamento venir con mis desavenencias ahora que todo el mundo tiene una lista robusta de propósitos de año. Yo sólo deseo tener el cinismo de poder limitar la invasión de mis actividades laborales en las personales. Sencillamente no quiero leer más, escribir más o correr más, sólo quiero contemplar más. Me voy – Francisco Molinero Y me voy, con la secreta esperanza de que ocurra algo que lo cambie todo, que la vida me sorprenda abruptamente, sigilosamente, desordenadamente en cualquier puesta de sol frente al Mediterráneo, soñando con viajar o con huir o con nadar hasta perder la línea de la costa, mirando lejos, muy lejos, donde cuando miramos nos vemos reflejados en nosotros y nos reconocemos; me voy con la secreta esperanza de que el viaje no acabe, se prolongue, se eternice, se disuelva en un vivir de viaje, me voy como si dijera adiós, hasta nunca, escapo por la gatera, me escurro entre las sábanas, tus sábanas, me acurruco y espero lo inesperado, lo subversivo la hecatombe, un terremoto personal o de la tierra si fuera necesario, una riada, un vendaval insurgente, altivo que lo limpie todo, lo arrase, lo destruya y lo levante de nuevo, nuevo y nos sorprenda en silencio, con un golpe seco, con un beso húmedo con una caricia lenta, muy lenta como el mismo viaje que me lleva y me separa y me aleja y me acerca y me destruye y me reinventa, como el viaje a ninguna parte o a todas, me voy con la esperanza de no volver a irme nunca, de estarme quieto, pensativo, mirando a lo lejos frente al mar, donde cuando miramos nos vemos por dentro, o mirando al fuego una hora, otra hora, una noche tan larga como un día sin ti, como un viaje hacia dentro, a lo hondo, a lo oscuro, a lo que nos da miedo y nos atrae en un solo acto, a ti y a mí cuando hablamos sin decirnos lo que de verdad queremos, me voy en un viaje circular que me traerá a mi mismo o a vosotros o a ti si hubiera suerte o a ninguna parte, me voy pero no del todo, me voy dejando huella, marca y señales, me voy dejando miguitas de pan en el camino para poder volver, pinchando notas en la puerta, dejando rastros, imperceptibles, enormes, como palabras esculpidas, como los dedos de las estatuas que vi de pequeño, me voy esperando que me sigas y que me encuentres y que te pierdas y que llores la ausencia y la presencia reencontrada, reencarnada frente al Atlántico cuando el sol se levanta y lo descubre besando la orilla. Me voy para volver aunque no se a dónde ni por dónde, me voy con un pasito corto que me lleve lejos y me devuelva sano y ...
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    17 min
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 1.
    Jan 1 2026
    Relato – En otra vida (3a y última parte) | Poema – Huracán – Jorge Luis González | Reseña – Mis lecturas del 2025 | Frase robada – Laura Esquivel | Bonus track En otra vida (3a y última parte) leer el capítulo previo Estaban exhaustos, el calor del verano apenas les dio oportunidad de ponerse una sábana que les cubría la cintura. Dormidos sobre su costado él la abrazaba, a pesar de la diferencia de estatura y conformación de sus cuerpos; los años en él ya cobraban algunas facturas, y en ella la juventud engalanaba a sus genes; se encontraban muy cómodos, como si de esa forma durmieran cada noche. La recámara de Mónica daba cuenta de lo sucedido, sólo estaba la ropa interior de ambos, señal de que el resto se había ido perdiendo en el camino. Los cojines y las almohadas fueron los primeros en perecer, les estorbaban demasiado, en su afán de conocer cada esquina del colchón fueron cayendo estrepitosamente. El resultado, la cama con ellos dos abrazados y una catástrofe por todo el suelo. La luz a través de la ventana delataba dos cosas, la mañana ya estaba bastante avanzada, y el cansancio de una noche que se alargó hasta dónde les dieron las fuerzas y el deseo, los dejaron en medio de la habitación sin que absolutamente nada los sacará de su sueño. En algún momento de la madrugada Néstor se despertó a medias, tan solo para confirmar que ella seguía ahí, a su lado; y que el olor de su cuerpo con el de ella era inolvidable, le sorprendió la familiaridad y nostalgia de ese aroma. Mónica se dio la vuelta y él aprovechó el momento. -¿Quieres que te tape o busque tu pijama? -No, siento la piel hirviendo -le respondió apenas. -¿Te vas a dormir desnuda? -le preguntó Néstor al oído, y ella sólo asintió con la cabeza- bajo tu propio riesgo. Néstor observó el panorama, era idílico. Tomó una punta de la sábana y los cubrió parcialmente. -!Despiértate, por favor levántate Néstor! -Lo despertó Mónica, agitada y con voz angustiada. Néstor despertó sobresaltado y al verla sentada en un extremo de la cama, vestida con su camisa a modo de camisón, no entendía lo que estaba pasando. -Tuve una pesadilla horrible, estábamos tu y yo, y un bebe, un hijo supongo. Él la veía muy angustiada y en silencio asentía a lo que le contaba. -Yo también soñé algo parecido -Mónica lo miró sorprendida-, era un varón, un niño de brazos ¿cierto? Mónica no lo creía, al recordar el sueño los ojos se le humedecieron y lo confirmo con un sordo monosílabo. -Vivíamos en un cuarto, no podría decir que era una casa, cuatro paredes de tabique en bruto, una mesa de plástico con sillas, un trastero, la estufa, mi bicicleta con periódicos amarrados al portabultos, la cama y una cuna. Te gritaba que despertaras, por más que te sacudía apenas balbuceabas, hedías profundamente a vino. Vociferaba que el niño estaba muerto, lo veía azul con la piel marmórea y leche regurgitada en su boca. Insistía en que despertaras y lo lleváramos al doctor. Pero apenas me respondías que ya le habías dado su biberón. Lo destapaba y era leche mezclada con alcohol. Después me acercaba al estante al lado de la estufa y tomaba un cuchillo, estaba dispuesto a matarte y mientras caminaba hacia la cama me despertaste. Las lágrimas le escurrían por las mejillas a Mónica, mojando la camisa de Néstor. -Yo soñé algo parecido, el cuarto y el niño eran como los describes. Mis ropas, las del niño estaban viejas, sucias, roídas, eramos pobrísimos. El bebe no paraba de llorar, me veo en el sueño vaciándole al biberón una botella de licor, y cuando se queda dormido, yo le doy termino a la botella y me recuesto en la cama. Tus gritos en el sueño me despertaron. -Mónica ¿eres alcohólica? -le preguntó deseando no saber la respuesta. Mónica asintió bajando la cabeza entre sollozos. -Esto no nos puede volver a pasar -le dijo Mónica mirándolo a los ojos que se les llenaron de lágrimas. Ambos se levantaron de la cama, y recogieron sus ropas a lo largo del departamento, en silencio. -Creo que no nos volveremos a ver -le dijo Néstor mirando los pies desnudos de Mónica, con las puntas de los dedos levantadas. Tal como lo recordaba siempre. Ella le tomó la cabeza entre sus manos, le besó las lágrimas y le dijo al oído. -Siempre te voy a amar, también en otra vida. Néstor salió del edificio, se dirigió a la sala de conciertos para recoger su bicicleta y volver a casa. Huracán – Jorge Luis González Difícil saber quién desató la cuerda dispersa ya, entre los cuernos desgastados de ese toro de viento. Difícil saber si la mudez es sinónimo de muerte, o el germinar de un nuevo idioma, lengua devuelta al agua como un pescado que revive, de pronto, en la mesa. Difícil, porque esa misma cuerda la desató un día mi mano: echó a andar el trompo con la misma cadencia de la catástrofe. El gesto infantil de lanzar hacia la tierra una moneda, una roca, ...
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    18 min
  • Mi perra vida temporada 2025, episodio 52.
    Dec 26 2025
    Relato – En otra vida (2a parte) | Poema – Saudades – Clarice Lispector | El ancho mundo – Pierre Lemaitre | Frase robada – Juan Villoro | Bonus track En otra vida (2a parte) leer el capítulo previo Aún les faltaba para llegar a la casa de uno de los músicos, donde se había acordado que sería la fiesta de cierre de temporada que, además inauguraba las vacaciones en la universidad. Néstor y Mónica aprovecharon el frío para ir un poco más cerca de lo usual, tan sólo lo suficiente que permite la confianza de dos viejos conocidos. Ninguno de los dos dio explicaciones sobre su comportamiento, era obvio que ambos habían establecido un recíproco y furtivo interés. En lugar de eso, con naturalidad inexplicable se pasaron todo el trayecto conversando y escuchando sin incomodas pausas, quienes los veían pasar pensarían que se estaban actualizando sobre las últimas noticias de su vida. Tras decenas de minutos ambos entregaron al otro una hoja de ruta, estableciendo sucesos, detalles que quien escuchaba, devoraba por entero. Mónica se detuvo de improviso. -¡Ya nos pasamos! -le dijo mientras le jaló el brazo a Néstor. Su mano decidida pero dócil lo sonrojó, él deseaba más que nada seguir sabiéndolo todo de ella. Mónica lo miró fijamente dos segundos. -Tengo que ir a la fiesta -le dijo mirando los labios de Néstor- pero te la vas a pasar bien, lo prometo. A nadie llamó la atención que Mónica entrara con alguien ostensiblemente mayor que ella, agarrado de la mano. Néstor estaba sorprendido de ver a los músicos comportándose tan normalmente, alejados de su papel impostado por la partitura. En algún momento Mónica se ofreció a ir por una ronda más de copas de vino. Néstor la observaba desenvolviéndose en la fiesta, la casa era grande, había gente platicando ruidosamente en todos lados. Al no volver, comenzó a caminar y ver a los invitados, después de haberlos estado observando desde su asiento toda la temporada, de algún modo esas personas le parecían familiares. Se había formado prejuicios sobre su comportamiento, basado en el instrumento que ejecutaban en las presentaciones. Al final todos eran bastante ordinarios, sólo le contrastaba un poco que la mayoría con vestido de noche o frac, se comportaban como cualquiera en las reuniones a las que en contadas ocasiones acudía Néstor con sus amigos. Tras deambular un rato que le pareció más prolongado de lo usual, comenzó a buscarla entre las conversaciones, pero se había esfumado. Néstor ya comenzaba a barajar su opciones, entre las que se encontraba abandonar la fiesta y regresar por su bicicleta para volver a casa. Decidió ir a buscar algo que beber antes de partir, y cuando el mesero le entregó su copa de vino, Mónica se le acercó por la espalda, a un milímetro de tocar sus cuerpos, pero a la suficiente distancia para que él percibiera su calor. -Te tengo una sorpresa -le dijo sutilmente al oído. Se fue detrás de ella, atravesaron un par de salones y en el fondo, Néstor sospechó cuál era la sorpresa y se puso nervioso. En una esquina estaban cuatro chelistas y un par de violinistas; volteó a ver a Mónica que lo presentó a todas, y tras continuar la conversación, lo miró con picardía y preguntó si alguien deseaba algo de beber, una de ellas aprovecho para pedirle que rellenaran su copa mientras Néstor veía cómo se alejaba. Se quedó sorprendido, en el camino a la fiesta le había confesado su fascinación por las chelistas, pero después de un rato, volvió a preguntarse ¿dónde estaría Mónica? Satisfecha su parafilia musical, se despidió y fue a buscarla. Ella lo observaba a lo lejos deambular, hasta que él sintió su mirada y se acercó hacia la esquina donde estaba sentada. Mónica le extendió la mano sugiriéndole que la ayudara a levantarse. -Pensé que me dejarías abandonada -le dijo mientras se levantaba del sillón, sin soltarle la mano, Mónica lo adelantó y cruzaron la casa sin despedirse de nadie. -Deja tu copa -le dijo Mónica cuando pasaron una mesa llena de botella vacías- en mi casa también hay de beber. leer la tercera y última parte Saudades – Clarice Lispector Siento saudades de todo lo que marcó mi vida.Cuando veo retratos, cuando percibo olores,cuando escucho una voz, cuando me acuerdo del pasado,yo siento saudades… Siento saudades de amigos que nunca volví a ver,de personas con las que ya no hablé ni me topé… Siento saudades de mi niñez,de mi primer amor, del segundo, del tercero,del penúltimo y de aquellos que aun voy a tener, si Dios quiere… Siento saudades del presente,que no aproveché en lo absoluto,recordando el pasadoy apostando por el futuro… Siento saudades del futuro,que, si idealizado,probablemente no será comopienso que va a ser… Siento saudades de quien me dejó ¡y de quien yo dejé!De quien dijo que vendríay ni se apareció;de quien apareció corriendo,sin conocerme bien,de quien nunca voy a tenerla oportunidad de ...
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    19 min
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