• La genealogía en Jeruslén (Hechos 7:5-37)
    Feb 12 2026

    Esta mañana llegamos a otro registro en el libro de Nehemías, uno que a primera vista podría parecer árido o carente de interés, pero que en realidad está cargado de significado espiritual. Se trata del registro genealógico del pueblo que habitaba en Jerusalén en aquel tiempo.

    Este registro es, en muchos sentidos, casi una copia exacta del que encontramos en Esdras capítulo dos. Con excepción de algunas variaciones menores en ciertos nombres, ambas listas son esencialmente las mismas. Para el escéptico, esto podría parecer motivo de sospecha. Para el creyente informado, sin embargo, es una confirmación de la confiabilidad y fidelidad de la Palabra de Dios. Lejos de debilitar la inspiración bíblica, esta coincidencia la fortalece. Tenemos un testimonio histórico sólido de quiénes fueron contados entre los habitantes de Jerusalén en ese momento específico de la historia redentora.

    Ya hemos tratado anteriormente listas extensas de nombres, particularmente en Nehemías capítulo tres, y allí aprendimos una lección importante. Aun en los registros genealógicos hay verdad que debe ser considerada y aplicada. Toda la Escritura es provechosa, incluso las genealogías. Cuando Dios registra nombres, también nos permite vislumbrar vidas, sacrificios, fidelidades y fracasos. En esos detalles hay sabiduría y dirección para nuestra vida cristiana hoy.

    No dedicaremos aquí el mismo tiempo que en el capítulo tres, pero sí deseo que examinemos cuidadosamente estos versículos, buscando las lecciones prácticas que revelan, bajo el título, “La genealogía en Jerusalén.”

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  • Estableciendo orden en medio del caos (Nehemías 7:1-4)
    Jan 27 2026

    Hermanos, en nuestro recorrido por el libro de Nehemías, llegamos hoy a un punto crucial, uno que suele pasar desapercibido porque no tiene el dramatismo de la oposición abierta ni la emoción inmediata de la victoria visible. El muro ya está terminado. Las piedras están en su lugar. Las puertas han sido colocadas. El peligro externo parece, al menos en apariencia, haber sido contenido.

    Y precisamente ahí surge una tentación peligrosa. La tentación de pensar que el trabajo ya terminó. La tentación de relajarse. La tentación de asumir que, una vez alcanzado el objetivo principal, ya no queda nada más por hacer.

    Nehemías no cayó en ese error.

    El texto nos muestra a un líder que entiende algo fundamental. La obra de Dios no termina cuando se concluye una fase visible. De hecho, muchas veces el verdadero trabajo comienza después. Reconstruir muros es importante, pero establecer orden es indispensable. Levantar defensas es necesario, pero organizar la vida del pueblo es vital si esa ciudad ha de sobrevivir.

    Jerusalén había pasado de la ruina al orden estructural. Pero ahora debía pasar del orden físico al orden espiritual, administrativo y comunitario. El caos no desaparece solo porque las paredes estén en pie. El caos se controla cuando hay autoridad, vigilancia, servicio y responsabilidad compartida.

    Con ese trasfondo, quiero que consideremos este pasaje bajo el tema Estableciendo orden en medio del caos.

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  • La celebración y la contienda (Nehemías 6:15-19)
    Jan 15 2026

    Llegamos hoy a un momento que el pueblo de Dios había esperado con ansia, con sudor, con temor y con fe. Después de semanas de trabajo agotador, de noches de vigilancia, de oposición externa, conflictos internos y ataques constantes del enemigo, finalmente el muro de Jerusalén quedó terminado.

    Nehemías registra este hecho con sobriedad, sin adornos emocionales exagerados, pero con una carga histórica y espiritual inmensa. Lo que había comenzado como una noticia dolorosa en Susa, cuando Nehemías oyó que Jerusalén estaba en ruinas (Nehemías 1:3), ahora culmina con una ciudad nuevamente cercada, protegida y restaurada.

    El muro no era solo piedra. Era identidad. Era dignidad. Era testimonio. Era obediencia. Y, sin embargo, el texto nos enseña algo que a veces preferimos ignorar, es decir, que el cumplimiento de la obra de Dios no elimina automáticamente la oposición. De hecho, muchas veces se intensifica. Por eso, el pasaje que hoy estaremos meditando, puede resumirse en el título de nuestro sermón: La celebración y la contienda.

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  • La traición desde dentro (Nehemías 6:10-14)
    Jan 1 2026

    No todas las heridas vienen del enemigo declarado. Algunas, las más dolorosas, provienen de manos que alguna vez estrechamos con confianza.

    Hay ataques que uno espera, porque vienen de fuera, de quienes nunca han ocultado su oposición. Pero hay otros que llegan desde dentro, envueltos en palabras piadosas, en gestos religiosos, en aparente preocupación espiritual. Y esos ataques suelen ser los más devastadores.

    Nehemías vivía tiempos turbulentos. Desde su llegada a Jerusalén, la obra de reconstrucción había estado bajo constante presión.

    Primero vinieron las burlas. Luego las amenazas. Después las distracciones repetidas, cuatro veces rechazadas con firmeza. Más tarde, las acusaciones públicas de traición y ambición política. Y, sin embargo, Nehemías permaneció firme. El enemigo externo no logró detenerlo.

    Pero el adversario no se rinde fácilmente. Al ver que sus ataques frontales habían fracasado, Sanbalat diseñó un plan más oscuro, más refinado, más peligroso. Esta vez no usaría enemigos extranjeros, sino a alguien del propio pueblo. Alguien que Nehemías tenía razones para confiar. Alguien con apariencia de piedad, con credenciales espirituales, con acceso al templo. El ataque ahora vendría desde dentro. La Escritura no a no oculta esta realidad. El dolor de la traición interna recorre toda la historia bíblica, desde José vendido por sus hermanos, hasta David traicionado por Ahitofel, y culmina en Judas entregando al Señor con un beso. Nada hiere más profundamente que la traición revestida de cercanía.

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  • Desafiados por falsas acusaciones (Nehemías 6:5-9)
    Dec 16 2025

    Hay heridas que no dejan marca en la piel, pero se instalan profundamente en el alma. Las palabras falsas son de ese tipo. No golpean el cuerpo, pero golpean la reputación, la conciencia y, en ocasiones, la fe. Pocos dolores son tan persistentes como el de ser acusado injustamente, especialmente cuando uno solo intenta obedecer a Dios.

    La mayoría de nosotros conoce esa experiencia. En algún momento hemos hecho lo correcto, hemos buscado agradar al Señor, y aun así nos hemos encontrado con oposición, sospechas, insinuaciones maliciosas o acusaciones abiertas. Y lo más desconcertante es que esas acusaciones suelen venir precisamente cuando la obra de Dios avanza.

    Vivimos en una época que tolera muchas cosas, excepto la fidelidad cristiana. El creyente que se mantiene firme es etiquetado como intolerante, retrógrado o peligroso. No es raro que hoy se presenten caricaturas del cristiano fiel como si fuera un enemigo social. El mensaje es claro: cede, calla, adáptate… o prepárate para ser señalado.

    Nada de esto es nuevo.

    Nehemías se enfrentó a ese mismo espíritu. No era un agitador político, ni un ambicioso disfrazado de líder espiritual. Era un hombre llamado por Dios para restaurar lo que había sido destruido. Sin embargo, el progreso despertó odio. Y cuando la burla no funcionó, cuando la distracción falló, el enemigo recurrió a su arma favorita: la calumnia.

    Este pasaje nos muestra no solo las falsas acusaciones, sino también cómo responder a ellas sin perder la fe, el rumbo ni el carácter.

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  • ¿Por qué habría de cesar la obra? (Nehemías 6:1-4)
    Dec 3 2025

    El pasaje que hemos escuchado nos abre una ventana a un momento de triunfo espiritual en medio de condiciones extremas. El pueblo de Israel había pasado setenta años en cautiverio, y finalmente se le permitió volver a Jerusalén. Pero al regresar, encontraron la ciudad derribada y reducida a cenizas, donde solo se podían ver muros destruidos, puertas quemadas, hogares en ruinas, prácticamente una identidad dispersa.

    La tarea era inmensa, prácticamente imposible a primera vista. Sin embargo, Nehemías y aquellos que regresaron con él decidieron enfrentar lo imposible. Levantaron manos, hombros y corazones para restaurar lo que el enemigo había devastado. Y mientras progresaban, la oposición se presentó con rostro firme y determinación oscura.

    Vivimos tiempos parecidos. La fe es desafiada, las convicciones son puestas a prueba, y la iglesia parece avanzar por temporadas para luego sufrir el embate del adversario. Y es que no se puede vivir de las bendiciones de ayer. Es necesario recordar con gratitud, sí, pero también avanzar con vigilancia. La fidelidad no es un monumento estático; es una marcha continua.

    Quisiera que, al meditar en este texto, permitamos que la pregunta de Nehemías se quede en lo más profundo de nuestra conciencia: “¿Por qué habría de cesar la obra?” Hay demasiado en juego. Es imprescindible permanecer en el muro, en el llamado, en la brecha.

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  • El testimonio de un carácter compasivo (Nehemías 6:14-19)
    Nov 19 2025

    Hoy abrimos las Escrituras en el libro de Nehemías, capítulo cinco, versos del catorce al diecinueve. En estos versículos encontramos un retrato hermoso y desafiante del corazón de un siervo fiel. No es solo un pasaje histórico; es un espejo, un llamado, una invitación divina a vivir con un carácter profundamente compasivo en medio de un mundo endurecido por la indiferencia y la codicia.

    Hemos estado viendo que, mientras Jerusalén intentaba levantarse de entre sus ruinas, surgió un problema que no venía del exterior, sino del interior. Ya no eran los enemigos los que detenían la obra; ahora eran los mismos judíos, explotando a sus hermanos, aprovechándose de la necesidad, convirtiendo el dolor ajeno en ganancia propia. Y justo aquí, en medio de esta crisis moral, Dios levanta la figura de Nehemías, un hombre que no solo dirigió la reconstrucción de los muros… sino a la reconstrucción del corazón del pueblo.

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  • La valentía frente a la iniquidad (Nehemías 5:6-13)
    Nov 5 2025

    Hermanos, hemos visto en nuestros mensajes que Nehemías fue un líder que no se rindió ante la oposición. Cuando los enemigos atacaban desde afuera, él respondía con oración y trabajo. Pero en esta ocasión, el enemigo ya no estaba afuera… estaba dentro del pueblo. Los judíos más ricos estaban oprimiendo a los más pobres. Los poderosos prestaban dinero con intereses abusivos, confiscaban tierras, y convertían en siervos a los hijos de sus propios hermanos. El clamor de los oprimidos llenó la ciudad. Y Nehemías tuvo que detener la obra para enfrentar el pecado que amenazaba con destruirlo todo desde adentro. La codicia había creado desigualdad, y la injusticia estaba manchando el testimonio del pueblo de Dios. Así que Nehemías, con valor y discernimiento, decidió enfrentar la iniquidad cara a cara. Y eso, mis hermanos, es lo que necesitamos aprender hoy: cómo mantener la valentía frente al pecado, incluso cuando duele confrontarlo. La valentía frente a la iniquidad.

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