Acercarnos al Amante Interior
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Acercarnos al Amante Interior
Una de las transformaciones más notables que experimentamos en el camino interior es el cambio en la percepción de lo que consideramos real, que se traslada de lo externo a lo interno.
Crecemos en un entorno en el que el conocimiento de nuestro cuerpo junto con la realidad física que nos permite percibir nos embelesa por completo considerando nuestra vida física como la única realidad.
Es nuestra consciencia frente a la muerte la que nos lleva a considerar otras realidades, ya que desde nuestro interior la muerte es inconcebible.
Por otra parte, la permanente insatisfacción que las experiencias humanas nos aportan nos llevan a indagar en la causa de nuestro desencuentro con la vida.
Nuestra consciencia está volcada en reconocerse en la identidad humana aún cuando no encajemos en ese traje.
Puesto que todas las referencias exteriores cambian o desaparecen, nos vemos obligados a reconocer el ser que permanentemente está observando ese cambio.
Se produce entonces un progresivo despertar, o separación de esa idea pensamiento sobre lo que es real.
Cuando nos separamos de todas esas apreciaciones que se basan en la percepción física nos damos un margen de observar a observador que somos dentro, separándonos del fenómeno de pensarse.
Si indagamos en la realidad de nuestra consciencia al margen de lo aprendido y reconocemos la misma realidad en los demás, especialmente si estamos en la misma labor y momento, entonces tendremos la oportunidad de reconocernos unos a otros desde nuestra realidad interior atemporal.
Si nos permitimos observar nuestra realidad interior como una realidad al margen de lo que ocurre, del espacio y del tiempo, entonces, veremos que nos estamos asomando realmente a través de nuestra realidad corporal, pero que únicamente se trata de un instrumento que usamos temporalmente para participar de la experiencia humana.
Damos desde el interior un valor de uno mismo a nuestra realidad física pero es experimentado que en profunda meditación nos percibimos reales al margen del cuerpo.
Cuando ya nos hemos reconocido como una realidad interior podemos sostenernos en esa realidad ininterrumpidamente.
De es manera podremos soltar todo lo que hemos transitado durante la vida y nos había marcado construyendo una idea de yo, cargada de efectos psicológicos debido a nuestras experiencias y condicionamientos.
El dolor, los miedos, los logros y las decepciones, los conflictos y las rivalidades, todo queda fuera de ese reconocimiento interior estable y permanente, comprendiendo y soltando todas las experiencias que nos definieron y todos sus efectos.
Entonces, solo queda lo que es real, lo que se sustenta en el fondo de todo, lo que nos sostiene existiendo, lo que es por sí mismo sin necesidad de hacer nada.
Ser, no necesita de nuestras destrezas, ni nuestras acciones. Ser, está siempre antes de hacer, pensar o sentir.
Podemos dejarnos ser, recibiendo ilimitadamente, como cuando nos dan un masaje relajante que nada tenemos que hacer.
Dejándonos ser no pretendemos llegar a ningún sitio, es en ese dejarse ser cuando el Ser nos colma de expansión, calma y armonía.
Mientras sostengamos la disposición de dejarnos ser, sin hacer, seguiremos recibiendo el influjo del Ser sin límite.
Cuando nuestra mente está llena de pensamiento sobre nuestra vida humana, no lograremos estar en un estado libre y de paz.
Sin embargo, cuando desechamos nuestro estado mental y dejamos de estar enfocados en nuestra cabeza, podremos buscar ese dejarnos ser, soltando toda la atención de nuestros pensamientos, para ir en busca de ese dejarnos recibir lo real.
Si cambiamos el foco a nuestro interior vamos a experimentar un cambio radical en nuestro sistema porque seremos nutridos por nuestra realidad interior.
Ese cambio en muchas ocasiones nos ocurre sin darnos cuenta, o porque nos guían en una meditación o por una disposición espontánea que lo facilita.
Continúa,....