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En fin hermanos, En Esto pensad

En fin hermanos, En Esto pensad

Di: En fin hermanos En Esto pensad
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  • “Cuando la “Luz” llega a las tinieblas”
    Oct 21 2026


    Texto bíblico: Juan 1:1-9

    Propósito: Que cada persona reconozca su necesidad de Jesucristo y responda a su invitación de salvación.

    Amados hermanos y amigos, hay algo que todos conocemos: la oscuridad.

    Cuando se va la electricidad en una casa, buscamos una linterna, una vela o alguna fuente de luz. ¿Por qué? Porque nadie desea permanecer a oscuras cuando necesita encontrar el camino.

    Pero existe una oscuridad mucho más profunda que la falta de electricidad: la oscuridad del alma.

    Es la oscuridad de quien sonríe por fuera, pero llora por dentro. Es la oscuridad de quien tiene familia, trabajo y posesiones, pero siente un vacío que nada puede llenar. Es la oscuridad del pecado, de la culpa, del temor y de vivir lejos de Dios.

    Hoy recibe a Cristo!!!

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    7 min
  • 1 Samuel 25: 1-35🌷
    Aug 14 2026

    Hola!♥️

    ABIGAIL

    «LA SABIDURÍA QUE EVITA TRAGEDIAS»

    Texto base: 1 Samuel 25:1-35

    Duración: aproximadamente 4 minutos

    Hay momentos en la vida en los que una sola decisión puede cambiarlo todo.

    Una palabra puede encender un conflicto… o apagarlo.

    Una reacción impulsiva puede provocar una tragedia… o una respuesta sabia puede detenerla.

    Eso encontramos en la historia de Abigail.

    Abigail estaba casada con Nabal, un hombre rico, pero duro y necio. David y sus hombres habían protegido los bienes de Nabal, y cuando David pidió provisiones, Nabal respondió con desprecio.

    David se enojó tanto que decidió ir con sus hombres para vengarse.

    La situación estaba a punto de convertirse en una tragedia.

    Pero alguien se enteró de lo que estaba ocurriendo.

    Abigail.

    Y aquí comienza una de las lecciones más hermosas de esta historia:

    Una mujer sabia puede detener una tragedia cuando decide actuar con prudencia en lugar de reaccionar con ira.

    Abigail preparó alimentos y salió al encuentro de David.

    Cuando lo vio, descendió del asno y se inclinó delante de él.

    No llegó gritando.

    No llegó insultando.

    No llegó justificándose.

    Llegó con humildad y con sabiduría.

    Y le habló al corazón.

    Le recordó a David que Dios tenía un propósito para su vida y que no debía manchar su futuro con una venganza personal.

    Le dijo, en esencia:

    “Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová.”

    ¡Qué palabras!

    Abigail estaba viendo más allá del momento.

    David estaba viendo una ofensa.

    Abigail estaba viendo las consecuencias.

    David estaba pensando en lo que Nabal había hecho.

    Abigail estaba pensando en lo que David podía convertirse.

    Y David escuchó.

    Entonces respondió:

    “Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que me encontrases hoy.”

    ¡La sabiduría de Abigail evitó una tragedia!

    Mujer que me escuchas:

    Quizás hoy estás enfrentando una situación que te está provocando ira.

    Alguien te ofendió.

    Alguien habló mal de ti.

    Alguien te hizo una injusticia.

    Y tienes razones para responder.

    Pero antes de hablar, ora.

    Antes de reaccionar, pregúntale a Dios qué quiere hacer contigo en esa situación.

    Porque no toda batalla merece una respuesta.

    Y no toda ofensa merece convertirse en una guerra.

    La sabiduría no significa permitir que otros nos maltraten.

    Significa saber cuándo hablar, cómo hablar y cuándo dejar que Dios sea nuestro defensor.

    Abigail entendió algo que todos necesitamos aprender:

    No podemos controlar lo que otros hacen, pero sí podemos decidir cómo responder.

    Y hay una enseñanza todavía más profunda.

    David necesitaba ser librado de su propia ira.

    Y nosotros también necesitamos un Salvador que nos libre de aquello que hay dentro de nuestro corazón.

    Porque el pecado no solamente está afuera.

    También está dentro de nosotros.

    Por eso vino Jesucristo.

    Jesús no solamente vino a cambiar nuestras circunstancias.

    Vino a transformar nuestro corazón.

    Cuando nos insultan, Él nos enseña a perdonar.

    Cuando nos hieren, Él nos enseña a responder con gracia.

    Cuando queremos vengarnos, Él nos recuerda:

    “Mía es la venganza.”

    Cristo murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos una vida nueva.

    Quizás hoy necesitas reconocer:

    “Señor, necesito que cambies mi corazón.”

    Si todavía no has entregado tu vida a Jesús, hoy puedes hacerlo.

    Y si eres creyente, pídele sabiduría para que tus palabras no destruyan lo que Dios quiere construir.

    Recuerda a Abigail.

    Una mujer sabia entró en una situación peligrosa y, con humildad y sabiduría, evitó una tragedia.

    Tú también puedes ser instrumento de paz en tu hogar, en tu familia y donde Dios te ha colocado.

    🙏 ORACIÓN

    Señor, danos la sabiduría de Abigail.

    Ayúdanos a no reaccionar impulsivamente cuando somos heridos. Pon palabras de paz en nuestra boca y dominio propio en nuestro corazón.

    Haznos instrumentos de paz y sabiduría.

    En el nombre de Jesús.

    Amén.

    🌷 FRASE FINAL

    “Una reacción puede alimentar una tragedia, pero una palabra guiada por Dios puede detenerla.”

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    6 min
  • 1 Samuel 1:1-28🌷
    Aug 14 2026

    Hola!!!🌸

    ANA

    “UNA ORACIÓN QUE CAMBIÓ LA HISTORIA”

    Texto base: 1 Samuel 1:1-28

    Duración: aproximadamente 4 minutos

    Hay oraciones que nacen de la alegría, pero también hay oraciones que nacen del dolor.

    Ana conocía esa clase de oración.

    La Biblia nos cuenta que Ana no podía tener hijos. Mientras ella sufría, Penina la provocaba continuamente, recordándole aquello que tanto le dolía.

    Ana lloraba y no comía.

    Pero un día decidió hacer algo diferente:

    Llevó su dolor a la presencia de Dios.

    Entró al templo y comenzó a orar.

    No estaba haciendo una oración para impresionar a nadie.

    Su corazón estaba quebrantado delante del Señor.

    Ana le dijo a Dios:

    “Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva… y te acordares de mí.”

    ¡Qué hermosa oración!

    Ana no escondió su dolor.

    No fingió estar bien.

    No tuvo miedo de llorar delante de Dios.

    Y aquí encontramos una primera enseñanza:

    Puedes llevarle a Dios exactamente lo que hay en tu corazón.

    Puedes llevarle tus lágrimas.

    Tu frustración.

    Tu familia.

    Tus sueños.

    Aquello que nadie más entiende.

    Dios escucha la oración sincera de un corazón rendido a Él.

    Mientras Ana oraba, el sacerdote Elí pensó que estaba ebria.

    Pero Ana respondió:

    “No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu.”

    Ella estaba diciendo:

    “Estoy sufriendo, pero vine al lugar correcto.”

    Y después de derramar su corazón delante de Dios, ocurrió algo extraordinario.

    La Biblia dice que Ana se fue por su camino, y comió, y no estuvo más triste.

    ¡Todavía no había nacido Samuel!

    Todavía no había recibido la respuesta.

    Pero algo había cambiado.

    Primero cambió su corazón antes de que cambiara su circunstancia.

    Eso es poderoso.

    A veces pensamos:

    “Cuando Dios conteste, entonces tendré paz.”

    Pero Ana descubrió que podía tener paz antes de ver la respuesta.

    Y Dios respondió su oración.

    Ana concibió y dio a luz un hijo.

    Lo llamó Samuel, porque lo había pedido a Jehová.

    Pero Ana no se quedó solamente con la bendición.

    Ella había prometido entregarlo al Señor, y cumplió su palabra.

    Samuel creció para servir a Dios y se convirtió en profeta y juez de Israel.

    Por medio de Samuel, Dios ungiría al rey David.

    Y de la descendencia de David vendría Jesucristo.

    ¡Mira la dimensión de aquella oración!

    Ana estaba orando por un hijo.

    Dios estaba preparando una generación.

    Ella estaba llorando por su situación.

    Dios estaba trabajando en la historia de Israel.

    Mujer que me escuchas:

    Quizás llevas tiempo orando por algo.

    No dejes de orar.

    Quizás todavía no ves nada.

    Sigue creyendo.

    Pero recuerda también esto:

    Tu oración no es una manera de obligar a Dios a hacer lo que tú quieres.

    Orar es rendir tu voluntad a la Suya y confiar en Su sabiduría.

    Y hay una oración todavía más importante que cualquier petición.

    Es decir:

    “Jesús, necesito que me salves.”

    Porque el problema más grande del ser humano no es aquello que le falta, sino el pecado que nos separa de Dios.

    Por eso Jesucristo vino.

    Murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos perdón, salvación y vida eterna.

    Quizás hoy llegaste con el corazón quebrantado.

    Haz como Ana.

    Lleva tu dolor a Dios.

    Ora.

    Confía.

    Entrégale tu vida.

    Y recuerda:

    Dios puede tomar una oración nacida en lágrimas y convertirla en parte de un propósito mucho mayor.

    🙏 Oración

    Padre, hoy venimos delante de Ti como Ana, con un corazón sincero.

    Tú conoces nuestras necesidades, nuestras lágrimas y las peticiones que hemos guardado en secreto.

    Enséñanos a confiar en Tus tiempos y a descansar en Tu voluntad.

    Y si alguien todavía no conoce a Jesucristo, que hoy pueda clamar a Ti, recibir Tu perdón y comenzar una nueva vida en Cristo.

    Toma nuestras oraciones y úsanos para Tu propósito.

    En el nombre de Jesús.

    Amén!

    🌷 Frase final

    “Ana llegó al templo con lágrimas, pero salió con esperanza; porque cuando ponemos nuestro dolor en las manos de Dios, Él puede convertirlo en propósito.”🌷

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    6 min
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