El amor nos guía al Ser
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El amor nos guía al Ser
El camino interior se va despejando, paso a paso, cuando lo asumimos como nuestra mayor aspiración. Cada vez que lo retomamos, de entre nuestras actividades cotidianas, recordamos dónde lo dejamos para continuarlo y hacemos de ello nuestra forma de vivir.
Es en ese camino interior donde podemos asimilar y comprender de qué se trata el estado del “enamorado”.
Aunque resulte poco atractivo y difícil de asumir, el desamor puede generar la iniciativa y la energía necesaria para mirar dentro y reconocer que el camino interior nos permitirá encontrar el ser que somos, el que es capaz de enamorarse y el que sufre el desamor.
Dicen que: “no hay mal que por bien no venga”.
El desamor se produce después de un despertar al amor. El desamor nos da la posibilidad de reconocer a ese ser que se ha enamorado.
Cuando uno se enamora lo daría todo por amor, incluso su propia vida, por fundirse en ese amor.
Por lo general, ese amor, recaba en un ser humano que se convierte en el sostenedor de semejante amor.
La realidad humana no puede expresar, ni contener lo que el enamorado percibe desde su interior.
Solo quien integra en sí mismo el estado de enamoramiento puede iluminarse.
El momento en que dos enamorados se fundan a través de lo humano no puede materializar esa fusión en el Uno.
Esa entrega y esa fusión se basa en ser una sola cosa que difícilmente se podrá sostener durante la vida humana.
En el uno mismo es donde podemos reconocerlo y desde ese uno miso contemplar la unidad interior con el otro, imposible de materializarse según el cuerpo.
Como identidades humanas, enamorados del sujeto que refleja y hace de contenedor de nuestro amor, nos resulta muy difícil y poco reconocible, el desapegarnos del otro ser, reconocer que el amor está dentro y realmente el otro solo suple nuestra incapacidad de reconocer el amor interior.
El enamoramiento llega sin avisar, nos toma y dispara y es esa otra persona la que le da sentido, la que nos permite sostener el amor que sentimos porque no sabemos entenderlo, ni qué hacer con él.
¿De dónde vino? ¿Dónde está? ¿De qué manera puedo sostener algo que sobrepasa cualquier dimensión?
No podemos evitar anclarlo en esa persona que nos permite sostener y procesar algo incomprensible e irracional como es enamorarse.
La muerte del amor es lo que mas se teme en ese momento, ¿cómo algo así puede ser falso o morir?
Finalmente el amor se estrella en el arrecife de la vida, el desengaño y la depresión lo sustituye y llega el desamor.
En ese suceso, conocido por muchos, lo que más conviene es reconocer que no mismo esta enamorado, aun olvidado, o ignorado.
Si hemos sido tocado por el “enamorado” tenemos el estigma del despertar.
Sabremos que el estado de enamoramiento pretendía un imposible y que tal o cual persona representaba la perfección que ese amor precisaba, algo imposible de sostener.
Si libramos a esas personas de nuestra necesidad de que sean perfectas, tendremos la oportunidad de ir hacia a dentro y comprender de qué se trata enamorarse, ahora que quizás ya tenemos recursos para comprender.
El primer paso es reconocer que estamos enamorados, aunque en este momento no tengamos una persona objetivo. Algo ha quedado tocado en nuestro interior.
Saber que uno ha estado enamorado nos permite entender de qué se trata.
Podemos aceptar que es como una ventana que está en un castillo, donde nunca se supo que existiera y que un día se abrió de repente dejando entrar tanta luz. A través de esa ventana podemos ver una nueva y muy diferente realidad.
En lo humano se producen muchas distorsiones, nos enamoramos de quien no nos ama y no lo hacemos de quien si se enamora de nosotros.
Hay enamoramientos muy marcados en la atracción física y enamoramientos del alma.
Resulta interesante de observar la ambivalencia del estar enamorado y lo duro que resulta oscilar entre un estado u otro.
Continúa,....