En este episodio de El Sexto Sentido, Adriana Urrutia (tarotista, parapsicóloga e investigadora de lo paranormal) abre un capítulo profundamente narrativo y escalofriante dedicado a Venezuela, un país que marcó su vida y al que vuelve desde la memoria en una fecha cargada de simbolismo: 4 de enero. Con un tono íntimo y reflexivo, Adriana conecta el misterio con la historia, la espiritualidad y la denuncia social, planteando una idea central: la realidad es un acuerdo… y a veces lo “real” se disfraza de “irreal”. La primera parte nos lleva a Caracas y a La Casa de la Pastora, donde Adriana llega originalmente buscando una receta (su interés por la gastronomía vegetariana y el periodismo gastronómico sirve como puerta de entrada), pero termina encontrando una experiencia paranormal: una casa sellada, olor a alcanfor y “colonia de difuntos”, un espejo roto donde se refleja una mujer desconocida con ira, y una sensación persistente de que el lugar “sigue vivo”. La historia crece cuando escucha el relato de una costurera asesinada y enterrada, y Adriana regresa con una vela y un cuaderno para intentar escritura automática, con una palabra que se repite: justicia. Entre sueños perturbadores, grabaciones que se activan solas y una cinta de cassette que se pierde, aparece un eje que atraviesa todo el episodio: las voces que intentan callar una historia. Luego, el programa entra en el caso urbano-digital más impactante: “El exorcismo de Petare” (2019). Adriana narra el fenómeno como una guerra social entre escépticos y creyentes: adolescentes transmitiendo un ritual por TikTok (“Invocando al Espíritu de la Reina del Cementerio”), convulsiones, trance colectivo y un exorcismo público liderado por un sacerdote con presencia en redes. Se confrontan explicaciones médicas (episodios psicóticos inducidos por sugestión colectiva) con posturas eclesiásticas (prudencia pero sin descartar lo espiritual) y miradas desde el esoterismo: la idea de que en la era digital el like reemplaza al incienso y los jóvenes invocan símbolos que no comprenden. La frase final de un adolescente queda como golpe: “desde esa noche, cuando cierro los ojos, escucho una voz que me dice: gracias por abrir la puerta”. El episodio suma otro relato denso: “El perfume de las gardenias”, una historia ubicada en El Hatillo (1997), donde una niña comienza a cambiar su voz, dibuja símbolos inquietantes y un sacerdote convierte el caso en espectáculo mediático con un exorcismo grabado. Entre elementos sobrenaturales, se cuela una lectura social brutal: el propio sacerdote concluye que “no es el demonio, es el país”, y la historia salta décadas después cuando la niña —ya adulta— reaparece como figura pública que ofrece tarot y talleres de sanación, mientras el sacerdote desaparece. Para cerrar, Adriana comparte una vivencia personal como tarotista: una consultante venezolana (“Diana”) involucrada con un joven santero que llega al consultorio buscando dominar la situación desde la intimidación y el “linaje”. Adriana lo confronta con preguntas directas sobre manipulación y rituales, y transforma el momento en una reflexión sobre intuición, límites, “banderas rojas”, amor sano y el tipo de conocimiento que no siempre evita el dolor, pero puede prepararnos. Un episodio que mezcla crónica, atmósfera paranormal, crítica social y espiritualidad, dejando una sensación clara: en Venezuela —como en muchos lugares— hay historias que insisten en ser contadas, aunque alguien (o algo) pida silencio. Hosted by Simplecast, an AdsWizz company. See https://pcm.adswizz.com for information about our collection and use of personal data for advertising.
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