El Manto De Jesus Y La Fe.
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Mateo nos dice que “todos los que lo tocaron quedaron sanos”, destacando el profundo impacto de este gesto. Estos milagros no fueron aleatorios; tenían un profundo significado espiritual y simbólico arraigado en la tradición judía. Algunos eruditos interpretan estas historias como una concesión divina a la superstición antigua. Aunque esta visión tiene argumentos válidos, surge una comprensión más rica cuando se examina el trasfondo del Antiguo Testamento.
En Números 15:37-41, Dios ordena a los israelitas que coloquen flecos con cordones azules en sus vestiduras como recordatorio de su pacto con Él. En la cultura antigua, el borde de una prenda no era simple tela; representaba identidad personal y autoridad. Por eso Rut pidió a Booz que extendiera sobre ella el borde de su manto, como símbolo de protección y unión. La palabra hebrea usada aquí también significa “ala”, lo que agrega una capa simbólica doble al gesto.
La importancia del borde de las vestiduras se mantiene en la literatura profética judía. En Ezequiel 16:8, Dios extiende el borde de Su manto sobre Israel, estableciendo identidad de pacto. El remordimiento de David tras cortar el manto de Saúl en 1 Samuel 24:5 revela su conciencia de haber violado un símbolo real. Aún más notable es Malaquías 4:2, que profetiza sanidad en las “alas” del Mesías—una palabra que también se traduce como bordes de vestidura. Esta profecía sugiere que Jesús, el “Sol de justicia”, traería sanidad espiritual mediante
Su presencia e identidad, simbolizada en Su atuendo. Comprender esta conexión arroja luz sobre por qué la gente en los tiempos de Jesús tocaba Su manto—no por superstición, sino por expectativa bíblica. Los fariseos llevaban flecos llamativos para mostrar santidad, pero la vestimenta de Jesús portaba verdadera autoridad divina. Cuando alguien tocaba Su manto, no solo buscaba sanidad; expresaba una profunda fe en el Mesías y se alineaba con el pacto de Dios. Jesús confirmó esto al decirle a la mujer sanada: “Tu fe te ha hecho salva”.
Hoy en día, los creyentes quizá no otorguen la misma importancia teológica a los bordes de las vestiduras, pero comprender este contexto bíblico enriquece nuestra lectura de los Evangelios. El acto de tocar el manto de Jesús fue una declaración visible de confianza, identidad y dependencia en la misericordia divina. Así como la sanidad llegó a quienes lo tocaron con fe, también podemos experimentar renovación al identificarnos con Cristo—no mediante rituales ni telas, sino a través de una alineación espiritual y la fe en Su poder. Estas historias nos recuerdan que la verdadera sanidad comienza con una fe de todo corazón.
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