El DesAmor nos guía al Ser copertina

El DesAmor nos guía al Ser

El DesAmor nos guía al Ser

Ascolta gratuitamente

Vedi i dettagli del titolo

A proposito di questo titolo

El DesAmor nos guía al Ser


Hemos tratado el estado de enamoramiento, cómo nos trastoca al despertarnos a una realidad híper sensitiva que se apodera de nuestro estado y cómo podemos utilizar ese hecho para reconocer al ser interior que lo experimenta.


La sensación es tan poderosa que no podemos dejar de percibirla, mientras que los pensamientos y las cuestiones humanas pasan a un segundo plano.


¡Qué gran oportunidad para conocerse a uno mismo!


Ese sentimiento procede de nuestro interior despierto.


Nos pone en contacto con una realidad irracional, ya que parece no encajar con las leyes de este mundo. Al contrario, nos lleva a sentirnos realmente vivos pero sobre una base que no se corresponde con las cuestiones humanas cotidianas.


Ese amor irracional nos lleva a anhelar lo perfecto, algo realmente utópico en lo humano. Nos lleva a un estado en el que esa perfección ha de manifestarse por sí misma, ya que es perfecto.


Si ese ser enamorado se volatilizase y entrase en la dimensión donde todo es Uno, todo seguiría un curso perfecto.


Sin embargo, por lo general, hemos encarnado para ser seres humanos de manera que ese estado perfecto es insostenible en la materialidad de nuestro cuerpo, donde es imposible la fusión, en el que hemos de pagar el peaje humano.


¿Qué enamorado no sufrió el desamor?


No sabemos, ni podemos procesar las realidades de nuestro ser mediante nuestra identidad humana.


Necesitamos recuperar todo el desamor para sanarlo primero, para después utilizarlo como nuestra guía hacia el amor a uno mismo, el amor al Ser.


Necesitamos ser conscientes de cada instante en el que estábamos enamorados e ir hacia el origen de ese amor, donde parte, donde lo sentimos, hundiéndonos en la sensación como si fuera un presente completo.


Siempre que se despertaba el amor intentábamos manifestarlo en lo humano y nos apoyábamos en otro ser humano que hacía de reflejo.


Podemos recordar los momentos en los que nos aterraba manifestar nuestros sentimientos, en parte por si no éramos correspondidos, en parte porque no nos atrevíamos a enfrentar esa realidad y en parte por sufrir el desengaño de que no fuera real o posible.


El estado de enamoramiento llegó sin respeto alguno. No lo pedimos, nos invadió el alma sin previo aviso y nos sometió y nos hizo extremadamente sensibles de manera que solo aceptábamos la verdad, la verdad de nuestro sentir, la verdad de nuestro amor.


Ese amor a la verdad es precisamente la demanda más directa que podemos hacerle a nuestro Ser. Si nos despertó, se hace necesaria un para qué.


Era como un despertar a una realidad desconocida donde todo tomaba un matiz sobre dimensionado.


Esto no era otra cosa que despertarnos a la realidad del ser mientras éramos un ser humano que la ignora y que en realidad se buscaba a sí misma.


Al aproximarnos a ese ser humano que reflejaba exteriormente lo que sentíamos dentro se producía como un fuego irrefrenable y a la vez nos paralizaba.


Si ahora sostenemos aquellas sensaciones y reflexionamos, veremos que esa otra persona era como un reflejo de lo que sentíamos dentro y que al aproximarnos era como si realmente entráramos en estado de éxtasis.


La sensación interior tan intensa, era un experiencia interior, mucho más real que lo que podríamos ver y tocar, ya que la otra persona podría sernos indiferentes y realmente no enterarse de nada.


Algo que nos despierta a una dimensión tan intensa, no puede estar unido, ni basarse, simplemente, en la presencia de otra persona.


Ha de haber algo mucho más cercano y real, que la correspondencia con otro ser humano.


Entonces, creíamos que era la persona la que despertaba ese estado y sin embargo, ese estado permanecía estando lejos de esa persona.


Es algo parecido a querer culpar a otro de lo que sentimos y no querer ver que el amor lo sentimos en nosotros mismos y que posiblemente nada tenga que ver la otra persona.

Continúa,...

Ancora nessuna recensione