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Buceando el Evangelio

Buceando el Evangelio

Di: Jesús Rodrigo Rodrigo
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A proposito di questo titolo

Podcast semanal donde se ofrece una reflexión al Evangelio de los Domingos y fiestas principales del calendario litúrgico.© 2026 Jesús Rodrigo Rodrigo Spiritualità
  • II Domingo T.O: Señalar al Cordero de Dios.
    Jan 15 2026
    Hoy hemos escuchado a Juan que, al ver a Jesús, dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). ¿Qué debieron pensar aquellas gentes? Y, ¿qué entendemos nosotros? En la celebración de la Eucaristía todos rezamos: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros / danos la paz». Y el sacerdote invita a los fieles a la Comunión diciendo: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo...». No dudemos de que, cuando Juan dijo «he ahí el Cordero de Dios», todos entendieron qué quería decir, ya que el “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas. Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero. Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia. San Pedro dirá: «Habéis sido rescatados (...) con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo» (1Pe 1,18.19). Y san Juan, en el Apocalipsis, emplea hasta treinta veces el término “cordero” para designar a Jesucristo. Cristo es el cordero que quita el pecado del mundo, que ha sido inmolado para darnos la gracia. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado, aborrezcámoslo. La belleza del alma en gracia es tan grande que ningún tesoro se le puede comparar. Nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados. Por eso, en el “Gloria” de la Misa se habla de la paz que es propia de los hombres que ama el Señor, de los que están en gracia. San Juan Pablo II, urgiéndonos a vivir en la gracia que el Cordero nos ha ganado, nos dice: «Comprometeos a vivir en gracia. Jesús ha nacido en Belén precisamente para eso (...). vivir en gracia es la dignidad suprema, es la alegría inefable, es garantía de paz, es un ideal maravilloso».
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    16 min
  • Bautismo del Señor: El Hijo Amado.
    Jan 8 2026
    Hoy contemplamos al Mesías —el Ungido— en el Jordán «para ser bautizado» (Mt 3,13) por Juan. Y vemos a Jesucristo como señalado por la presencia en forma visible del Espíritu Santo y, en forma audible, del Padre, el cual declara de Jesús: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). He aquí un motivo maravilloso y, a la vez, motivador para vivir una vida: ser sujeto y objeto de la complacencia del Padre celestial. ¡Complacer al Padre! De alguna manera ya lo pedimos en la oración colecta de la misa de hoy: «Dios todopoderoso y eterno (...), concede a tus hijos adoptivos, nacidos del agua y del Espíritu Santo, llevar siempre una vida que te sea grata». Dios, que es Padre infinitamente bueno, siempre nos “quiere bien”. Pero, ¿ya se lo permitimos?; ¿somos dignos de esta benevolencia divina?; ¿correspondemos a esta benevolencia? Para ser dignos de la benevolencia y complacencia divina, Cristo ha otorgado a las aguas fuerza regeneradora y purificadora, de tal manera que cuando somos bautizados empezamos a ser verdaderamente hijos de Dios. «Quizá habrá alguien que pregunte: ‘¿Por qué quiso bautizarse, si era santo?’. ¡Escúchame! Cristo se bautiza no para que las aguas lo santifiquen, sino para santificarlas Él» (San Máximo de Turín). Todo esto —inmerecidamente— nos sitúa como en un plano de connaturalidad con la divinidad. Pero no nos basta a nosotros con esta primera regeneración: necesitamos revivir de alguna manera el Bautismo por medio de una especie de continuo “segundo bautismo”, que es la conversión. Paralelamente al primer Misterio de la Luz del Rosario —el Bautismo del Señor en el Jordán— nos conviene contemplar el ejemplo de María en el cuarto de los Misterios de Gozo: la Purificación. Ella, Inmaculada, virgen pura, no tiene inconveniente en someterse al proceso de purificación. Nosotros le imploramos la sencillez, la sinceridad y la humildad que nos permitirán vivir de manera constante nuestra purificación a modo de “segundo bautismo”.
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    13 min
  • Epifanía del Señor: El REGALO del Padre.
    Jan 4 2026
    Hoy vemos en tres “misteriosos gentiles” lo que no vio la inquieta Jerusalén: la manifestación del amor misericordioso de Dios por toda la humanidad. Hoy, la cultura, la astronomía y los dones persas acaparan la mayor parte de nuestra atención; pero Benedicto XVI también señala un enigma: en la narración de la llegada real de los Magos en Mateo (cf. Mt 2,11), la mención de José está “sorprendentemente ausente”. El Papa admitía: «Todavía no he encontrado una explicación completamente convincente». Sin embargo, ¿por qué la sorpresa? José necesitaba mantener a su familia en Belén, durante los meses previos a la llegada de los Magos. Lejos del taller de Nazaret, José viajó a donde se encontraban las obras: cercas y corrales dañados, o nuevas construcciones. No era extraño que José estuviera en otro lugar cuando llegaron los Magos; incluso es posible que nunca los conociera. El trabajo de san José es tan crucial para la narración de la infancia de Jesús como su presencia en casa con María y el Niño. El Papa León XIV lo señaló, refiriéndose al herrero, los posaderos, las lavanderas, etc., en la escena del pesebre del Vaticano: «Parecen ajenos al acontecimiento central, pero no es así: en realidad, cada uno participa tal como es, permaneciendo en su lugar y haciendo lo que tiene que hacer, su trabajo (…). Esto también puede ser cierto para nosotros en nuestras jornadas laborables: cada uno lleva a cabo su tarea, y alabamos a Dios precisamente realizándola bien, con compromiso». Decidámonos este año a ofrecerle al Niño Jesús el don de nuestro trabajo. Agradezcamos el sacrificio de quienes, por su trabajo, deben dejar a sus familias para servirnos en días festivos. Y, si José falta en un pesebre, sepamos dónde encontrarlo: entre los jornaleros modernos que se congregan en los lugares de siempre con la incierta misión de obtener el pan de cada día para sus familias. Esperan nuestro aprecio y compasión, no el miedo de Jerusalén ni la virulencia de Herodes.
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    15 min
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