Afianzar el despertar
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Iniciamos una nueva reflexión soltando todo para prestar atención directamente a ese ser que ya hemos identificado en nuestro interior, en un lugar fuera del espacio y del tiempo, gracias a la destreza adquirida y al nuevo hábito adquirido.
Como esos monjes que se retiran de lo humano para dedicarle toda la atención a lo que el interior les pueda transmitir.
Al hacer esto, siguen siendo ellos mismos; ni necesitan de ninguna condición humana, ni de ningún conocimiento precedente. Saben que la respuesta a todo ha de estar en lo único que son invariablemente.
Somos eso antes de cualquier suceso pasado y lo seguiremos siendo después de toda la experiencia humana.
Si nos enfocamos completamente en esa realidad, podremos soltarlo todo, ya que no necesitaremos prestar atención a ningún pensamiento en nuestra mente.
Todas las sensaciones físicas, que proceden de nuestras células, también se pueden enfocar en ese interior que, sin duda, nos sostiene y ha de ser real.
Una vez enfocados de ese modo, podemos llevar esa sensación de ser a todas las dimensiones que nos rodean. Se trata de una forma diferente de percibir el entorno en el que habitamos, como desde dentro.
Especialmente a esa vida humana que estamos transitando, en la que podemos observar que todos los eventos van llegando y se van marchando.
Podemos hacerlo incluso si queremos escapar de la vida humana, si es que esta nos ha llevado al límite de nuestro aguante.
Esta forma de contemplar la vida humana nos permite separarnos realmente, ya que veremos con claridad que no somos lo que nos ocurre en ella, ni los sucesos, ni los juicios, ni nuestra realidad corporal, siendo todo ello como una experiencia en la que uno entra y se va, como una atracción de feria.
Quizás no sepamos nada, ni el porqué estamos aquí, ni qué sentido tiene participar en algo que no somos y pasa. Quizás sigamos ignorando todo, pero ya habremos reconocido que somos una realidad interior inmersa en una realidad humana.
Vamos a unificarnos en la única intención de hacernos presentes en la vida humana, puesto que en ella estamos.
No se trata de conseguir nada que tenga que ver con lo humano. No se trata de tener ningún beneficio del tipo que sea que pueda incorporarse a nuestra idea de yo. Ni con lo que pasa o deseo que pase.
Realmente nos costará mucho trabajo y atención no darle un interés humano a lo que hacemos, aun cuando creamos que lo hacemos.
Se requiere una completa desnudez de todo, una entrega completa al ser real interior que se percibe en el silencio.
Lo único que puede permitirnos enlazar con la Verdad es soltar todas las adherencias adquiridas de forma natural y previsible desde que aparecimos como seres humanos.
No puede haber ningún resquicio donde nos guardemos nada para interés de nuestra idea de yo humano.
Podría parecer al lector, y a mí mismo, que estas palabras tienen un objetivo humano con respecto a la identidad que estoy desplegando al escribir estos textos.
Sin duda podría parecerlo.
Sin embargo, en el momento de hacerlo, únicamente doy salida a lo que mi interior me deja percibir desde la sensación interior de ser real y verdad.
Esto se consigue porque el fluir es completo, hacia esa realidad que se percibe desde el interior que nos rodea, unas veces en medio de seres humanos, otras veces en medio de la naturaleza, debajo del agua o en cualquier lugar.
Siempre hay un interior real, inmanifestado, que está rodeado de una realidad manifestada, independientemente de la forma en que lo haga. Puede ser en el plano físico, emocional y en todos ellos.
Si nuestra entrega no fuese completa, nos guardaríamos algo para uno mismo que forma parte de lo manifestado. Quizás esa duda o ese juicio sobre lo que hacemos y lo que otros pudieran pensar.
Entonces, es el momento de utilizar ese resquicio para afianzarnos en la fe, de que no queremos nada, para volver al centro donde todo se ha de soltar.
continúa,...