Stephanie Vaquer (Parte 2 — El momento actual)
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━━━ Transcripción ━━━
Buenas noches, les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de al bien que ha pasado 4 décadas escuchando. Esto es Flash Biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Stefani Baker. Este, hay momentos en que el deporte se vuelve historia cultural. Esta semana, en Orlando, Florida, una mujer de 31 años, con el pelo teñido demorado, subió al ring de NXT, la división de desarrollo de WWE, y se convirtió en la primera luchadora chilena en firmar con la empresa de entretenimiento deportivo más grande del mundo. Stefany Baker, Izquierdo. El apellido catalán trasplantado a Santiago, esa ciudad que se extiende contra la cordillera como una mancha de tinta su papel arrugado. Masseó el 22 de enero de 1093, cuando Chile todavía estaba aprendiendo a respirar después de Pinochet. Su debut esta semana no fue solo una entrada más, fue una declaración. Apareció sin previo aviso delante una pelea entre Julia y Roxane Pérez, las 2 campeonas de NXT, y las atacó a ambas. El púbico, esos 1000 que llenan las arenas cada martes, no la conocía, pero en cuestión de segundos, entendieron que estaban viendo algo distinto. Hay que entender de dónde viene Baker para comprender el peso de este momento. No es una atleta formada en los gimnasios subvenanos de Estados Unidos, esas fábricas de sueños americanos, donde las 1000 rubias aprenden a doblar desde los 8 años. No, Baker empezó en Chile, en los rehenes improvisados de Van Paraíso, en los rehenes improvisados de Valparaíso y Santiago, donde la lucha libre es todavía un deporte marginal, casi clandestino, casi clandestino. Me acuerdo de una conversación que tuve con el escritor Perro Lenvelle en 2005. Hablábamos de los márgenes culturales chilenos, de esos espacios donde la performance se vuelve resistencia. La lucha libre chilena vive en esos márgenes. De Chile saltó a México, y aquí hay que detenerse, porque México no es cualquier escala para un luchador, es la catedral. Y Consejo Mundial de Lucha Libre, fundado en 1933, es más antiguo que la mayoría de las instituciones culturales del continente. Baker llegó ahí en 2019, una extranjera en el país donde ser luchador es ser parte de una tradición que incluía el santo, a Blue Guemon, a esos enmascarados que son más mito que hombre. En México aprendió lo que los gringos llaman lucha libre style, esa mezcla de acrobacia, teatro y violencia controlada que es distinta al wresting estadounidense como el tango es distinto al fox trot. Son danzas hermanas, pero cada una responde a su propia gramática cultural. Fue en el CMLL donde Baker se volvió Baker, de no el Campeonato Mundial Femenil, el Campeonato Mundial de Parejas, pero lo más importante, aprendió a contar historias con el cuerpo, porque eso es la lucha libre en su esencia, narrativa corporal, dramaturgia de músculos y máscaras. Luego vino Japón, Nuijapán ProResting, la empresa que desde los años 70 ha sido el puente entre Oriente y Occidente en este extraño arte que querías cuenta entre Oriente en este extraño arte. Baker llegó allí este mismo año, 2024, y en cuestión de meses ya era campeona de NGP dot dot dot dot dot. Y ahora, esta semana, Duke U dot dot ibé, el imperio de Stanford Connect Met, la empresa que convirtió la lucha libre en un negocio de 1000000000 de dólares. Para entender la magnitud, es como si un escritor de crónicas publicara un pequeñas editoriales latinoamericanas, de pronto firmara con Random House. Pero hay algo más profundo aquí. Baker es la primera chilena, sí, pero es también parte llena, sí, pero es también parte de una ola. En los últimos 5 años, WWDBE ha abierto sus puertas a talentos latinos como nunca antes. Rey Misterio ya no está solo. Están Santos Escobar, Selina Vega, Dragon Lee, Cruz del Toro. Es un cambio tectónico en una industria que durante décadas fue predominantemente anglosajona. Deck folk, tonto. Me viene a la memoria algo que me dijo Carlos Monsiváis en una sobremesa interminable en Coyoacán, allá por 2008, hablábamos de la cultura popular y su capacidad de infiltración. La cultura popular, me dijo, con esa voz pausada que tenía, entra por donde menos se espera, y cuando entra, cambia las reglas del juego en un…
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