Michelle Salas: la hija de Luis Miguel que conquistó la moda (Parte 2)
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━━━ Transcripción ━━━
Buenas noches. Les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial. Pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Esto es Flash Biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Michelle Salas. Esta semana, Michelle Salas anunció su documental para Netflix, no sobre su padre, no sobre el apellido que no lleva, sino sobre ella misma. 35 años después de nacer en las páginas de la prensa rosa mexicana, la hija de Luis Miguel y Stephanie Salas finalmente toma el micrófono. El anuncio llegó el martes, una serie documental, producción propia, donde por primera vez, Michelle Salas contará su versión. No la versión de Luis Miguel, la serie, donde apareció como personaje sin su consentimiento, no la versión de las revistas que la persiguen desde que tenía 11 años, su versión. Pero para entender por qué este momento importa, hay que volver al principio. Junio de 1989, Ciudad de México. Stefany Salas, actriz, cantante, sobrina de Silvia Pinal, parte de esa dinastía Pinal que es como los Kennedy mexicanos, pero con más telenovelas, da a luz a una niña. El padre, ausente. El nombre del padre, un secreto a dosis que todos conocían, pero nadie confirmaba. No era teatrico, significó. Eso carro carro. Michelle presionó en ese extraño limbo de los hijos no reconocidos de las celebridades latinoamericanas. Hay una fotografía de ella, a los 7 años, en una fiesta de cumpleaños en Las Lomas. La mirada, esa mirada ya sabía, Los niños siempre saben cuando los adultos mienten. Me acuerdo de una tarde en 2005, intravisté a Silvia Pinal en su casa de Jardines del Pedregal. No hablamos de Michelle, ey Jardines del Pedregal. No hablamos de Michelle, era todavía el gran tabú familiar, pero Pinal mencionó algo sobre los secretos que pesan más que las verdades. Ahora entiendo que hablaba de su bisnieta. El reconocimiento público llegó tarde cuando Michelle ya tenía 18 años. Luis Miguel, el sol de México, el hombre que podía llenar estadios, pero no podía decir, esta es mi hija. Durante casi 2 décadas, finalmente admitió la paternidad, pero admitir no es abrazar, reconocer no es criar. Michelle tomó otro camino, se fue a Nueva York, estudió moda en Parsons, trabajó con Doche en Gabbana, construyó una carrera como modelo e influencer, palabras que suenan frívolas, hasta que entiendes que era su manera de existir sin el apellido gallego Basteri. En Instagram tiene 2000000 y medio de seguidores que la sirven por ella, lo por la sombra paterna. Hay un momento revelador en 2000 veintiuno. Netflix estrena el seriso de Luis Miguel, Michelle aparece como personaje, nadie le preguntó, nadie le avisó. De pronto, su historia más íntima era abandono, la búsqueda, los intentos de acercamiento, convertido en entretenimiento dominical. Publicó Itouses una carta que empezaba, yo no pediré ser en esta historia. La carta continuaba, y aquí está lo importante, y aquí está lo importante, pero es mi historia también, esa conjunción adversativa, ese pero, conteniátero, el requiamo y la reivindicación, la herida y la reirindicación, la herida y la decisión de sanar en público. Esta semana, con el anuncio del documental, Michee Salas completa ese giro. Ya no es la hija no reconocida ni la modelo que haré de preguntas sobre su padre ni el personaje secundario en el melodrama de otro, es la nadadora de su propia vida, que contará. Los comunicados hablan de su verdad, su viaje, su perspectiva, palabras de publicista que no dicen nada, Pero yo pienso en esa anilla de la fotografía en Los Lomas, la que ya sabía, y me preguntó qué le diría, y me preguntó te le dirá, y me preguntó qué le dirá a la cámara. Porque hay una historia aquí que va más allá del chisme dinástico. Es la historia de toda una generación de hijos latinoamericanos criados entre el privilegio y el abandono, entre los flashes y el silencio. Mechol Salas es símbolo involuntorio de todos ellos. El documentado se filmará entre Ciudad de México, Madrid y Miami, las 3 ciudades donde ha intentado construir hogar. Netflix, que convirtió su dolor en rating sin pedirle permiso. Ahora le paga por contar su versión. Hay una justicia poética en eso, supongo. Lo que está del ojo de este anuncio es…
This content was created in partnership and with the help of Artificial Intelligence AI
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